"Los muertos ya se cuentan por millares, los desplazados se acercan al millón y los destrozos humean una semana después de la invasión, pero a nadie se le debe escapar que lo peor aún está por llegar. Todo está en trance de cambiar para peor y los futurólogos deberían darse un respiro que nos consienta contemplar el paisaje que deja la batalla. Nos hemos equivocado en todo, algo que ocurre cuando se echan los dados y descubrimos que el resultado no tiene nada que ver con nuestras intenciones.
Ni la mente más calenturienta, ni las propias víctimas propiciatorias habían calculado lo que nos parecía un imposible: que el ejército ruso invadiría Ucrania. Llevamos tantos años padeciendo a esa factoría de mentiras que llaman Departamento de Estado norteamericano que nos sorprendió con un aviso letal. Rusia estaba preparando la invasión de Ucrania y hasta adelantaba las fechas. Anunciaba una verdad que ni los líderes occidentales, ni el común, ni los sufrientes ucranianos consideraban más allá de una amenaza.
Desde entonces además de una cura de humildad debemos exigirnos un inmoderado afán por calcular las ruinas que ha ido dejando nuestra candidez y evaluar en la medida de lo posible los restos de nuestro naufragio y la heroicidad de las víctimas. Tras la invasión rusa de Ucrania ya nada será lo mismo, incluidos nosotros. (...)
La revitalización de la OTAN es una catástrofe que Putin ha convertido en obligada y que tendrá consecuencias nada deseables. ¿Cómo se detiene una amenaza en el momento que se hace realidad? Me acuerdo de Enrico Berlinguer, el lúcido líder del PCI, cuando acosado por un izquierdismo arrogante que consideraba conciliadora la política de Salvador Allende en Chile, osó preguntar “¿Cuántos masas se necesitan para detener un tanque?”.
Ucrania lo está viviendo y el heroísmo no logrará parar los blindados, pero dejarán la simiente de una libertad pisoteada. Por favor, no insistamos más en el tópico del “No a la guerra” que coloca a todos en igual nivel y asumamos que no hay otra consigna decente que el “No a la invasión”. (...)
Putin está empeñado en darle una vuelta a la historia; una deriva que va más allá incluso de la Revolución bolchevique de 1917. Su crítica a Lenin ¡por su liberalidad! le conecta incluso con las concepciones zaristas que unían ortodoxia religiosa, política y territorial. Domina ese país inmenso con la variante mafiosa de un partido tan opaco como el que construyó Stalin, pero no es la vieja “nomenclatura” cribada por el terror, es una nueva oligarquía de Estado, dependiente de la corrupción que les concede el mando supremo. (...)
La invasión de Ucrania ha provocado cambios que no somos capaces de medir, apenas intuirlos. El domingo, 27 de febrero, Alemania ha clausurado su peor pasado: dedicará el 2% de su PIB a las Fuerzas Armadas, más aún de lo que solicitaban los aliados norteamericanos. Lo hace con la unanimidad de los tres partidos gubernamentales: socialdemócratas, liberales y verdes. Bastante más que un cambio de paradigma, que diríamos los pedantes, al tratarse del país más poderoso de Europa y con su historia a cuestas. Mientras, la diáspora ucraniana alcanzará millones que se desparramarán por Europa y su país entra en un limbo de sangre y ruinas cuyo final es impredecible. ¿Qué quedará del destrozo de una guerra frente a un enemigo que sólo entiende diferentes grados de victoria? (...)
No sabemos apenas nada salvo que lo peor está por venir. Para
los ucranianos que alimentarán con razón una rusofobia que hasta ahora
sólo anidaba en minorías, para los europeos que tendrán que cubrir sus
vergüenzas estratégicas, para la ciudadanía angustiada ante la
crisis económica que la amenaza, para los gobiernos como el nuestro que
viven instalados en la autosatisfacción que se fabrican todos los días.
Nadie pensó hace una semana que las famosas campanas del poeta John
Donne también tocaban por nosotros. La historia alimenta sarcasmos. Un
cómico profesional, Volodimir Zelenski, se convierte en estadista, y un
estadista de oficio, Vladimir Putin, se vuelve personaje de Charles
Chaplin." (Gregorio Morán, Vox Populi, 05/03/22)
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