9.10.20

Ayuso tiene un plan... la guerra contra los que salíamos a aplaudir a los sanitarios desde los balcones... La solidaridad en sus diferentes facetas está en su punto de mira... sus medidas son las del odio que criminalizan a los sectores populares en las zonas donde la solidaridad brotó de forma más evidente durante la primera ola

 "Si hay obras que son eternas es porque tratan cuestiones eternas. Este domingo la casualidad quiso que, de camino al Teatro del Barrio a ver la obra de Bertolt Brecht La excepción y la regla, leyese las últimas declaraciones polémicas que Isabel Díaz Ayuso había hecho en una entrevista del ABC. (...)

“El hombre débil se queda atrás y el fuerte llega primero”, canta el personaje del comerciante en alguna de las escenas.

Tontos son los que dicen tonterías

Decía al principio que la casualidad hizo coincidir que viese esta obra con las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso. Recordemos:

"No se trata de confinar al 100% de los ciudadanos para que el 1% contagiado se cure, se trata de detectar al 1% que va contagiando y que el 99% salga a la calle a buscarse de vida".

Sus palabras, que no suelen dejar indiferente a nadie, en esta ocasión son cuanto menos inquietantes. En resumidas cuentas, afirmó la necesidad de sacrificar a ese 1% de la población por el buen discurrir de la economía, es decir, cerca de 67.000 personas, y por la economía de quien ya sabemos. Bien vale la vida de un porteador un suculento negocio. Y ya puestos, que mismo da 1 que 67.000, mientras sean porteadores.

Sinceramente, no creo que sea ni tonta, ni inútil, ni una incompetente. Básicamente porque esto rebajaría sus actos o sus palabras a tonterías. Creo que pensar a estas alturas que Isabel Díaz Ayuso no tiene un plan es caer en una trampa peligrosa donde mucha gente se juega su salud, su trabajo, sus derechos e incluso su vida. Pero para vislumbrar el plan, es necesario poner sobre la mesa quienes están en la diana de sus políticas y sus mensajes. (...)

Nos encontramos en una auténtica guerra contra los pobres, contra los sectores populares. Una guerra por imponer en nuestro país el modelo económico de Friedman, que atenta directamente contra ámbitos clave para el Estado de Bienestar como son los servicios públicos o los derechos laborales. (...)

¿Recuerdan aquellos días en los que salíamos a aplaudir a las y los sanitarios, a defender con ese sencillo acto la sanidad pública? Fue la primera reacción como sociedad que tuvimos ante la pandemia. Un acto esperanzador y cargado de tintes solidarios, no solo por el acto en si, sino también porque puso la semilla de acciones como las redes de cuidado vecinales, las despensas de alimentos, las iniciativas para coser mascarillas... Y porque además defendía la solidaridad en su vertiente institucional, el modelo de servicios públicos.

No fueron pocos los ataques que recibió un símbolo que había unido a millones de personas. Ataques para intentar sustituir esas reacciones por odio, crispación y fascismo de móvil y balcón. De esto los medios corporativos tienen mucha culpa, por amplificar los mensajes, o directamente generarlos. La solidaridad en sus diferentes facetas está en el punto de mira. La división, el individualismo, el odio son una estrategia para acabar con ella y profundizar en las políticas neoliberales que desde hace años vienen socavando nuestra democracia. Ese es el plan de Ayuso. El de la FAES. Y el de Vox.

¿Para quiénes son los medidas contra la Covid19 del Gobierno de la Comunidad de Madrid? Que el confinamiento selectivo de los barrios y municipios del sur de Madrid ha ahondado en la división ricos-pobres lo ha denunciado hasta el New York Times. Pero va más allá. Son medidas de odio que criminalizan a los sectores populares en las zonas donde la solidaridad brotó de forma más evidente durante la primera ola. 

 Las redes de cuidado vecinal han sostenido a miles de familias que sufrieron el abandono institucional, incluso atendían a gente derivada de unos servicios sociales cada vez más depauperados. Redes que por cierto siguen con su labor a día de hoy, con muchas dificultades, cuando no trabas, como por ejemplo el caso de la Plataforma La Cuba de Lavapiés, que tuvo que cerrar la despensa que atendía a cientos de personas en el barrio por la negativa del Ayuntamiento de Madrid de ceder un local.

Es la criminalización y la culpa, que calan hasta los huesos en nuestra sociedad de encorsetada educación católica. Es esa guerra contra los sectores populares. Contra quien tiene que desplazarse cada mañana en Metro para ir a trabajar, contra las familias que viven en pisos de 30 o 40 metros cuadrados, quizás al borde del desahucio o desahuciados. Contra trabajadores precarios, migrantes o la falsa alarma social sobre la ocupación, que merece capítulo aparte. Darwinismo social. “El hombre débil se queda atrás y el fuerte llega primero”. Ya lo dijo Ignacio Aguado, en la 'libertad' que tenemos de elegir, si no eres vacuna, eres virus.  (...)

Ayuso tiene un modelo, un plan. Que el abuso siga siendo la regla. Tenemos que hallar remedios, y uno de los urgentes pasa por no dejar que la solidaridad, en todas sus facetas, se convierta en excepción. En el ataque contra los sectores populares, más que nunca la solidaridad es la ternura de los pueblos."                     (Patricia García Herrero, Cuarto Poder, 08/10/20)

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