27.4.22

La PAH evita 'in extremis' el desalojo por el BBVA de una víctima de violencia de género: "Me iban a desahuciar por 70 euros"

 "Sin muchas expectativas, sin empleo y sin apenas dinero, Fátima llegaba hace más de ocho años al barrio de Entrevías (Vallecas, Madrid) en busca de un techo. En una mano, sus dos hijos; en la otra un nieto de cuatro años y otra en camino. 

Atrás, su pasado como víctima de violencia de género. Y al frente de todo, ella. La oportunidad que buscaba llegó en forma de alquiler social: firmó el contrato de arrendamiento en enero de 2014 y en él encontró el punto de partida para construir su vida. Ahora, ocho años después, ha tenido que convivir con la posibilidad de perder su hogar, pero el impulso de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha conseguido frenar la amenaza de desahucio articulada por el BBVA.

Fátima y su familia aguardaban con temor la llegada del miércoles, el que sería el último día en su casa. El BBVA, propietario del inmueble, comunicó solo un día antes a la PAH que "ha pedido la suspensión" del lanzamiento y el juzgado trasladó el mismo martes a la familia que "ha acordado la suspensión del desahucio", señalan fuentes de la plataforma, por un periodo de tres meses. Noventa días de tregua. Aunque la decisión insufla aire en los pulmones de la víctima, los activistas antidesahucios no bajan la guardia: este miércoles a las 8:30 horas se mantendrán firmes a las puertas de la vivienda, "por protocolo y malas experiencias anteriores".  

 Sin ser siquiera consciente, Fátima fue acumulando una deuda con el banco. "El cobro del alquiler se hacía el día 10 y yo suelo ingresar dos o tres días después", explica al otro lado del teléfono. Ninguna alerta, asegura, saltó para dar cuenta del impago, hasta que la deuda final superó los 500 euros. "En un documento decía que la deuda eran 530 euros y en otro 600. Pregunté a la procuradora y pagué la primera cifra en el plazo que me daban", expone la víctima. Lejos de resolverse, el problema se cronifica cuando el banco señala que la cantidad adeudada era la segunda, 600 euros. "Me quieren desahuciar por 70 euros".

Fátima evoca el piso en el que habita como si de un gran regalo se tratase: gracias a poder vivir bajo ese techo, sus hijos han podido formarse y encontrar un empleo. También ella, quien trabaja a domicilio cuidando a personas dependientes para la empresa Clece. La vivienda que echa raíces en la calle Sierra de Contraviesa es la piedra angular de sus vidas. Más aún cuando todavía ronda cerca el hombre que casi las destroza: la expareja de Fátima. Su maltratador. (...)"                     (Sabela Rodríguez, InfoLibre, 26/04/22)

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