2.6.22

Jóvenes, los economistas os están robando el futuro... notamos que en España nos hacen falta médicos, enfermeras, profesores, bomberos, policías, soldados... hay algo que está fallando en el trabajo, de manera radical, y tiene que ver con la falta de empleo... toca relocalizar como instrumento estratégico... la reindustrialización de buena parte de los productos generará trabajo, revitalizará la actividad económica y proporcionará una mayor fortaleza del mercado interior, que es una de nuestras mayores bazas... Significa olvidarse de las fórmulas que hemos empleado hasta la fecha y que (hay que insistir mucho en esto) nos han traído a esta situación de debilidad social, territorial y estratégica... entonces hablaremos de si las pensiones son o no sostenibles y de la deuda que dejamos a las generaciones jóvenes... la peor deuda que estamos dejando es la de un sistema empeñado en no generar trabajo y en competir internacionalmente mediante salarios bajos

 "(...) Lo que notamos es que en España nos hacen falta médicos, enfermeras, profesores, bomberos, policías, soldados. Las plantillas están por debajo de las necesidades, lo que provoca deficiencias significativas.

 Pero, por otra parte, la digitalización del trabajo que se ha llevado a cabo hasta la fecha lo único que ha provocado es un adelgazamiento de las plantillas que conduce a que la tramitación de los procesos sea extremadamente ineficiente. Al margen de que están animadas mucho más por estrategias de control que de mejora de los servicios, lo cierto es que, al faltar mano de obra, de la que se ha prescindido innecesariamente con la excusa de la digitalización, la supuesta agilidad y rapidez que nos traería la sistematización digital se transmuta a menudo en errores y caos.

 No hay más que ver las dificultades que muchas administraciones tienen para dar cita para asuntos tan importantes como las consultas sanitarias, o las quejas de los usuarios de los bancos por las dificultades de sus sistemas o por el cierre de sucursales y la falta de atención presencial.

A todo esto hay que sumar que los profesionales españoles con buenas credenciales académicas optan por marcharse fuera, donde obtienen mejores salarios y mayores oportunidades. Una de las quejas más habituales en las empresas privadas es la saturación laboral debido a plantillas cortas. Y así sucesivamente. Hay algo que está fallando en el trabajo, de manera radical, no lo estamos poniendo coto, y tiene que ver con la falta de empleo.

 Todos estos argumentos eran desechados por irrelevantes, ya que suponían mayor gasto público o menor eficiencia para las empresas, o menor rentabilidad para la cuenta de resultados, entre muchas otras objeciones. El sistema tenía problemas, pero los cambios en otra dirección no harían más que empeorar las cosas. Al menos, así era hasta el giro geopolítico que ha provocado la invasión de Ucrania.

Una de las ideas más repetidas en esta nueva competición entre bloques es la necesidad de recuperar capacidades estratégicas occidentales. Se ha mencionado una mayor inversión en defensa, la imperiosa autonomía energética y alguna cosa más, estilo semiconductores. Pero esa es una visión reduccionista, pobre e insuficiente. Conservar las capacidades estratégicas requiere de mucho más. Para empezar, de industria propia.

 Como Europa externalizó buena parte de su producción (y España más aún), ha quedado mucho más expuesta a los problemas en la cadena de suministro y a los precios elevados. Lo vimos en la pandemia, con un producto tan sencillo de fabricar como las mascarillas, pero no aprendimos nada

Y lo estamos volviendo a ver en estos instantes. Producir en lugares baratos no es más eficiente, a menudo es un problema. Por ejemplo, cuando los costes aumentan por el combustible y el transporte, o porque los productores, aprovechándose de las dificultades, deciden aumentar los precios. O porque las vías de transporte dejan de ser seguras. No podemos estar expuestos a lo que otros países decidan. La lección de la energía sirve para muchos otros campos.

En consecuencia, toca relocalizar como instrumento estratégico, pero también de fortalecimiento interno en esta nueva época. Es una opción que puede plantear dificultades, pero es mucho más seguro y más eficiente. Dado que la reindustrialización de buena parte de los productos generará trabajo, también revitalizará la actividad económica y proporcionará una mayor fortaleza del mercado interior, que es una de nuestras mayores bazas. Pero eso implica un nuevo foco que permita gestionar la economía de otra manera. Significa olvidarse de las fórmulas que hemos empleado hasta la fecha y que (hay que insistir mucho en esto) nos han traído a esta situación de debilidad social, territorial y estratégica.

 Cuando eso ocurra y se hayan generado todos los puestos de trabajo que necesitamos, y se haya consolidado una actividad económica interna sólida, tanto en Europa como en España, hablaremos de si las pensiones son o no sostenibles y de la deuda que dejamos a las generaciones jóvenes. 
 
De momento, la peor deuda que estamos dejando es la de un sistema empeñado en no generar trabajo y en competir internacionalmente mediante salarios bajos, que piensa en cómo afilar cada vez más los presupuestos en lugar de en crecer mediante la creación de muchas de las fortalezas que, además, necesitamos en un momento geopolíticamente crucial."                    (Esteban Hernández, El Confidencial, 25/05/22)

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