18.1.21

Madrid: nieve e incompetencia... siguen sin emplearse, a día de hoy, todos los medios que posee la Comunidad de Madrid. Los bomberos forestales tienen 20 camiones parados y 200 efectivos en casa... Las brigadas de salvamento de catástrofes naturales , en casa y sin instrucciones. La gente reactivó las redes surgidas ya en la crisis de 2008 pero, sobre todo, en el confinamiento de la primavera pasada. Grupos para realizar compras para los más mayores, para conseguir agua tras los masivos reventones de cañerías y para limpiar y posibilitar que los peatones pudieran salir de casa. La ciudadanía volvió a ser la única salvación... la izquierda debería mirar a esa población que ha tomado centenares de decisiones y se ha organizado; debería tenerla en cuenta como la base que hay que empoderar para conseguir un mejor futuro

 "Llegó la tormenta Filomena a Madrid, la comunidad más desigual del reino y un paraíso neoliberal. (...)

Filomena llegó a Madrid, a sus colas del hambre, a su pobreza energética y a su 20% de la población en riesgo de pobreza. El mayor temporal de nieve en décadas sacó todas sus vergüenzas a flote.

La nevada enterró calles, impidió durante días acceder a los hospitales, la circulación de las ambulancias o el funcionamiento de los centros de salud; detuvo trenes y aviones, dejó gente literalmente tirada en sus coches o en sus centros de trabajo, cortó suministros de luz, agua, gas butano o gasoil en decenas de miles de hogares; vació los lineales de los supermercados, mientras las calles rebosaban de bolsas de basura sin recoger.

Ha sido la mayor nevada en medio siglo y en esa realidad se refugian las diversas Administraciones para justificar su incompetencia. Ocultan que la ciencia avisó, y predijo su paso con más de siete días de antelación. Esconden que les dio exactamente igual. Ocurrió con este temporal como sucede con el personal sanitario que reclama medios contra la Covid o las peticiones de la comunidad educativa y las de los vecinos de la Cañada Real Galiana: no representan prioridades.

 Para las autoridades de la Comunidad y tras ella, para muchísimos de los 179 ayuntamientos que componen la región (poco importa su color político), había que “salvar la navidad”, las cabalgatas de reyes y las compras en medio de una ola de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos que crecía con fuerza.

 Hasta 48 horas después de la nevada que lo paralizó todo, no se vio aparecer a la presidenta autonómica, Díaz Ayuso, del PP y jefa de un gobierno de coalición con C’s gracias a los votos de Vox. En ese momento, comenzó un braceo desesperado para intentar que se notara lo menos posible que nadie había preparado nada ante la situación que se venía encima.

Ocho días después, mientras en los hospitales las lesiones traumatológicas por caídas debidas a las calles heladas compiten con los diagnósticos disparados de Covid, el hielo sigue siendo el protagonista de buena parte de los barrios de la capital y de una nada despreciable porción de las ciudades, insistimos, de la Comunidad más rica del reino.

En medio de la “nevada del siglo” el primer tuit de la presidenta de la Comunidad Díaz Ayuso fue para el Corte Inglés, no para sus conciudadanos.  (...)

La gente reactivó las redes surgidas ya en la crisis de 2008 pero, sobre todo, en el confinamiento de la primavera pasada. Grupos para realizar compras para los más mayores, para conseguir agua tras los masivos reventones de cañerías y para limpiar y posibilitar que los peatones pudieran salir de casa. La ciudadanía volvió a ser la única salvación. 

 La Federación de Asociaciones de Vecinos, las redes de apoyo mutuo, las organizaciones de madres y padres de la enseñanza, todo ese mundo asociativo que tanto odian Vox y el resto de la derecha. Los de las “subvenciones”, como los denominan, demostraron, una vez más, la enorme utilidad y capilaridad de un tejido fundamental para defender los más elementales derechos y para proteger a la población.  (...)

Para combatir la nevada siguen sin emplearse, a día de hoy, todos los medios que posee la Comunidad de Madrid. Los bomberos forestales tienen 20 camiones parados y 200 efectivos en casa. Las brigadas de viabilidad invernal de la Consejería de Transportes están en la misma situación. Los conductores de las quitanieves y sus ayudantes igualmente están en casa y las máquinas, en sus bases de la sierra madrileña. Las brigadas de salvamento de catástrofes naturales de la Consejería de Vivienda, que se utilizan para ayudar en tsunamis y terremotos en el extranjero, también permanecen en sus respectivos domicilios. Nadie les ha dado instrucciones para salir a la calle y ponerse a trabajar.

Frente a ello, la propaganda es lo único que no ceja un segundo en medio del caos neoliberal. (...)

La nieve que nos ha enterrado fue tanta que, como la acción vecinal demuestra, no hay gobierno ni régimen que pueda salir de ella sin la población apoyando. La izquierda no debería refugiarse en la fuerza del fenómeno meteorológico para buscar justificaciones a la inoperancia del marco monárquico y la suya propia. Debería mirar a esa población que ha tomado centenares de decisiones y se ha organizado; debería tenerla en cuenta como la base que hay que empoderar para conseguir esos derechos que nos garanticen un mejor futuro. El germen de la fuerza se encuentra en el común, en su empuje, en su acción.

Necesitamos más democracia, más unidad y proximidad entre la acción y la decisión. Más atención a la participación, protagonismo para los espacios de decisión popular; más comuna y menos gestión del farragoso, inútil, ortopédico y en crisis Estado de la segunda restauración. La izquierda debe cambiar esa política que todo lo supedita al BOE, hacerla menos dependiente del marco institucional y sus normas, y acercarla más a la vida y necesidades de las personas. 

Ésa es la forma mejor de utilizar las instituciones y combatir el desamparo en el que se siente sumida buena parte de la población. Es la manera de lograr que los esfuerzos positivos, solidarios, fraternales y de apoyo mutuo que de nuevo tomaron vida junto al hielo no se devengan en críticas a toda la política."          (Carlos Girbau, Sin Permiso, 17/01/21)

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