6.8.21

Errejón: en España entre 2011 y finales de 2015 vivimos un momento cálido, un momento populista... Hoy hablamos del tiempo de trabajo, de la salud mental, del aire que respiras, de si el transporte llega o no llega, de la escuela, del ambulatorio, del centro de salud; que son cosas muy concretas, materiales, muy de la vida cotidiana...

"(...) Otra idea que venís sosteniendo en el último tiempo tiene que ver con la necesidad de una vida más lenta, la necesidad de un horizonte “conservador” incluso, ver la vida de las personas en un plano de cercanía. El primer Podemos hablaba de “la casta”, o de invocaciones más de la izquierda clásica, de repente esta agenda de la cercanía y de la ecología se vuelven muy presentes en tu partido, Más Madrid. ¿Se trata de una táctica o una estrategia? ¿Son más “moderados”? ¿Te pusiste a leer nuevos debates o con qué tiene que ver eso?

Esto nunca me lo han preguntado y siempre me ha extrañado por qué, así que te agradezco que me lo preguntes. Sí, las tres cosas.

Empiezo por la táctica. España hoy no vive un momento populista, y sí que lo vivía entre el 2011 y enero de 2016. Fijo el 2011 por ser el inicio de las protestas de los Indignados. Y 2016, es decir, hasta que los errores del primer Podemos, y también de otros, fuerzan una repetición electoral en la que Podemos decide, y yo me opuse pero acepté la decisión mayoritaria, concurrir con la Izquierda Unida y el Partido Comunista en una coalición de partidos de izquierdas. Una decisión que le cuesta a Podemos un millón de votos.
 
 Yo creo que entonces se cierra el breve ciclo populista español. Y uno no hace las interpelaciones igual cuando el clima de su país es “que se vayan todos” que cuando el clima de su país tiene mucho más que ver con, a veces, demandas más individuales o una relación más alejada o más cínica con la política.

A veces he jugado con la idea de los tiempos cálidos y los tiempos fríos. En los tiempos cálidos casi nadie confía en las instituciones, pero hay una implicación popular mucho mayor, las cosas van mucho más de prisa y hay como una épica y un lazo afectivo que tiene mucho más que ver con el sujeto “pueblo” que con el sujeto “ciudadanía”. Y en los tiempos fríos la gente tiende a volver a casa, a dedicarle más tiempo a las cuestiones privadas que a las públicas, y actúa más bien como ciudadano individualizado por las instituciones y no como pueblo.
 
 Claramente en España entre 2011 y finales de 2015 vivimos un momento cálido, un momento populista. Nuestro fracaso en transformar eso en un cambio de gobierno y en una transformación de la vida cotidiana y la apertura de un proceso constituyente en España provocó que la marea bajara. Y cuando la marea bajó, el clima político se enfrió en nuestro país. Y uno no le habla a su país de la misma manera cuando el clima cambia drásticamente. Un revolucionario no es alguien que siempre dice “revolución”, sino alguien que tiene la propuesta más avanzada para lo que admite el momento.

En ese caso, esto sería a favor de la tesis de la moderación…

Bueno, digamos que eso sería una adaptación. Uno cambia como cambia el país, pero eso no significa que uno renuncie a sus valores. Tampoco significa que uno se disfrace. Nosotros consideramos que es más radical dar tres pasos con nuestro pueblo que dar veinticinco pasos solos.

Hoy hablamos del tiempo de trabajo, de la salud mental, del aire que respiras, de si el transporte llega o no llega, de la escuela, del ambulatorio, del centro de salud; que son cosas muy concretas, materiales, muy de la vida cotidiana.

Cuando tú me escuchabas en el 2014, yo parecía que le estaba hablando a masas que estaban ya marchando en la calle. Cuando tú me escuchas en el 2021 parece más que estoy conectando con una épica de tu vida cotidiana. Individual. No en el sentido individualista. No es que yo los separe, pero nuestra interpelación habla más de cosas de la vida cotidiana que de grandes horizontes épicos para las masas.

Hay un cambio estratégico. Creo que estaba demasiado latinoamericanizado, incluso en el léxico.

En España hay dos modos de agruparse y dos modos de comportarse en el espacio público: como pueblo y como ciudadano. Las derechas creen que son contradictorios. Yo no creo que sean contradictorios, pero sí que son dos momentos. Hay un momento, más cálido, más afectivo, de expectativas más altas, de más confianza en la capacidad de la gente sencilla y de menos confianza en el funcionamiento institucional, de menos delegación, en el que la gente irrumpe como pueblo; pero en España prima el componente ciudadano.

¿Por qué prima el componente ciudadano? Porque las instituciones regulan exitosamente los aspectos de la vida cotidiana de tal manera que, si tú te quedas sin luz en tu calle, es mucho más fácil que llames por teléfono a la compañía eléctrica o pongas un tuit o llames a la televisión o a la radio para que se haga un escándalo con que no hay luz, antes de que te organices con tus vecinos para que se arme una protesta para que se restablezca.

Creo que, en general, a mayor desarrollo del Estado y de la individualización que llevan consigo aparejado los procesos de mercantilización, más componente ciudadano y menos componente popular hay. Y, por tanto, no en los momentos álgidos en los que estamos de subida, sino en los momentos de bajada en los que el clima político se enfría, hay que hacerse cargo de ese componente ciudadano y cívico que a veces no quiere protagonizar una gran revolución, sino que tan solo quiere que le solucionen las cosas. […]

La tercera cosa es, drásticamente, que he estudiado. No digo “estudiado” como que me he dado cuenta de cosas que los otros no. Digo que no tuve nada de tiempo para leer durante el primer Podemos. Luego vamos a la Asamblea de Vistalegre II, en el Segundo Congreso, en el que chocan las tesis de Pablo, más izquierdistas tradicionales, y las mías más nacional-populares, y las nuestras son derrotadas. 
 
Ellos sacan un 45% y nosotros un 33%. Lo cual, en una formación de tipo muy caudillista se convierte en un 100 a 0. ¿Por qué te cuento eso? Porque eso significa que yo me paso casi 2 años en una especie de ostracismo interno. Dos años en los que mi papel en la política es mucho menor. Soy diputado en el Congreso Nacional pero no hablo. En el congreso español los diputados no pueden hablar cuando quieren, hablan si les deja el jefe de grupo. […]

Cuando te pones a estudiar en serio, cambias cosas. Y unos amigos me piden que le haga un prólogo a un librito sobre el cambio climático, que se llama Qué hacer en caso de incendio [Héctor Tejero y Emilio Santiago, Capitán Swing] es curioso porque yo ahí doy una especie de giro de 360°. Mis padres eran maoístas en los 70 en España, en la lucha contra la dictadura y luego, cuando se derrumba toda la izquierda radical que había luchado contra la dictadura, mi padre es fundador de los Verdes en España.
 
 Y me había insistido toda la vida en la cuestión de los Verdes y de la política ecológica, y yo no le había hecho el menor caso nunca. Nunca. En parte yo creo que porque compartía esa idea, que hoy me parece muy torpe, de que las demandas ecológicas eran las demandas para los pueblos que tenían solucionadas las cuestiones materiales más importantes. “Se ocupan de la ecología los noruegos, que viven muy bien, aquí tenemos pensiones, no hay casas…”. (...)

(Entrevista a Íñigo Errejón, Federico Vázquez, Le Monde Diplomatique, agosto, 2021)

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