"(...) UTOPÍA Y DISTOPÍA EN ESPAÑA
Arreglar o estropear el entorno social mundial y europeo de hoy al año 2050, como acabamos de resumir, puede ayudar mucho –o dificultar- lo que podamos hacer en pro de una sociedad decente en España, pero no son pocas las cosas que debiéramos solucionar o evitar deteriorar dentro de España bajo nuestra responsabilidad directa.
El sistema que actualmente reina en España nos conduce a la distopía bajo los eufemismos de la productividad, las reformas, las transiciones, la modernización, la estabilización o la competitividad. Ya que una vez asumida la devaluación interna como única estrategia para conseguirlo el resto llega solo.
Una brecha creciente de desigualdad y otra no menos galopante de ausencia de futuro para los más jóvenes (a los que se les ofrece la milonga del consumismo y de vivir al día). Eso por no hablar de unos impactos ambientales –locales y globales- que solo se entienden de actuar como si el futuro no existiese. O un gigantismo urbano y centrípeto que en nombre de las economías de escala desertiza el resto del territorio y alimenta situaciones de nula resiliencia.
Una estrategia que pasa por externalizar, precarizar y desalarizar. En todo, pero sobre todo en unos servicios con subempleo a tiempo parcial y siempre temporal, con mucha frecuencia femenino. En vez de reducir jornadas a tiempo completo: empleo a tiempo parcial. Tan grande es el pánico a perder un empleo que a casi nadie le preocupa la calidad del mismo. Añadamos la distopía de no poder acceder a una vivienda sino es compartida y siempre muy alejada de las áreas ya gentrificadas; o la emigración hacia economías europeas con bajas tasas de paro para trabajar en lo que salga. Sumemos la distopía y neolengua de la flexibilidad, de reinventarse, de llamar movilidad a lo que es emigración. O la distopía de tener que trabajar cada vez más años antes de la jubilación en un mundo automatizado como nunca antes.
Una estrategia que transita por adelgazar los servicios públicos en la medida en que los recursos fiscales son decrecientes (hay que rebajar y facilitar desgravaciones en la factura fiscal de las empresas para retener su empleo) la sanidad y la educación deben ser necesariamente complementados con ahorro privado (para especialistas, másteres, centros concertados). Las ayudas a la dependencia llegarán en muchos casos cuando uno ya está muerto y las pensiones tendrán un horizonte futuro siempre amenazado de dudas y de recortes. Solución: ahorre para poder estar en el grupo de los que escapan de la distopía neoliberal y sistémica. Para tener una plaza en una residencia de mayores y no tener que trabajar hasta los 80 años.
Incluso así el Estado no dejará de estar cada vez más endeudado con fondos de inversión privados. En riesgo permanente de tener que ser rescatado y de asumir nuevas terapias sistémicas. Y aún con esas la agónica competitividad comercial no será suficiente para pagar un déficit comercial energético a no ser que consigamos atraer a millones de turistas foráneos (que son una calamidad ambiental nacional y global). Añádase que cada día que pasa menos se puede esperar de la demanda interna de los residentes que han sido precarizados y vampirizados por los oligopolios de las finanzas, de la energía o de los combustibles. Oligopolios controlados por los cosmopolitas Vanguard Group o Blackrock de turno.
Ante, y dentro, de un tal sistema español no queda otra que ser antisistema. Abriendo paso a un nuevo pacto social y territorial interno que favorezca la redistribución del empleo y de la riqueza. Trabajar todos menos para trabajar todos, y favorecerse de una parte creciente –y no menguante como hasta ahora- de una riqueza nacional a cada paso mayor. Con reformas no reformistas encaminadas hacia una utopía que podamos llamar sociedad decente allá por el año 2050.
En el sector financiera a la vista de la actual concentración bancaria en muy pocas entidades gigantescas, y participadas por grupos globales, se hace necesario introducir competencia por medio de agentes públicos y cooperativos a escala local y territorial próxima. Sobre todo para las necesidades de los hogares y pequeñas empresas. Algo que debe producirse ya en formato online –además de físico- para no verse desplazados por los gigantes GAFAM en muy breve plazo. Dentro del euro los riesgos asociados a la operativa del BCE no deben transferirse al Banco de España sino mutualizarse. Los costes financieros (públicos y privados) no pueden seguir drenando las rentas de la mayoría de los ciudadanos, así como tampoco deben hacerlo los precios de la energía (electricidad y carburantes).
Los oligopolios del sector de la electricidad deben abrir espacio al autoconsumo local y de agentes cooperativos con fuentes renovables y. al tiempo, fijar los precios con una media ponderada de las fuentes primarias utilizadas. El Gobierno debe diseñar un calendario de cierre nuclear y de recuperación pública de las fuentes renovables para entidades locales.
Los déficits de productividad no son un problema en las empresas de mayor tamaño, pero no por eso se debe ganar tamaño a cualquier precio. La proximidad y autonomía de los abastecimientos y el empleo decente (estable, a tiempo completo en jornadas reducidas, con protección social plena, con ingresos crecientes) aunque no pueda competir en precios con opciones foráneas, si lo hace en resiliencia y sostenibilidad social. Son dos razones sobradas para desmontar y descongestionar mega concentraciones urbanas y empresariales, rompiendo sus dinámicas centrípetas sobre el territorio.
Será sobre esa base que las pequeñas y medianas empresas (privadas, cooperativas o de la economía social) debieran mejorar su organización y transferencia de tecnología. Pues en muchos casos el mejor esfuerzo en I+D consiste en detectar lo que nos es de mayor utilidad incorporando herramientas ya disponibles a lo largo del mundo. También en este ámbito la digitalización de los servicios debiera subordinarse a la no destrucción de empleo y a la calidad y personalización del mismo. La propia digitalización debiera tener como objetivo central que el 5G, el big data y la nube se manejen bajo soberanía europea.
El empleo decente tal como queda caracterizado debe primarse para así frenar la desalarización y los falsos autónomos, el empleo a tiempo parcial y todas las formas de trabajo dependiente que son consustanciales al riesgo de pobreza (con mucha frecuencia femenina). Para favorecerlo nuestra Seguridad Social debiera descargar los costes sobre la masa salarial y compensarlos con cotizaciones sobre el resto del valor añadido de las empresas.
La educación de los ciudadanos como consumidores (en los medios públicos y en los centros educativos) debe centrarse en el freno del consumismo y en la solvencia de sus decisiones desde el punto de vista ambiental y de la inclusión social. Lo más barato no es con mucha frecuencia la mejor opción. Para contribuir a este objetivo las agencias de protección a los consumidores y usuarios deben hacerse más visibles y reforzar sus recursos.
En lo que se refiere a la reconstrucción y fortalecimiento del Estado de Bienestar en lo relativo a sus ingresos es necesario duplicar los efectivos de la inspección (sobre todo en la vigilancia por la Unidad de Control de Grandes Empresas), evitando que el tipo efectivo del impuesto de sociedades sea decreciente a partir de los cien empleados, igualar la rateo de ingresos sobre el PIB con la media europea, armonizar el trato fiscal entre las rentas de capital y las del trabajo, así como suprimir las SICAV y ETVE. Todo ello enmarcado en una reforma fiscal ajustada al entorno europeo que ya quedó esbozado.
Con sus nuevos recursos nuestra Hacienda y Seguridad Social añadiría a la ciudadanía social europea (que garantiza una renta básica, un subsidio de desempleo y pensiones no contributivas) una ciudadanía española con pensiones contributivas mínimas por encima del SMI y actualizadas con el IPC, así como una asistencia sanitaria universal y pública financiada con el mismo esfuerzo sobre el PIB que en la media europea. Sin olvidar una oferta pública de enseñanza reforzada con los recursos financieros y humanos que hoy detrae el sistema concertado. Sin tampoco olvidar una oferta pública de alquiler de viviendas que no podrá superar un porcentaje máximo de los ingresos del inquilino en su renta mensual.
Si es necesario ser antisistema, por un motivo distinto del social, sin duda debe uno serlo por razones ambientales. De entrada porque solo relativizando el objetivo del crecimiento del PIB (y del consumismo que lo acelera) podremos hablar seriamente de sostenibilidad. Solo entonces podremos hablar en serio de transición energética hacia las energías renovables y de un calendario solvente de cierre nuclear y de abandono de combustibles fósiles de los que –además- no disponemos.
Solo en este marco podremos hablar en serio con terceros países que hoy practican dumping comercial a costa de una desconsideración de los daños ambientales locales y globales que provocan. Solo así podremos progresas en serio hacia un modelo de movilidad colectivo alternativo al privativo. Necesariamente de proximidad frente a aprovisionamientos y ocios a largas distancias. Y, en el transporte intra europeo, potenciando el cabotaje y lo ferro portuario. No hay otro modo de conseguirlo.
P.D. Este artículo continúa -en el original en gallego publicado en el número 100 de la revista LUZES- con un extenso apartado titulado “Utopía y distopía en Galicia”; el lector interesado puede consultarlo aquí." (Albino Prada , Sin permiso, 16/06/2022)
No hay comentarios:
Publicar un comentario