15.2.22

Biden humilla al canciller alemán, mientras Macron comprende un poco a Putin... o sea, se divierten

 "Los angloamericanos están ejecutando un plan para “liberar” a la Unión Europea de su dependencia “tiránica” del gas natural ruso.

En realidad, el objetivo tácito es mantener el control tiránico de Estados Unidos sobre Europa. Ese control es esencial para mantener la hegemonía estadounidense y el poder global. El precio final es la devastación económica e incluso la guerra en Europa, que la “noble” potencia hegemónica anglosajona está dispuesta a que paguen sus peones europeos .

Esta semana, el presidente Joe Biden, mostró su estatus de master supremo cuando habló con arrogancia en nombre del canciller alemán Olaf Scholz en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. A Biden se le preguntó sobre el destino del gasoducto Nord Stream 2, de Rusia a Alemania, en el caso hipotético de una invasión de Ucrania por parte de Rusia. Biden perentoriamente que el proyecto de gas sería terminado.

“Ya no habrá un Nord Stream 2”, dijo Biden sin dudarlo. “Le pondremos fin”.

Se le preguntó a Biden cómo se podría hacer esto dado que el funcionamiento del oleoducto Nord Stream 2 está bajo el control de Alemania, no de Estados Unidos. “Lo haremos, se lo prometo, seremos capaces de hacerlo”, afirmó Joe Biden sin siquiera insinuar algún tipo de acuerdo con el canciller alemana ahí presente.

La capacidad de Washington para anular la soberanía europea fue una muestra reveladora e inquietante de la arrogancia imperial estadounidense.

También fue una muestra insoportable del desprecio estadounidense por sus «aliados» europeos. Biden hizo que Alemania, Scholz y Europa, parecieran una insignificancia. Los informes de prensa posteriores también lo indicaron.

Washington y Londres han liderado el aumento de las tensiones geopolíticas con acusaciones implacables de que Rusia está a punto de invadir Ucrania y poner en peligro la seguridad europea. Por la forma de la propaganda angloamericana, uno debería pensar que el escenario es una repetición de la agresión nazi que amenazó a Europa, por la cual solo Estados Unidos es el defensor de una Europa agredida. (...)

Lo que los masters angloamericanos quieren finalmente es que se deseche todo el proyecto de gas. Ese es el final del juego, incluso si significa que los hogares europeos se congelan debido a facturas impagables. A los máster del universo no les importa.

Es por eso que los estadounidenses y los británicos están haciendo todo lo posible para frustrar cualquier esfuerzo diplomático para calmar la desmesurada crisis con Rusia. De hecho, Washington y Londres están enviando toneladas armas a Ucrania y desplegando paracaidistas a Europa del Este en un intento temerario de intensificar la confrontación.

Mientras visitaba la Casa Blanca esta semana, el canciller Scholz fue colmado de demandas para declarar explícitamente que el proyecto Nord Stream 2 sería cancelado. Scholz se negó a aceptar las presiones, aunque en un aparente intento de ofrecer una concesión, afirmando que Alemania y Estados Unidos estaban unidos en una misma posición. Sin embargo, los estadounidenses y los británicos piensan que Berlín no está siendo lo suficientemente hostil hacia Rusia.

Del mismo modo, cuando el presidente francés Emmanuel Macron fue a Moscú, también hubo una inconfundible sensación de rencor de Washington y de Londres. Sus diplomáticos opinan que su “unanimidad” militarista estaba siendo socavada.

No cabe duda que Berlín y París saben que la bravuconería angloamericana es una provocación cínica, en realidad una nota de suicidio de Europa que beneficia a Estados Unidos, en caso de guerra con Rusia.

La amarga experiencia de Macron es que Francia fue engañada el año pasado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia por el contrato del submarino AUKUS de 50.000 millones de euros. El escepticismo francés y europeo está justificado.

La conclusión obvia es que Washington quiere sabotear la asociación estratégica entre Europa y Rusia para el comercio de energía y una normalización general de las relaciones. Los objetivos son mantener la hegemonía estadounidense, vender su propio gas más caro a Europa y, por supuesto, vender armas a los miembros de la OTAN creando un estado de inseguridad permanentemente agitado. Los británicos, como siempre, están metidos en esto por congraciarse con el Tío Sam y cumplir su función de ser el mayordomo geopolítico del poder imperial estadounidense.

Los analistas energéticos saben que Alemania y Europa no pueden sobrevivir económicamente sin el gas de Rusia, que representa al menos el 40 por ciento del consumo del continente. Incluso Biden en su última conferencia de prensa aceptó que EEUU no puede reemplazar el suministro de gas ruso. Si el comercio de gas de Rusia con Europa se viera interrumpido por un conflicto o por sanciones más severas, las repercusiones para las economías de la Unión Europea serían devastadoras.

No hay forma que Alemania, Francia y la UE puedan sobrevivir sin el petróleo y el gas rusos. Que Estados Unidos y Gran Bretaña exijan que Berlín haga declaraciones definitivas sobre la cancelación de Nord Stream 2 es una forma de coerción y chantaje.

Pero todos estamos en peligro. Washington y Londres están empujando a Europa y al mundo hacia un abismo nuclear. Así de demoníaco es el imperio angloamericano que ahora está en pleno declive."        

 (FINIAN CUNNINGHAM, Observatorio de la crisis, 13/02/22)


" (...) Macron está convencido de que la crisis actual —marcada por el revanchismo de Rusia tras su aparente humillación por parte de Occidente— significa que la seguridad colectiva de Europa no se ha podido repensar desde el fin de la Guerra Fría. 

Parece que, al menos en eso, coincidieron Macron y Putin. El enorme desafío que se le presenta a Macron es determinar cómo podría suplirse, y convencer a los demás, entre ellos a Estados Unidos, sobre sus beneficios.

Para el final de la semana pasada, el estancamiento con Rusia, que derivó en maniobras militares cerca de las fronteras de Ucrania, parecía más amenazante que nunca. Sin embargo, a solo ocho semanas de las elecciones presidenciales en Francia, Macron ha tomado la arriesgada apuesta de intentar convencer a Putin de que recurra al diálogo y de que los electores franceses estén más complacidos con su autoridad a nivel global que enfadados por su falta de atención.

Si fracasa, no solo se arriesga a perder sus votos y su confianza, sino a dañar su prestigio y el de su país al ser visto en el extranjero como un líder que fue demasiado ambicioso.

Consciente de esa percepción, se ha esmerado mucho en coordinar sus esfuerzos con los de otros dirigentes europeos, algunos de ellos escépticos, y con Joe Biden, el presidente de Estados Unidos. El viernes, en una conversación de 75 minutos entre los líderes de Occidente, se activó un frente unido para convencer a Rusia de “distender la crisis y optar por el camino del diálogo”, manifestó la Comisión Europea.

 Cuando cayó el Muro de Berlín, Macron tenía 11 años y Biden, 46, por lo que tal vez es inevitable que haya ciertas divergencias de opinión. Macron no ve ninguna razón para que la estructura de la alianza que prevaleció sobre la Unión Soviética sea eterna.

 “El asunto no es la OTAN, sino cómo creamos una zona de seguridad”, dijo. “¿Cómo podemos vivir en paz en esta región?”. Macron insinuó que parte de su objetivo en Moscú había sido sugerirle a Putin que abandonara su obsesión por la OTAN —que Ucrania no debe unirse nunca a esta organización— y se concentrara en otro “esquema”. Mencionó que le había dicho al dirigente ruso que “el esquema que usted propone es falso”.

 Macron advirtió que era necesario presentarse en el Kremlin y enfrentar al hombre que le ha puesto una pistola en la cabeza a Occidente con 130.000 soldados congregados en la frontera con Ucrania. Se ganaba tiempo al abrir otra ruta diplomática, más flexible que el intercambio de cartas entre Rusia y Estados Unidos, que en repetidas ocasiones Macron rechazó por considerarlas inútiles, y programar próximas reuniones.

Los dos líderes se reunieron durante más de cinco horas el lunes pasado. Macron dijo que insistió tanto en “las garantías que podía darme sobre la situación en la frontera” que, en algún momento, Putin dijo que estaba siendo “torturado”.

Putin, con la misma insistencia, atacó la expansión hacia el este de la OTAN desde 1997 y la agresión que esto implicaba.

 Cuando le preguntaron acerca de esa mesa tan larga y ridiculizada, Macron dijo: “Bueno, para nada era algo fraternal”.

El Kremlin no ha aceptado que Macron haya obtenido alguna concesión, pero dijo que su enfoque tenía “simientes de razón”, a diferencia del intento de diplomacia por parte del Reino Unido, el cual fue tachado por el ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, de una conversación entre “sordos y mudos”.

 No se sabe bien cuál podría ser el nuevo esquema propuesto por Macron para la seguridad de Ucrania y de Europa. Pero, al parecer, de alguna manera ofrecería garantías inquebrantables a Ucrania de su soberanía e independencia en una forma en la que su ingreso a la OTAN quedara como un espejismo; al tiempo que Rusia permanecería satisfecha de que la seguridad de Ucrania no se hubiera reforzado a expensas de Moscú.

En la práctica, Macron cree que es posible hacer un truco de prestidigitación que logre al mismo tiempo dos cosas: que los ucranianos permanezcan libres y seguros para mirar hacia Occidente para su futuro y que Putin siga pensando que ambos países forman un “espacio histórico y espiritual”, como lo llamó el líder ruso en una reflexión de 5000 palabras publicada el verano pasado sobre “la unidad histórica de los rusos y los ucranianos”.

Se trata de una maniobra híbrida, pero que no es inusual en el presidente francés. A través de los años, Macron se ha dado a conocer como el mandatario de “al mismo tiempo” por sus constantes malabares de diferentes aristas de los asuntos —primero a favor de disminuir la dependencia de Francia en la energía nuclear, ahora a favor de aumentarla— y por su intrincada disección de los problemas que a veces deja a los analistas preguntándose qué es lo que él cree en realidad.

Es incuestionable que cree apasionadamente en la Unión Europea y en el desarrollo de Europa como una potencia más independiente. Es un tema en el que nunca ha vacilado, y ahora parece pensar que ha llegado la hora de rendir cuentas/jugársela/arriesgarse por esa convicción.

Al menos, con la reunión del canciller de Alemania, Olaf Scholz, con Putin en Moscú esta semana, Macron ha hecho que el papel de Europa cuente en esta crisis, junto con Estados Unidos. Eso es más de lo que se puede decir del Reino Unido.

 “Europa, a través de sus principales Estados, ha regresado de una etapa de la que parecía haber sido marginada”, dijo Michel Duclos, exembajador de Francia, en un artículo publicado recientemente por el Institut Montaigne. (...)"                  (

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