"Como era de esperar, tras la relajación y la permisividad de la temporada navideña, España ha entrado de lleno en una espiral ascendente en cuanto al número de casos de COVID-19 en la mayor parte del territorio. Si bien España no alcanza todavía, por fortuna, las desorbitadas cifras de incidencia del Reino Unido o de la Republica Checa, sí está en una situación de alerta alta y extrema en casi todas las CCAA, lo que obliga a enfrentar sin miramientos la situación y a actuar con la determinación necesaria para evitar un enorme traspiés epidemiológico y el consiguiente colapso asistencial.
Además, y salvo excepciones (Asturias, Galicia), la campaña de vacunación ha arrancado con una lentitud e ineficiencia que no son de recibo, y, si no se acelera el ritmo y se hacen las cosas más en serio, no se logrará llegar a una cobertura de vacunación del 70 por ciento de la población al final del verano.(...)
Detengámonos un poco en el análisis que nos lleva a hacer estos planteamientos y en las razones por las que, una vez más, creemos que hay que anticiparse a los hechos y no solo ir por detrás de la curva de contagios de un modo reactivo y tardío.
La situación epidemiológica que enfrentamos es muy seria
Para valorar de forma adecuada la evolución de la pandemia en España no basta con prestar atención a la incidencia acumulada de 14 días y al número creciente de contagios diarios, ya de por si preocupantes.
Hay que analizar también las tendencias y tomar en cuenta la batería de indicadores sobre el nivel de transmisión y sobre la utilización de servicios asistenciales por pacientes con COVID-19 que fueron definidos por el Consejo Interterritorial al acordar un semáforo con cuatro niveles de alerta que se definen poniendo en conjunto todos esos indicadores.
El “Informe de Indicadores Básicos de Seguimiento de COVID-19” publicado por el Ministerio de sanidad el 7 de enero, muestra este conjunto de parámetros y ofrece mapas sumamente reveladores sobre la situación en cada Comunidad Autónoma e, incluso, en cada provincia.
Este Informe muestra que la situación es francamente mala y va a peor. En estos momentos todas las CCAA menos dos (Asturias y Canarias) están en un nivel extremo o alto de incidencia acumulada en los 14 días previos. (...)Y esto ocurre cuando todavía los datos no reflejan los efectos de la Nochevieja en la transmisión de la enfermedad por lo que se puede esperar que la presión asistencial aumente en las próximas semanas y que esto lleve a situaciones de verdadero colapso de la asistencia hospitalaria en muchos casos. A ello se agrega naturalmente la sobresaturación de la Atención Primaria que tiene que atender un aluvión cada vez mayor de pacientes COVID-19 y sus contactos estrechos, además de sus actividades asistenciales habituales y que, ahora, tendrá que ocuparse crecientemente de la vacunación de los distintos grupos prioritarios.
Por tanto, resulta imperioso doblegar cuanto antes esta tendencia creciente de los casos y de la presión asistencial para evitar dificultades al proceso de vacunación, además, por supuesto, de evitar en todo lo posible las actuales e inaceptables cifras elevadas de casos nuevos y de fallecimientos diarios.
¿Qué se necesita hacer para doblegar la curva?
La respuesta es hasta cierto punto simple: tomar las medidas que realmente funcionan para inducir un descenso abrupto en la pendiente de la curva epidémica y para ralentizar y mitigar la presión asistencial.
Así, por un lado, hay que proseguir sin bajar la guardia, con las acciones de diagnóstico precoz, realización de pruebas diagnósticas en número apropiado, rastreo exhaustivo de contactos y asilamiento de positivos asintomáticos. Por otra parte, hay que interrumpir las interacciones gregarias y limitar la movilidad, pero no de una manera simplemente a declarativa o testimonial sino de forma inequívoca y contundente.
Esto pasa indefectiblemente por modificar el estado de alarma para permitir confinamientos domiciliarios donde sea preciso, para ampliar los horarios de los toques de queda en donde esto siga teniendo vigencia, y para restringir la movilidad con mayor intensidad de lo que se ha hecho hasta ahora. Ante situaciones de altísima incidencia y transmisión comunitaria acompañadas de fuerte presión asistencial, hay que ir más allá de la contención reforzada y optar por una estrategia de mitigación pues esto será lo único que funcionará para atajar la transmisión y doblegar de verdad la curva epidémica.
El Reino Unido se ha visto en la necesidad de volver a confinar de manera drástica ante la debacle que experimenta su sistema sanitario a consecuencia del alto número de contagios que se han producido y de casos severos que requieren hospitalización. Francia ha extendido el toque de queda y ha implantado un horario que va de las 18 horas a las 06 horas. Portugal ha optado también por el confinamiento, y tanto Irlanda como Israel han mostrado claramente que el confinamiento corto pero firme ha sido determinante para reducir considerablemente la incidencia de COVID-19.
En varios momentos durante la evolución de la pandemia hemos señalado la pertinencia y necesidad de confinamientos cortos, pero más estrictos, cuando la incidencia lo ha requerido. Lamentablemente y, a pesar de haberlo solicitado algunos presidentes autonómicos, esas medidas no se tomaron en su momento y hoy vemos los resultados.
Ahora, dada la magnitud de los problemas que se avecinan con la tercera ola, el potencial impacto de la variante británica y la necesidad de priorizar la aplicación de las vacunas en las mejores condiciones, consideramos que hay que cambiar las actuales condiciones del estado de alarma para permitir que los gobiernos autonómicos que lo consideren necesario porque la situación epidemiológica lo requiera, puedan aplicar confinamientos domiciliarios generalizados o confinamientos quirúrgicos bien dirigidos y justificados. (...)
En realidad, la situación actual, con el virus creciendo en toda España requeriría un confinamiento corto en todo el territorio, de quince días a un mes, dependiendo de la situación, manteniendo en funcionamiento únicamente las actividades esenciales y, tal vez los colegios. (...)
La injustificable ineficiencia en el arranque de la vacunación
En cuanto a la vacunación, la opinión generalizada entre los profesionales y la ciudadanía coincide en considerar que no es de recibo la lentitud con la que ha arrancado el proceso. Al ritmo de los primeros diez días no se alcanzaría la cobertura necesaria para la inmunidad de grupo ni siquiera a finales del 2021. Los bajos porcentajes de aplicación de las dosis disponibles en una buena parte de las CCAA son reveladoras de que ha habido ineficiencia y en muchos casos una gestión incompetente. (...)Es momento de que las autoridades sanitarias del Gobierno Central y de las Comunidades Autónomas cierren filas. Hay que frenar la tercera ola y vacunar al ritmo necesario. Basta ya de tacticismos ridículos y polarizaciones estériles. Las fuerzas políticas deben tener una visión de Estado y un alto sentido de responsabilidad para no sabotear una modificación a todas luces necesaria del actual estado de alarma y posibilitar de ese modo medidas más firmes, incluyendo autorizar a las Comunidades Autónomas a decretar confinamientos domiciliarios (generales o selectivos), en sus territorios, ya que lo que importa es la salud de la población."
(Los expertos en Salud Pública José Martínez Olmos, Daniel López-Acuña y Alberto Infante Campos , eldiario.es, 10/01/21)
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