"Los acuerdos a los que se ha llegado en a COP26 han demostrado que en los poderes mundiales hay demasiado postureo medioambiental pero que, en realidad, los intereses económicos se han antepuesto a salvar el planeta.
a XXVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU (COP26) terminó en la medianoche del sábado y sus conclusiones son un verdadero fracaso, una decepción para quienes habían puesto sus esperanzas para que se iniciara una revolución climática que, en realidad, es lo que necesita el planeta. Sin embargo, los intereses económicos se han vuelto a interponer sobre la verdadera necesidad de la humanidad.
Las conclusiones de la COP26 se han caracterizado por la falta de ambición y de justicia climática. El Paquete de medidas aprobado se aleja del objetivo de limitar el incremento de la temperatura global a 1,5 grados y condena aún más a los países menos desarrollados. Los países más contaminantes han presionado hasta la extenuación para impedir avanzar en la eliminación de los combustibles fósiles y abriendo la puerta a las falsas soluciones.
La falta de acuerdos en materia de financiación permite a los más contaminantes seguir evadiendo su responsabilidad histórica y olvidar la justicia climática. El acuerdo sobre los mercados de carbono, por ejemplo, provocará mayores emisiones, lo que supone una amenaza para los países que ya sufren los peores impactos.
La COP26 ha sido la Cumbre más excluyente de la historia, tras un inicio marcado por las grandes declaraciones al margen de las negociaciones, promesas vacías y los continuos bloqueos de los países más contaminantes durante las dos semanas de negociaciones. Todo ello ha provocado que la COP26 suponga un retroceso para la lucha climática.
Glasgow ha dejado atrás a millones de personas afectadas por el climático mientras el acuerdo final de la COP26 prorroga lo improrrogable y los acuerdos finales posponen todas las medidas necesarias.
Muchos países han expresado ya su descontento con el texto final porque no responde a las expectativas de la ambición deseada, pero ha decidido firmarlo para poder seguir manteniendo viva la llama del trabajo conjunto contra la lucha climática.
El acuerdo final de la COP26 deja paralizada la lucha climática y no da respuesta a las consecuencias del calentamiento global. Se ha demostrado una falta absoluta de compromisos claros de los países desarrollados en materia de financiación y en transferencia de tecnologías y capacidades lo que deja en grave riesgo a millones de personas en el planeta que ya se ven afectadas por el cambio climático. El acuerdo es sumiso y débil y con un objetivo de mantener el incremento de temperatura global a final de siglo en 1,5 grados al que ya han matado.
La ONU reconoce el fracaso
Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, ha reconocido que el acuerdo final de la COP 26
«Es un paso importante pero no es suficiente. Debemos acelerar la acción climática para mantener vivo el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados», dijo Antonio Guterres en una declaración en vídeo publicada al término de la reunión de dos semanas.
El titular de la ONU añadió que es hora de pasar al «modo de emergencia», poniendo fin a las subvenciones a los combustibles fósiles, eliminando el carbón, poniendo un precio al carbono, protegiendo a las comunidades vulnerables y cumpliendo el compromiso de 100.000 millones de dólares de financiación para el clima. «No hemos conseguido estos objetivos en esta conferencia. Pero tenemos algunos elementos para avanzar», dijo.
Guterres también tenía un mensaje para los jóvenes, las comunidades
indígenas, las mujeres líderes y todos aquellos que lideran la acción
climática. «Sé que están decepcionados. Pero el camino del progreso no siempre es una línea recta.
A veces hay desvíos. A veces hay zanjas. Pero sé que podemos
conseguirlo. Estamos en la lucha de nuestras vidas, y esta lucha debe
ganarse. Nunca hay se rindan. Nunca retrocedan. Sigan empujando hacia
adelante». (José Antonio domínguez, Diario16, 14/11/21)
"(...) Las Estados más vulnerables se niegan a calificar este acuerdo como un éxito.
Y tienen un motivo de peso: los países ricos, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza, han impedido destinar ayudas económicas para hacer frente a los destrozos causados por la crisis climática. No habrá, por ahora, una financiación específica para paliar pérdidas y daños (pagar a las naciones más vulnerables por los destrozos causados por eventos extremos; no confundir con adaptación), reivindicación histórica de muchos países pobres. Muchos pequeños países, incluidas islas, están en riesgo de desaparecer por los efectos del calentamiento global de la atmósfera.
Lo que sí recoge el Pacto Climático de Glasgow es que los donantes (países ricos) se comprometen a sacar adelante la promesa -incumplida- de 2009 de destinar 100.000 millones de dólares al año a partir 2020 y hasta 2025 para que los países con menos recursos hagan frente al cambio climático (en materia de mitigación y adaptación). Además, a partir de ese año la cifra destinada a adaptación deberá ser el doble (llegando a unos 40.000 millones de dólares). Una noticia positiva que queda empañada al seguir sin estar claro cómo se logrará recaudar la financiación.
También se ha acordado la creación de un mecanismo que busca canalizar esas ayudas, gestionadas a través la llamada Red de Santiago. Sin embargo, lo que no se ha logrado es cerrar una cifra concreta, en otro golpe más de los países del norte global a los del sur global. La próxima cumbre, la COP27 que se celebrará en Egipto, buscará cerrar de una vez este tema. (...)
Para Laurence Tubiana, una de las responsables del Acuerdo de París, «greenwashing es la nueva negación del clima, y hemos visto demasiado en juego en esta COP. Debemos reforzar los mecanismos de responsabilidad para el cero neto en el futuro». Considera, además, que «el sistema financiero internacional no está a la altura del desafío«.
Al igual que se vio en la COP25 de Madrid -celebrada en 2019 y que ostenta el récord de ser la más larga de la historia-, la sensación es que la brecha entre las demandas ciudadanas y científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es inmensa. Lo ejemplifica muy bien Mohamed Adow, director del think tank Power Shift Africa: «Esta cumbre ha sido un triunfo de la diplomacia sobre la sustancia real. El resultado aquí refleja una COP celebrada en el mundo rico y el resultado contiene las prioridades del mundo rico». (...)" (Eduardo Robaina, Climática, 13/11/21)
"Dejar de alimentar la costra de gases invernadero a base de quemar combustibles fósiles es, según los científicos, la única manera de aplacar la crisis climática.
Pero la inclusión de una línea en el borrador de acuerdo de la COP26 de Glasgow para abandonar las ayudas de dinero público al carbón, el petróleo o el gas ha provocado una reacción inmediata… para que se borre.
Arabia Saudí, pero no son los únicos, ha aglutinado esta postura para «descartar» cualquier mención a los combustibles fósiles en la decisión final. No es la única. A Rusia no le gusta que se utilice ese lenguaje, según van desgranando sus delegaciones. Sus peticiones han conseguido, de momento, tamizar esa petición directa: las negociaciones han admitido incorporar al texto que se diga que ese abandono de subvenciones se haga sobre las «ayudas ineficientes», dando por entendido que las hay eficientes. Además, le han añadido que se buscará acelerar el desarrollo de «tecnologías» que permitan, dicen, «transitar a sistemas energéticos de bajas emisiones [de CO2].
En el otro lado del cuadrilátero, también se «está haciendo una presión grandísima para que no caiga esa mención», según cuenta la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera. La petición incluida por el presidente de la cumbre, Alok Sharma, fue de lo mejor recibido por los grupos ambientalistas desplazados a Glasgow. Incluso los más críticos con su borrador vieron con buenos ojos esta mención específica de acabar con el apoyo público al fósil.
En 2021 se ha certificado un rebote de las emisiones de CO2 provocadas por la obtención de energía. Se calcula que el total esté en 33 gigatoneladas, solo un poco por debajo de las 33,4 de 2019, justo antes del parón por la pandemia de COVID-19, según cálculos de la Organización Mundial de la Energía. Para contextualizar: en 2019, la parte de energía lanzó 33 de las 36 gigatoneladas de CO2 del mundo y en 2020 fueron 31 de las 34 gigatoneladas globales.
El análisis de esta organización de 2021 cuenta que el carbón va a generar este año 640 millones de toneladas más de CO2 que en 2020 para llegar a las 14,8 gigatoneladas. Con el gas se prevé llegar a un pico histórico de 7,15 gigatoneladas de gases de efecto invernadero. El petróleo (origen de la gasolina y el gasoil para el transporte por carretera o los combustibles aéreos y marítimos), aunque también va a recrecer en emisiones no alcanzará aún el nivel pre-pandemia.
Con esas cifras, Teresa Ribera ha explicado en un receso de las negociaciones de la cumbre que «casi nadie entiende ya que se invierta dinero en financiar este gran problema que tenemos». El problema es el cambio climático causado por la el calentamiento acelerado del planeta que viene provocado por la costra de gases lanzados a la atmósfera al quemar carbón, gas o petróleo.
Casi todos los países ponen dinero público que sostiene de una manera u otra a los combustibles fósiles. 370.000 millones de dólares en 2020, según la OCDE. Una buena parte se va a subvencionar el uso de combustibles ya sea con ayudas directas o con exenciones fiscales que abaratan el precio. Lo que pide el texto de borrador es ir abandonando estas subvenciones, no cortarlas de golpe. (...)" (Raúl Rejón, eldiario.es, 12/11/21)
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