"(...) Tenemos motivos para irritarnos con las cloacas del PP.
No sólo ha acumulado casos de corrupción durante años, sino que, si se confirman las sospechas judiciales, altos cargos populares se aprovecharon de las estructuras del Estado ―las encargadas de la ley y el orden, las más sagradamente neutrales― para montar un espionaje parapolicial a su extesorero y robarle papeles que pudieran serles comprometedores.
Eso es crear una trama corrupta para ocultar otra. No es una estafa aditiva, sino multiplicativa o, en feliz expresión de Edmundo Bal, corrupción al cuadrado.
Uno puede tener una manzana podrida (caso Bárcenas), pero si trata de librarse de ella con otra manzana podrida (caso Kitchen), es lógico pensar que todo el cesto está putrefacto. (...)
Los escándalos del PP son parecidos a los de Enron o Parmalat antes de la crisis financiera o muchas cajas de ahorro después: directivos aprovechándose de su posición para abusar de los intereses a largo plazo de accionistas y ciudadanos. Es el problema icónico del gobierno corporativo y la razón por la que debemos esmerarnos en reforzar, amén de las inspecciones externas (y costosas) de las organizaciones, los controles internos (y eficientes), siguiendo la estela de los países anglosajones. (...)" (Victor Lapuente, El País, 07/06/21)
No hay comentarios:
Publicar un comentario