"La convención del Partido Popular no es un acto de cara a la galería, sino que está tejida para marcar la posición ideológica y estratégica del PP en los próximos tiempos.(...)
Con la convención, Casado esperaba poner freno a los dos desafíos que podían cuestionar su recorrido hacia la Moncloa. El ascenso de Vox es uno de ellos, un crecimiento que las encuestas siguen reflejando. El otro es el perfil tan marcado de Isabel Díaz Ayuso, que amenaza con repetir la batalla ideológica que Esperanza Aguirre libró contra Mariano Rajoy.
Ambas opciones, además, conforman una suerte de pinza, en la medida en que el crecimiento de Vox puede hacer crecer las dudas sobre la figura de Casado, y avivar las voces que reclaman un liderazgo que Díaz Ayuso representa. Precisamente por esta ligazón, basta con hacer frente de manera efectiva a Vox para que las ambiciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid se diluyan.(...)
Vox y su victoria en la guerra cultural
Durante la convención no ha habido referencias expresas a Vox, pero sí, y muy insistentes, respecto del peligro de los populismos para las democracias. Esa intención decidida de situar a los de Abascal en un espacio antisistema, mientras que el PP se resguarda como la única formación de centroderecha, es un objetivo claro. El problema es que las declaraciones que se han oído estos días tienen escasa correspondencia con el perfil moderado que esa posición exige. (...)
En un tuit publicado el miércoles, Espinosa de los Monteros afirmaba que el PP “es una versión interesante de lo que Vox lleva diciendo desde hace años”. Para el dirigente de Vox, este cambio del PP tuvo un punto de inflexión: "Todo comenzó en el discurso de Ayuso de Navidad de 2020", afirma Iván Espinosa. Desde ese instante, el PP de Madrid asumió muchas de las proclamas de Vox, y el resultado fue un triunfo electoral espectacular. El PP nacional se habría dado cuenta de que esa fórmula funciona, y estaría trasladando al plano nacional la táctica que le sirvió localmente.
Como el PP ya no necesita taponar la fuga que se le abría por el centroderecha con Ciudadanos, moderarse no le generaría ningún rédito
Lo que señala Espinosa de los Monteros no es un sinsentido estratégico. El PP está obligado a recibir más votos si quiere llegar a la Moncloa, y para ello precisa aglutinar a las distintas derechas bajo su bandera, eso que Casado alababa a José María Aznar en su encuentro del jueves en la convención: fue el líder que logró unir las distintas sensibilidades en un partido claramente mayoritario.
Pero los tiempos son otros, la mayoría absoluta no está al alcance de su mano, y Vox parece su único apoyo a la hora de investidura. (...) ya no necesita taponar la fuga que se le abría por el centroderecha con Ciudadanos, con lo que la moderación no generaría ningún rédito. Al contrario, dejaría más espacio a Vox y tampoco les procuraría nuevos aliados. De manera que la estrategia no puede ser la rebaja del tono y un mayor sosiego, sino otra. Y a esa se refiere Espinosa de los Monteros.
El mapa reformista contra el comunismo
Fuentes de la dirección del PP señalan las diferencias que les separan de Vox en términos diáfanos. Sitúan a los de Abascal en el plano de los populismos de derecha y, por tanto, en un lugar no institucional (...) Desde Vox se objeta que esta diferencia no es clara y que, en muchas ocasiones, el PP acaba reproduciendo sus posturas (...)
Sin embargo, lo que señalan los de Abascal es otra cosa: que hay sintonía en muchos asuntos, como la concepción de la democracia, la defensa de la economía de mercado y de las libertades, así como en grandes temas de política exterior (la necesidad de presencia en Iberoamérica para combatir a las izquierdas y el vínculo decidido con EEUU), o la lucha contra el identitarismo. Justo todo eso en lo que Aznar y Casado coincidieron en el acto de Sevilla este jueves. Esa era la fórmula Ayuso.
Porque el indigenismo como nuevo comunismo, a lo que Aznar se sumó, no es una mera declaración llamativa, sino un programa político definido, con características precisas y con recorrido internacional, como ya ha sido explicado. Desde esta perspectiva, estamos ante un partido ideológicamente rearmado alrededor de los temas sectoriales que se han tratado en la semana de la convención y que, precisamente por ello, ha dejado de temer la fuga de votos a Vox.
Por qué Vox no roba voto al PP
“Vox no es un partido, es un movimiento”. En esta afirmación, de fuentes muy cercanas a la presidenta de la Comunidad de Madrid, se sintetiza la fórmula Ayuso: ausencia de hostilidad, cuando no simpatía, por los votantes de Vox, señalamiento de las diferencias, “son antieuropeos, y lgtbifóbicos, y nosotros no”, y la transmisión de que todo aquello que convence a los seguidores de Abascal, como la valentía, la rebeldía y el arrojo, ya están encarnados en Díaz Ayuso. Por lo tanto, el planteamiento no es acercarse a Vox, sino relegarle a un rincón en el que puede ser útil: “A Vox se le puede robar voto, pero muy poco ya. Si tienen un 8% en Madrid, se les puede quitar un 2% y dejarles en el 6, pero no más. El resto son gente que nunca antes han votado al PP, falangistas y esa clase de grupos, y no lo van a hacer nunca”.
El planteamiento de Génova es muy similar. Cuando había tres partidos en la derecha, el escenario era más complicado, pero se ha aclarado ahora que ya solo existen dos: “Hemos decidido que hagan lo que quieran, porque su ámbito de crecimiento ya no está en los votantes del PP, sino por el lado de las personas desfavorecidas. Por eso agitan la idea de que vienen los inmigrantes del islam, de modo que los que menos tienen les perciban como un peligro”, señala un miembro del comité de dirección de Casado.
Se trataría de un remedo español de las tácticas del populismo europeo, destinadas a ganar voto por la izquierda. “Le Pen se lo ha explicado, todos esos electores que antes eran comunistas y viven en los barrios, ahora se están pasando a la derecha populista, y es ahí donde agitan el discurso de odio para crecer. Ese es el ámbito en el que pueden incrementar su presencia. Por eso Rufián combate a Vox, y por eso lo hace también el PSOE, porque saben que pueden restarles apoyo en esos barrios”, añade este dirigente popular.
Si Vox es un movimiento más que un partido, el objetivo del PP es
aprovechar la energía que generen en beneficio propio, que otros agiten
el clima social y los populares aparezcan como el único partido capaz de
aprovechar el descontento de manera pragmática. Ese es el objetivo
principal de la convención, porque, una vez apagada la amenaza Vox, las aspiraciones de Díaz Ayuso serán menores. Y recoger las fórmulas que les han funcionado a los demás parece el camino elegido por la dirección del PP." (Esteban Hernández, El Confidencial, 02/10/21)
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