14.12.20

Los republicanos tienen una extraña guerra civil. Por un lado, tenemos a los los trumpistas convencidos, pidiendo a gritos poco menos que un golpe, exigiendo a las autoridades de sus estados que cambien el resultado de las elecciones... Por otro, tenemos a los cargos electos del partido en Georgia, Arizona, Wisconsin, Michigan y Pensilvania cumpliendo la ley, repitiendo que no hubo fraude y pidiendo a sus compañeros de partido que ya basta de amenazas de muerte y manifestaciones delante de sus casas

"(...)  Trump sigue ahí, en la presidencia, y el partido le sigue riendo las gracias. Este fin de semana el WaPo publicaba un sondeo en el que preguntó a los 249 cargos electos del partido republicano en el congreso quién había ganado las elecciones presidenciales. 26 respondieron Joe Biden, dos (Mo Brooks, de Alabama, y Paul Gosar, de Georgia) dijeron Donald Trump. 221 se negaron a contestar.

No importa que todos los tribunales del país hayan enviado a pastar a los abogados del presidente, incluyendo el mismo tribunal supremo. No importa que Rudy Giuliani (el hombre más estúpido de América) no haya sido capaz de presentar ni una sola prueba ni testigo creíble, montando auténticos circos de flipados allá donde va. No importa que Trump esté pidiendo en voz alta que múltiples estados tiren los votos de millones de personas a la basura y le proclamen ganador. No importa que este patán naranja narcisista e inútil tenga una pandemia completamente fuera de control en sus manos y lo único que sea capaz de hacer en una rueda de prensa sobre vacunas sea lloriquear sobre cómo le han robado las elecciones.

Da igual. A Trump no se le contradice. Se le da la razón. 

Una extraña guerra civil

Los republicanos ahora tienen en sus manos una extraña guerra civil. Por un lado, tenemos a los activistas, los agitadores, los trumpistas convencidos, encabezados por el propio presidente, pidiendo a gritos poco menos que un golpe, exigiendo a las autoridades de sus estados que cambien el resultado de las elecciones, acusándoles de ser cómplices del fraude. 

Por otro, tenemos a los cargos electos del partido en Georgia, Arizona, Wisconsin, Michigan y Pensilvania cumpliendo la ley, repitiendo una y otra vez que no hubo fraude y pidiendo a sus compañeros de partido que ya basta con las amenazas de muerte, manifestaciones delante de sus casas y las demandas de que aniquilen la democracia del país.

Lo más divertido, por supuesto, es que los trumpistas te dirán que el éxito de esas candidatas republicanas en el congreso se debe a que Trump ha ampliado el electorado. Ha sido la movilización electoral sin precedente que ha traído millones de personas nuevas al partido la que ha conseguido estas victorias (ignorad el detalle de que Trump ha perdido). El partido está a la vez adaptándose al inevitable cambio demográfico que les ha hecho perder el voto popular en siete de las últimas ocho presidenciales y aullando a la luna fantasías conspiranoicas de un cretino reaccionario.

Los partidos americanos nunca han sido demasiado coherentes. Creo que de las divisiones internas del partido republicano vamos a hablar, y mucho, durante los próximos meses y años.(...)"        
      (Roger Senserrich , blog, 09/12/20)

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