"El dato más significativo de las elecciones catalanas celebradas el 14 de febrero en Catalunya ha sido la enorme abstención. Nunca antes la participación en el proceso electoral había sido tan baja. ¿Por qué? La respuesta más inmediata a esta pregunta por parte de los mayores medios de información del país ha sido que se ha debido a la pandemia, y al temor de la población a salir a la calle y contagiarse de coronavirus.
En principio, esta explicación parecería lógica y razonable. Pero hay un dato que cuestiona que la pandemia haya sido la única causa de esta elevadísima abstención. Y es que ha habido una variación muy marcada en el nivel de abstención según el nivel de renta media de las secciones censales. A menor la renta, mayor ha sido la abstención y su incremento.
En realidad, tal incremento de la abstención ha sido incluso más acentuado en las secciones censales de los barrios populares, con una presencia mayoritaria de la clase trabajadora. Y estos son los barrios que se han visto más afectados por la gran crisis social y económica que ha sufrido Catalunya durante estos últimos años y que ha aparecido con toda su crudeza durante la pandemia.
La pobreza en estos sectores ha alcanzado niveles sin precedentes en el período democrático (casi el 40 % de la población en los barrios populares está en riesgo de pobreza, porcentaje que alcanza más del 50 % para la población por debajo de los 18 años). Y ha sido, precisamente, en estos barrios donde ha habido no solo una mayor abstención, sino también un crecimiento mayor de esta abstención.
La distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran importante y lo que amplios sectores de la población definen como esencial está aumentando
Ello parece indicar que ha habido otras causas para la abstención, además del miedo al contagio por coronavirus, lo que sorprendentemente ha sido silenciado en los fórums mediáticos y políticos del país. Me estoy refiriendo al enorme desapego hacia las instituciones representativas democráticas por parte de la mayoría de la población catalana y muy en particular de las clases populares, fenómeno que se ha generalizado en muchos países a los dos lados del Atlántico Norte y que se da con especial intensidad en España y, en particular, en Catalunya.
En esta parte de España hay una gran distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran que son temas esenciales y ocupan un espacio central en sus debates, y lo que sectores muy amplios de la ciudadanía (y, muy en especial, sus clases populares) consideran importante.
Este distanciamiento ha alcanzado también unos niveles sin precedentes, y ha contribuido a esta elevada abstención. Las encuestas creíbles muestran la dimensión de esta distancia entre lo que la gente normal y corriente considera importante y lo que los establishments político-mediáticos priorizan.
El paro y los problemas cotidianos de carácter social -como la sanidad, la vivienda y las escuelas, entre otros- son los temas prioritarios para las clases populares, mientras que el debate nacional del supuesto conflicto España-Catalunya absorbe la atención de dichos establishments.
Es lógico, por lo tanto, que el deterioro de la situación social de las clases populares que está teniendo lugar durante la pandemia acentúe todavía más esta distancia y esta alienación de la ciudadanía hacia la clase política catalana, y este distanciamiento explica que el dato más llamativo de las últimas elecciones catalanas haya sido el enorme crecimiento de la abstención que no puede explicarse solo debido a la pandemia, dato que casi ha pasado desapercibido en los mayores medios de información.
Los datos muestran, pues claramente que este aumento de la abstención ha sido más acentuado en los barrios obreros que en los barrios de mayor renta. En el barrio más rico de Barcelona, Pedralbes, el porcentaje de población votante pasó del 86% en 2017 al 67,1% en 2021, una disminución de 19 puntos. Como contraste, el barrio con menos renta, Ciutat Meridiana, pasó de un 68,5% en 2017 al 36,5% en 2021, un descenso de 32 puntos.
Puesto que el voto
independentista es mayor en la mitad de la población que tiene una renta
superior a la media, a la vez que vemos que la abstención más acentuada
se produce entre la mitad de renta inferior (donde predomina la mayoría
no independentista), ello explica que con un voto independentista menor
en 2021 que en 2017 se alcanzara el tan famoso y anhelado 51% de la
población votante a favor de la independencia, como justificación para
exigirla ya. (...)" (Vicenç Navarro , Público, 22/01/21)
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