"(...) se siguen tomando como enfrentadas las posturas que abogan por un decrecimiento en el consumo de recursos naturales y energía y aquellas que pretenden el pleno empleo, vivienda digna y servicios básicos para todos y todas. Y es que esos círculos de poder que antes mencionábamos se encargan de enfrentar posturas para debilitarlas, por ejemplo, enfrentando a quienes defienden una movilidad sostenible y ciudades amables con los y las trabajadoras de fábricas de automóviles.
Pero si nos deshacemos de la nebulosa que extienden quienes hablan de esta imposibilidad para eclipsar cualquier análisis económico y social que escape de su adoctrinamiento económico, veremos cómo no sólo es posible si no que es, a todas luces, imprescindible.
El motor de este perverso sistema económico exige de un crecimiento infinito y de una productividad creciente sustentada, principalmente, en 3 pilares: el consumo de recursos finitos y energía, la explotación de la productividad del trabajo de las personas asalariadas y la especulación en mercados que ya monetizan y comercializan con todo. Hasta el derecho de emitir CO2 a la atmósfera. (...)
Las soluciones que entendemos que deben plantearse no pueden elegir entre abordar la crisis ecológica o la social; entre frenar el crecimiento en el consumo energético o garantizar condiciones de trabajo dignas. Las soluciones deben ser conjuntas y deben pasar por un paso previo que ignore las alertas de quienes vaticinan el caos en torno a tasas de desempleo masivas, la huida de empresas buscando otros espacios de consumo o la imposibilidad de abordar medidas por su coste económico. (...)
Hemos vivido impávidos cómo rescataban a la banca con ya más de 65.725 millones de euros, cómo la UE ponía en circulación más de 1,8 billones de euros en los fondos de reconstrucción para salvar un modelo económico moribundo, cómo el Banco Central Europeo ha creado ya casi 3 billones de euros de la nada para dinamizar los mercados financieros comprando bonos públicos y privados, cómo el déficit público de muchos países se disparaba sin que esto supusiera el ascenso de su prima de riesgo, de su inflación o de la devaluación de su moneda.
¿Os imagináis que todo ese dinero fuera destinado a acometer las transformaciones que necesitamos para garantizar vidas que merezcan la pena ser vividas y para asegurar un planeta sano a nuestros descendientes? ¿Para crear empleos dignos para todas aquellas personas que quieren y pueden trabajar —especialmente orientados a satisfacer las necesidades sociales y ecológicas hoy día no cubiertas?
¿Para llevar a cabo una transformación de los modelos productivos y de las dinámicas económicas actuales con el objetivo de hacerlas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente? Porque todo ello es perfectamente posible.
Obtener financiación para lograr tales objetivos es la parte fácil, porque el dinero es un invento del ser humano para facilitar sus actividades, lo que ocurre es que hoy día se utiliza solo para lo que interesa a la élite dominante: para mantener un sistema bancario zombie, para inundar los mercados financieros y garantizar las ganancias de unos pocos, y para alimentar el negocio privado de determinados sectores económicos.
Lo difícil es despertar de esta ensoñación en la que los poderosos nos mantienen atrapados para que no alteremos el rumbo del sistema y para que no antepongamos el bienestar colectivo y la salud del planeta a sus negocios.
¿Merece por tanto la pena cuestionar los mensajes alarmistas y carentes de todo rigor que pretenden dar como imposibles soluciones a nuestro alcance? No olvidemos las conquistas realizadas con la reivindicación colectiva. No podemos ignorar que los indicadores económicos son meramente una creación humana para medir ciertas variables y que está en nuestra mano sentar las bases de otro sistema distinto.
Estamos a tiempo, y merece la pena." (Eduardo Garzón, Saque de esquina, 04/03/21)
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