"Es un mal momento para las encuestas políticas”. La frase es de Belén Barreiro, directora de la empresa de estudios de opinión 40dB, y resume perfectamente la preocupación que asalta a expertos en comunicación en relación con una parte, al menos, de las encuestas que se difunden desde hace algunos meses en España.
Nadie reconoce malas prácticas concretas, ni tampoco quieren señalar en público a alguien con nombre y apellidos, pero en el mundo de las empresas de estudios de opinión y del análisis demoscópico no es difícil recoger testimonios —eso sí, sin revelar la identidad de quien los traslada— que apuntan a la utilización de métodos poco rigurosos. O a la existencia de empresas de las que casi nadie ha oído hablar pero que están publicando proyecciones electorales con gran eco mediático a pesar de que sobre su credibilidad no existe evidencia alguna.
Para muestra un botón: desde hace semanas, en España se publican una o dos encuestas electorales cada fin de semana que intentan predecir el resultado de unas hipotéticas elecciones generales sin que exista el menor indicio de que se vayan a celebrar antes de dos años. Muchas de ellas, amplificadas a través de diversos medios y con una enorme difusión en redes sociales, ni siquiera incluyen ficha técnica: nada se sabe del método utilizado para recoger los datos ni mucho menos del tamaño de la muestra, que muy a menudo resulta esencial, sobre todo cuando se intenta predecir la distribución de escaños. La ley sólo les obliga a hacerla pública en período electoral y algunos medios, más interesados en los titulares, no son nada exigentes a la hora de compartir esta información tan sensible con el público.
¿Nos podemos fiar de las encuestas políticas que se publican en España? Verónica Fumanal, experta en comunicación y analista política, cree que de “algunas sí y de otras no”. Casi nunca, advierte, debemos tomar en consideración la estimación de escaños porque normalmente los porcentajes de intención de voto son tan ajustados que el margen de error es demasiado estrecho para predecir resultados. Y eso es un problema en un país como España en el que hay 52 circunscripciones. Si quisiéramos ofrecer buenas predicciones a escala provincial, la muestra tendría que ser fiable para cada provincia, lo que desde el punto de vista estadístico significaría tener que hacer entre 800 y 1.500 encuestas en función de la población”, algo que ninguna empresa está en condiciones de hacer porque es extremadamente caro: la mayoría no declara más de 1.600 entrevistas por estudio en toda España y la cifra habitual se sitúa muy por debajo de eso.
Un buen ejemplo es NC Report, que suele realizar estudios para el diario La Razón. Según la información que muestra en su página web —al menos sí facilita la ficha técnica—, esta empresa ofrece resultados electorales para toda España con una muestra de 955 entrevistas y margen de error del 3,3%, pero sólo para “datos globales”. Si ese margen se expresase para cada provincia sería enorme porque en toda Andalucía hacen poco más de un centenar de entrevistas y la cifra va bajando hasta las 60 en comunidades como Galicia o el País Vasco, o las 30 que llevan a cabo en Baleares. Y no es una excepción, es la regla.
El problema de la asignación de escaños
Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, piensa lo mismo que Fumanal. Según él, no deberíamos tener en cuenta la asignación de escaños, una práctica de la que responsabiliza sobre todo a los medios que pagan los estudios. “Muchas veces los que la interpretan mal son los propios periodistas: tal sube, tal baja. Ahí entra en juego el margen de error”. En estos momentos, pone como ejemplo, a pesar de lo que titulan los medios, la mayoría de las encuestas en España no dan que el PP vaya por delante: en general dan “un empate técnico” con el PSOE. “Un poquito por encima, no lo cuestiono, pero lo que vemos es un empate técnico entre los dos”.
Hay que tener en cuenta, sugiere, que cada instituto de opinión “tiene sus sesgos en la estimación” y “la cocina no siempre es transparente”, Por eso el profesor de la Carlos III siempre recomienda lo mismo: “Que la gente no se centre en el resultado, sino en la tendencia”. Y que tenga en cuenta el contexto, porque no es lo mismo que haya elecciones convocadas que un horizonte despejado en el que los ciudadanos no tienen en la cabeza a quién votar. (...)
Simón propone considerar fiables, al menos “en un principio”, las
encuestas que se publican acompañadas por una ficha técnica. Otra cosa
es, advierte, que después “los medios editorialicen sobre la base de
esas encuestas o las hagan en momentos determinados pata tratar de impulsar determinados climas o estados de ánimo”. (...)
No obstante, admite, algunas no hacen bien su trabajo, como ocurre en
cualquier ámbito profesional. Las hay que “evidentemente tienen ánimo de
viralizarse a través de las redes sociales. No son transparentes y son menos fiables”. (...) " (Fernando Varela, InfoLibre, 21/11/21)
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