"(...) Pero a pesar que las malas noticias al respecto predominan en la prensa, hay algo que se está cociendo a fuego lento y constante en lo que hace a la ecuación energética española al largo plazo y que dispara el optimismo en agentes económicos, esos que forman parte de procesos de decisiones que obligan a mirar no a lo que ocurrirá el mes próximo sino la década siguiente.
(...) de media, el territorio español disfruta de entre 1.800 y 1.900 horas de sol al año, mientras que en Alemania, Polonia, el Reino Unido y los países nórdicos la media va de 800 a 1.000. Es prácticamente el doble.
Hace 40 años esto era un factor envidiable para la atracción de turistas, pero en el contexto de la tercera década del siglo XXI, representa más que eso. Mucho más: con la bajada en los costes de producción de energía solar, la sofisticación tecnológica de paneles para captar la fotovoltaica y con el boom de inversiones disparado por la lucha contra el cambio climático —para sustituir a los combustibles fósiles, o sea gas y petróleo—, España tiene un camino plausible hacia un oasis. Los fondos europeos de recuperación aprobados por la hecatombe económica derivada de la pandemia no han hecho más que acelerar la situación, ya que buena parte de ellos Bruselas quiere que se dediquen a la transición ecológica y a disminuir la huella de carbono.
Y si bien hay otros países con la benevolencia de horas de sol, España tiene una diferencia también dada por la madre naturaleza. Italia y Francia gozan de bastante sol pero solamente en su franja sur, y Grecia y centro-sur de Portugal también lo tienen pero cuentan con menos territorio —el primero por el exceso de montañas y el segundo por menor extensión—. No es algo nuevo para el sector del capital: hace dos años España es el mayor receptor de toda Europa de inversiones en energías renovables, concentrado especialmente en la solar.
¿Esto puede cambiar por décadas la economía, sociedad y geopolítica en
España? Sí. ¿La dirigencia política y económica debe ayudar a que esto
ocurra y no perder una oportunidad histórica? También. Veamos por qué.
¿Un futuro prometedor?
Actualmente, según datos de Red Eléctrica de España (REE), el 46,7% de la energía que se generó en nuestro país en 2021 fue de origen renovable —eólica, solar e hidroeléctrica—. En 2007, este porcentaje solo suponía el 20%. El parque nuclear español, formado por siete reactores, aportó el 21% del total del suministro de la electricidad consumida. El tercio restante se generó con gas y petróleo importado: el primero es comprado principalmente a Argelia, Estados Unidos y Rusia. El segundo, comprado mayoritariamente a Nigeria, México y Libia.
No hace falta recordar que la reciente pelea entre Argelia y su vecino Marruecos, a través del cual se enviaba buena parte del gas —ahora es por un gasoducto directo— disparó las alarmas en el Gobierno español ante el peligro que genera esa dependencia. Algo similar a lo que sucede con Rusia y la disputa a gran escala con la UE a partir de la invasión a Ucrania.
“Si la regulación del Gobierno está bien diseñada para bajar los precios a los consumidores, se apunta a desarrollar industria con energía barata y se facilita que las inversiones sean rentables, soy optimista, se puede aprovechar la oportunidad. Que España sea la Arabia Saudí de la UE puede ser real y factible y va a suceder si no nos equivocamos”, dice a El Salto el economista especializado en energía y profesor de la Universidad de Alcalá, José Carlos Díez.
Lo argumenta basado, entre otras cosas, en algo simple: las metas del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC) establecido por Moncloa, las previsiones de inversión que ya se han anunciado y las condiciones climáticas de la península. “Ahora mismo hay solicitudes de inversores privados para incorporarse a la Red Eléctrica por 150 GW nuevos, y si bien hay algo de burbuja y hay algunos que quieren el permiso para revenderlo luego, el número es muy significativo”, recalca.
Según el PNIEC, el objetivo de Moncloa es instalar unos 60 GW para 2030 en energías renovables como mínimo, lo que supondría producir el 75% de electricidad con ellas. El impacto de esto en la bajada de precios del gas será enorme con el consecuente abaratamiento de los costes que beneficiará a consumidores y empresas. “Cuando hay sol y viento, el precio baja y cuando no lo hay, sube porque se consumen más combustibles fósiles —petróleo y gas—. Con el doble de instalación eólica y el triple de solar que seguramente se alcanzará, no necesitaríamos gas. Y para conseguir 60 GW más sólo se requiere utilizar el 1% del territorio”, señala.
(...) desde 2015 la fotovoltaica es la energía más barata para producir, cuesta 30 euros el megavatio, casi la mitad que la generación de eólica marina y similar a la eólica en tierra.
“Lo más atractivo de esto no es sólo producir energía muy barata sino la instalación de empresas. Por ejemplo, Amazon eligió Aragón para su centro de datos justamente por la fotovoltaica. Muchas industrias se van a deslocalizar de Francia y Alemania por la electricidad barata aquí, y de hecho es algo que ya está ocurriendo. La energía es un bien primario determinante y la industria se localizó antes en Francia, Bélgica y Alemania porque había carbón. Ahora la atracción es por la fotovoltaica”, subraya.
(...) La instalación de parques solares y eólicos generará decenas de miles de empleos y según Díez “no hay trabajadores cualificados para este boom, y solo se requiere un curso de tres meses para saber hacerlo”. Imposible no pensar en el déficit de pensiones y la ayuda que sería a la Seguridad Social un incremento sideral de cotizantes.
“Empujados por la lucha contra el cambio climático estamos viviendo un cambio tecnológico y energético sin precedentes, el mayor en más de un siglo”, destaca Díez. Admite que este tipo de frases suenan muy a contramano en estos tiempos de inflación y aumento del gas. Ante la falta de difusión por parte de medios y economistas de este nuevo fenómeno, señala: “Es que no lo ven porque no tienen tanta información. Lo llevo estudiando hace cinco años. Cuando se enteran, no hay argumentos en contra”.
(...) el consenso político apunta a propiciar el camino que llevaría a España al 2030 a tener cerca del 90% de generación de energía renovable, con el impacto que eso conllevaría en la geopolítica y en las cuentas del Estado, ya que anualmente se gastan 30.000 millones de euros —dos puntos del PIB— en importar gas y petróleo que dejarían de enviarse al exterior y sería un capital disponible para cuestiones que mejoren la calidad de vida.
¿Cuál es el desafío? Hay voces menos optimistas que las de Díez. Una de ellas es Frederico Carita, graduado en ADE en Lisboa y especializado en energías renovables de España para la compañía LevelTen Energy. En conversación con El Salto, afirma que “es verdad que hay muy buenos recursos” por horas de sol y suelo disponible pero aprovechar esto “depende de crear las condiciones para que eso pase”. (...)
Carita comenta que toda la cadena de permisos “lleva un promedio de entre dos y tres años, entre el inicio y el fin, para hacer un parque solar” y dijo que por ello es que la Comisión Europea está pidiendo que “sea todo más centralizado”. La diversificación de trámites por separado, sumado a los estudios iniciales y finales, más las licencias ambientales y los permisos de ayuntamiento y construcción son algo que amenaza el aprovechar este boom.
La paradoja es que no hay que eliminar burocracia sino hacerla más eficiente. “Hay que dotar de más recursos a los institutos que sacan estos permisos, que a veces ni hablan entre ellos”, añade. Pero dice que a pesar de todo España no es el peor ejemplo: en Francia el promedio de lo que tarda esta cadena es cinco años.
Otro reto es la interconexión: “La península es una isla energética y hay que trabajar también las interconexiones con otros mercados, porque las renovables son intermitentes entonces si se mejora la conexión entre países se va a disminuir el riesgo de cuando no haya solo viento, o vender el excedente. Esto Francia lo ha bloqueado mucho porque no quería que entrara la renovable barata de España, decían que sí pero luego nada avanzaba, pero ahora la UE ha exigido un porcentaje mínimo de interconexión”.
Carita dice escuchar “muchísimo interés y ganas de inversión en España” en el mercado de las renovables aunque advierte que “se está recalentando” porque “si antes había unos cinco compradores para cada proyecto ahora hay 15, y eso hace que los precios suban; aunque mientras que los inversores tengan un retorno, no hay problema en esto”.
El
momento histórico está servido: cambio del eje productivo hacia las
renovables y una fortuna climática con respecto a los socios europeos.
Los años por venir serán clave para ver si la élite política y
económica española supo aprovechar la oportunidad o fue otra
oportunidad perdida." (Daniel Galvalizi , El Salto, 15/05/22)
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