"(...) la vieja guardia socialista se encrespaba por el indulto a los líderes independentistas catalanes, que se convertirá, de aquí al verano, en la absorbente batalla en la que el país quedará sumido. (...)
evitar que el Gobierno del PSOE, de la mano de Unidas Podemos, tenga una segunda legislatura. Este y no otro es el objetivo que se persigue, el motivo esgrimido es puramente circunstancial.
Entiendo que haya gente que se oponga al indulto por una manifiesta antipatía hacia los independentistas, un sentir popular, que no tiene por qué coincidir con la derecha pero que ha sido totalmente rentabilizado por esta, que considera que el procés puso en peligro a todo el país y que, además, fue una expresión egoísta del acaudalado que quiebra la solidaridad nacional cuando las cosas se ponen feas saliendo por patas. (...)
Además existe una actitud, especialmente en el entorno de Junts, que no ha pronunciado enmienda, aunque sea táctica. Lo cierto es que el indulto lo será, más que para los presos, para todo el país, uno que debe desenredar el otoño de 2017 antes de encarar la reconstrucción que vendrá a partir del otoño de 2021.
España no puede salir tarde y mal de esta crisis, o se verá descolgada tanto del motor europeo como de la escena internacional. Cada minuto que se pierda en una de sus regiones más prósperas, Cataluña, pensando una independencia virtual o en el resto, regodeándose en la contraparte del rojigualdismo, que no es aprecio a España sino combustible reaccionario, será un minuto perdido sin hablar del cómo de los fondos europeos, que sólo serán maná para unos pocos sin la imprescindible presión de la calle.
El indulto no será la panacea que resuelva el problema soberanista, pero sí la oportunidad para su solución: de ahí que los sectores más independentistas en Cataluña no lo quieran por romperles la narrativa de la España irreformable.
Cuando España se rompe en Jaén, en Teruel, en León o Soria, con despoblación, falta de industria o un paro juvenil desbocado, los amigos de las ensoñaciones imperiales no sacan las banderas, simplemente porque están más entretenidos en pergeñar un paraíso fiscal madrileño que tiene bastante más que ver con el secesionismo catalán que con la unidad nacional que tanto predican.
Es jugoso, sobre todo para un escritor, pensar en las motivaciones personales de aquellos que lo dominaron todo y que pasaron, de un día para otro a partir de 1996, a ser jarrón chino. Si ya enseñaron la patita con Zapatero, con Sánchez no han parado de dar zarpazo tras zarpazo a un Gobierno que, cabe recordar el pequeño detalle, está comenzando ahora la legislatura por haberse encontrado con una pandemia de por medio. Se intuye el odio, más que al joven, al presidente que tuvo una segunda vida tras el golpe de Ferraz en otoño de 2016, uno enmendado por las bases del PSOE un año después, buscando esa renovación para que, nunca más, nadie les comparara con el PP en una plaza.
Pero sobre todo lo que hay es una intencionalidad política: si el Gobierno progresista llega a una segunda legislatura, incluso agota la actual, es más que probable que se encuentre con un escenario de crecimiento súbito tras el parón vírico. Y eso, bonanza, al mando de Sánchez, pero también de Yolanda Díaz, es lo que muchos no quieren ver ni en pintura.
La cuestión, y esto no es la primera vez que se lo cuento, es que hay que amputar por completo tanto el resultado como la idea de la década convulsa, 2010-2020, esa que nos cuenta que la movilización popular sirve para algo y que, después de mucha calle, hay gente sentada en los escaños que no va a tener una puerta giratoria con la que justificar su cinismo ni su amoralidad. La cosa no es que ellos consigan poco, la cosa es que ustedes se den cuenta de que podrían conseguir mucho más si pasamos del trending topic al asfalto.
No es la unidad de España, una que no está ni estuvo en cuestión. No es un conflicto entre el independentismo y el rojigualdismo. Es la consolidación de la restauración o el impulso del cambio. Ustedes deberían mirar con perspectiva, de al menos diez años, a cada cosa que ocurra en estos meses que vienen. El Gobierno explicar con pedagogía, actuar con prontitud y comportarse con contundencia. Pero sobre todo superar este episodio con políticas sociales: la mayoría del país quiere hechos, no banderas, pero se quedarán con las banderas si no hay hechos." (Daniel Bernabé, Público, 31/05/21)
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