7.12.21

España necesita un partido centrado en el trabajo, es decir, en la economía productiva, que sea capaz de sacarnos de los años de ceguera en los que hemos estado inmersos, y que han llevado a que Asia se haya convertido en el centro y Europa en su periferia... Necesitamos un partido que abogue por una economía diferente, por un decidido impulso industrial, por salarios mucho mejores, por pymes que puedan tener futuro y por empresas que piensen en el medio plazo y no en la rentabilidad inmediata y extractiva. Y lo necesitamos porque ese giro es indispensable para España, para Europa y para Occidente... España necesita activar muchos resortes, porque cada vez muestra mayores carencias económicas y menor peso en la escena internacional. Sin embargo, también cuenta con grandes posibilidades, con talento y energía, que quedan perdidas en un magma de descontento, desánimo, indignación y ruido... España tiene un caudal relevante y hace falta empujar para que lo aproveche... La oposición se da hoy entre la economía irreal y la economía productiva... entre los propietarios de activos financieros y los hogares comunes... Y alguien tiene que representar a los segundos

 "(...)   España

Dado que este momento de la historia lo es de incertidumbre, que se apuntan cambios que no terminan de asentarse, es imprescindible empujar en la dirección correcta. En la vida política se consigue muy poco sin el brío de las fuerzas sociales y sin la orientación que proveen. Ya que nada está decidido aún, sería más necesario que nunca ser conscientes de la importancia del trabajo, de la economía de todos los días, de aquella que nos proporciona los recursos para vivir. 

Un partido centrado en el trabajo, es decir, en la economía productiva, que sea capaz de sacarnos de los años de ceguera en los que hemos estado inmersos, y que han llevado a que Asia se haya convertido en el centro y Europa en su periferia, es sistémicamente imprescindible. Necesitamos un partido que abogue por una economía diferente, por un decidido impulso industrial, por salarios mucho mejores, por pymes que puedan tener futuro y por empresas que piensen en el medio plazo y no en la rentabilidad inmediata y extractiva.

 Y lo necesitamos porque ese giro es indispensable para España, para Europa y para Occidente. Tomemos nota de un hecho esencial: la oposición definitiva no se da hoy entre capital y trabajo, sino entre la economía irreal y economía productiva; entre, como señalan Pettis y Klein, los propietarios de activos financieros, por un lado, y los hogares comunes, por el otro. Y alguien tiene que representar a los segundos.

Esto es especialmente importante en España, que ha quedado relegada a un lugar muy poco favorable en la división internacional del trabajo. Es un país que necesita activar muchos resortes, porque cada vez muestra mayores carencias económicas y menor peso en la escena internacional. Sin embargo, también cuenta con grandes posibilidades, con talento y energía, que quedan perdidas en un magma de descontento, desánimo, indignación y ruido. España tiene un caudal relevante y hace falta empujar para que lo aproveche.

En esta época en la que los recursos y el poder son importantísimos, España debería pensar en cómo reactivar su economía de una forma decidida, en sacar provecho de sus capacidades, en descubrir áreas de desarrollo y en fortalecerse en múltiples terrenos, como el industrial, el logístico y el tecnológico, y todo ello sin olvidar en absoluto sectores aquellos que nos dan de comer. Pero eso no puede lograrse desde la ortodoxia ineficiente en que hemos vivido décadas; es hora de olvidar las viejas fórmulas y poner en marcha las que la nueva época está demandando

 Desde el punto de vista político, tendría que haber algún partido que apostase por la economía productiva, por la industria, por las empresas nacionales, por las pymes, por crear trabajo, por aumentar sin titubeos los recursos para sus clases trabajadoras y medias, por recuperar intensamente a las ciudades pequeñas e intermedias, esas que conforman la España Vaciada. Pero no puede hacerse sin inversión, sin altura de miras estratégica, sin tener un proyecto claro de país.

Incluso sería mucho mejor que, en lugar de existir un partido laborista, existieran varios, pero no se adivina ninguno por el horizonte. El PSOE podría serlo, pero está demasiado anclado en seguir las reglas de la ortodoxia europea, y hasta Draghi ha sido más atrevido con los fondos que nuestro gobierno; podría serlo el de Yolanda Díaz, pero no sabemos nada de él; podría serlo IU, pero ha caído en una extraña deriva de activismo woke; podría serlo el PP, pero vive entre los programas económicos de hace 15 años y el impulso Milei de Ayuso; podría serlo Vox, pero vive pendiente de los inmigrantes, de los asuntos culturales y de combatir a los etarras; podría serlo la España Vaciada, pero no parece tener la suficiente ambición política; podría serlo el de Errejón, pero está demasiado enredado en las plantas y los carriles bici.

Nos estamos jugando el futuro, y cabe recalcar que el que nos espera no parece nada bueno. España necesita tener músculo interno, que sume a las fortalezas existentes otras nuevas, de modo que, en este escenario diferente, contemos con la solidez necesaria como para gozar de cierta autonomía

 Si Europa decide salvarse, una España con más poder podrá influir de un modo más relevante y disponer de mejores condiciones; si decide quebrarse, quedaríamos en mejor posición para el futuro. Pero todo eso pasa por ser capaces de cambiar el rumbo, olvidarnos de las viejas certezas y leer el mundo en el que estamos.

 Una visión claramente enfocada hacia la economía productiva nos permitiría abandonar el pasado y construir el futuro. Todo lo que no sea arreglar la economía desde este punto de vista, es condenar a España a convertirse en Latinoamérica."                                 (Esteban Hernández, El Confidencial , 05/12/21)

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