18.3.21

Han perdido el sentido de la decencia quienes no se indignan ante el espectáculo de Murcia: tres personas han sido compradas con cargos a la vista de todos para que renuncien a las siglas con que fueron a elecciones. Basura política que hiede

Antonio Papell @Apapell

 Hoy acierta Arcadi Espada: han perdido el sentido de la decencia quienes no se indignan ante el espectáculo de Murcia: tres personas han sido compradas con cargos a la vista de todos para que renuncien a las siglas con que fueron a elecciones. Basura política que hiede.

5:36 p. m. · 13 mar. 2021
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 "Cuesta recordar un culebrón equivalente. El miércoles 10 de marzo de 2021 quedará en la memoria como el día (uno de los tantos) en que saltó todo por los aires. (...)

El terremoto empezó en las derechas de la Región de Murcia pero sus réplicas sacudieron fuerte Madrid y se sintieron —y sentirán, claro— en toda España. Es la cosecha de una siembra de desconfianza entre el Partido Popular y Ciudadanos, éste último debilitado y recalculando su sitio en el mapa político. Su lucha por la supervivencia desde la renuncia de Albert Rivera los vuelve a poner en el mismo punto de partida: ser la marca blanca del liberalismo para cooperar y así contener a la izquierda. (...)

Para los desprevenidos: PP y Cs sumaron mayoría en Murcia con la colaboración de la ultraderecha. Más allá de algunos desencuentros, no había un grave conflicto entre ellos, por eso el aroma a traición es indisimulable, sin romper el gobierno y mientras permanecía en el Ejecutivo, los naranjas murcianos negociaban con los socialistas (crónicas de la prensa local dicen que desde hacía un mes) para asestar la sorpresa con una moción de censura con los cargos ya distribuidos entre sí.

 Pero Cs no imaginaba la desmesura de Génova. La cúpula del PP respondió al fuego con más leña y llevó la batalla a Madrid, la gran caja de resonancia de la crispación y la lucha política en que se ha convertido la capital del Estado. La presidenta Díaz-Ayuso disolvió la Asamblea y echó a Cs del Ejecutivo regional. (...)

La reacción alfa del PP también fue en Murcia. Conservar el poder, sea como sea. El presidente López Miras, consiguió que tres diputados de Cs hagan transfuguismo y prometan votar en contra de la moción a cambio de una vicepresidencia y dos consejerías. La paradoja: los de Cs se olvidaron de la regeneración y de su paso al centro y pidieron ayuda a tres legisladores expulsados de Vox para salvar la jugada, según informó el periódico murciano La Verdad. Los tres de la ultraderecha pidieron una propuesta por escrito y recordaron que lo del pin parental debe ser parte del acuerdo. El tiempo dirá en qué acaba este bazar de ofertas.

El escándalo recordó no solo al “tamayazo” en Madrid sino la debilidad del Pacto contra el Transfuguismo Político, firmado en 1998 y en el que están adscritos todas las formaciones excepto Vox.(...)

 “¿Que si Cs se acerca al PSOE para divorciarlo de la mayoría de investidura? Claro que sí”, responde a El Salto un diputado de Unidas Podemos, electo por una provincia mediterránea. La opinión orgánica de la formación tras el miércoles intenso fue que todo esto reforzaba a la coalición. Fuera de micrófono hay otros matices.

Según el diputado, el interés de los poderes fácticos en que los naranjas resuciten y sean los nuevos aliados del PSOE “es evidente, pero las matemáticas políticas no les dan. Son los mismos que intentaron boicotear el acuerdo de investidura y tampoco pudieron, porque no hay ninguna mayoría alternativa posible”. Además, recuerda que otros socios estables, como el PNV, son “bastante incompatibles para muchas cosas con Cs” y no podrían dar estabilidad para una legislatura. (...)

El PP madrileño aprendió la lección de la historia, que parecía encaminada a repetirse. En 1989, Agustín Rodríguez Sahagún fue electo alcalde de Madrid gracias a una moción pactada por Alianza Popular y CDS para desalojar al socialista Juan Barranco. El PSM había ganado las elecciones y la derecha, especialmente su líder Manuel Fraga, quería hacerse con la capital y para eso cedió el trono a la tercera fuerza en el distrito, los más moderados que respondían a Adolfo Suárez. El mismo formato se intentó repetir en Murcia y en Puerta del Sol lo vieron venir.

Ayuso plantea entonces unas elecciones que en los hechos son un referéndum sobre su gestión. “Socialismo o libertad”, dijo en tono trumpista. Si los tribunales avalan su convocatoria —y rechazan que prosperen las mociones de PSOE y Más Madrid—, la jugada es de alto riesgo. Como comentaba una fuente del grupo parlamentario Popular: “Es decisión valiente pero tiene un problema. Si Ayuso en Madrid no suma con Vox, ¿con quién suma? Si no le da mayoría la suma de PP-Vox, pierde el gobierno”. La matemática es implacable. (...)

Pero el motín de Cs trae ilusión en Génova. Primero, porque creen que esto espantará votos más conservadores que tenían los naranjas e irán para Ayuso, que se ha vuelto el emblema de la derecha desacomplejada, emocional y alzada. Estadísticamente, la participación electoral en Madrid suele superar hasta por 20 puntos en los distritos más ricos con respecto a los más pobres. El anhelo es un gobierno en solitario con apoyo parlamentario de la ultraderecha, que cada vez tiene menos de diferencia con el PP regional.

Cs parece encaminado a sufrir un descalabro si hay urnas y por eso, si prosperan las mociones, seguramente busque hacerse con el puesto grande de la Real Casa de Correos o sino ser subsidiario de Moncloa. Con los votos de PSOE y Más Madrid alcanza, ni hace falta Podemos en Madrid, que es quinta fuerza. El impacto político que tendría un gobierno PSOE-Cs en la tercera autonomía más grande del Estado sería colosal. (...)

¿Y la izquierda? Su gran desafío es ahora no caer en la guerra de guerrillas que ya tiene la derecha. Si hay elecciones en Madrid, se resucitará el viejo enfrentamiento Iglesias-Errejón, más las peleas con el PSOE por un pacto socioliberal, que tiene apologistas en los barones de Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura. Si hubiera elecciones, ¿repetirían Errejón e Isabel Serra como candidatos o habría sorpresas? (...)"                      (Daniel Galvanizi, El Salto, 14/03/21)

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