"(...) Joder al vecino del Sur
Llegamos a otoño de 2009, el momento decisivo. El nuevo gobierno griego informó de la manipulación de sus cuentas. Goldman Sachs había asesorado a Grecia para ocultar su deuda y el país necesitaba liquidez. La cantidad solicitada era pequeña comparada con las que se habían movido, pero la UE no repitió el esquema de la ayuda al Este ni el de la banca de países centroeuropeos porque se ofrecía a ese grupo la posibilidad de transformar una crisis de activos tóxicos en una de deuda pública y, sobre todo, centrar el foco geográfico. Eso fue lo que sucedió.
Los gobiernos de los países centroeuropeos optaron por «joder al vecino» del Sur. Se dilató la ayuda, se exageró el problema, los bancos de los países ahorradores apostaron contra Grecia y el resto de países del Sur para hinchar los intereses y, en una jugada de humor negro, Mario Draghi, el presidente de Goldman Sachs Europa durante de la manipulación de las cuentas, fue nombrado presidente del BCE. Los países centroeuropeos, liderados por Alemania, comenzaron un plan que podía poner en riesgo al euro para salvarse ellos mismos. Lo lograron.
La situación de Grecia se dejó pudrir políticamente para que afectara al resto de la periferia mediterránea, Portugal, Italia y España. Tras meses y meses de discusiones, cumbres, reuniones, planes de ajuste y llamadas de auxilio en los que solo se hablaba de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), el 25 de marzo de 2010 Francia y Alemania acordaron un plan para rescatar las finanzas griegas. Seis meses en ayudar a un país de la zona euro. La ayuda al Este había tardado 19 días. Nadie dijo hacemos lo que sea necesario. Al contrario que Polonia o Hungría, Grecia no tenía otras opciones, como devaluar su moneda. Además, el plan griego tenía la participación de otros actores, como el FMI, intervención política, mecanismos del control y condiciones que condenaban al país. Era pura doctrina del shock.
Los países mediterráneos, débiles políticamente, no resistieron y el plan funcionó. Mientras el Sur se freía en medio de tensiones de deuda, Alemania, el país y su sistema financiero, se financiaba a costes, incluso, negativos y tenía cifras récord de empleo. La sumisión mediterránea permitía a Alemania establecer normas para garantizar el hundimiento económico de la Periferia, como las políticas de austeridad. Por ejemplo, el 23 de octubre de 2011, la UE admitía que los activos tóxicos de los países centroeuropeos pudieran valorarse al 100% en la contabilidad, mientras que se recortaba el valor de la deuda soberana periférica, que era la base de la banca de esos países.
Grecia, Italia y Portugal sufrieron rescates con condiciones que, tal y como se pretendía, focalizaron la crisis al hundir sus respectivas economías.
En algunos casos, como el griego, hasta la devastación. Recordemos que,
en 2008, se habían movilizado mecanismos de rescate por valor de 1,6
billones de euros. Sin condiciones. De la solidaridad a la penitencia. Han vivido por encima de nuestras posibilidades, se decía. Se comparaban las pensiones de jubilados griegos y alemanes. Que vendan alguna isla, se llegó a decir.
El rescate en B español
España tuvo su propio modelo. Teóricamente, el incendio era limitado y el dinero exterior debía destinarse al sistema financiero. También hubo un rescate en B. Los bancos españoles, además de la mutualización de pérdidas a través del banco malo y la financiación exterior, tomaron el dinero del BCE para la compra de deuda española, en máximos por la especulación financiera, operación que contrajo el crédito al sector productivo y consumidor. Desde noviembre de 2011 a septiembre de 2013, los bancos dispararon un 81% la compra de bonos nacionales; de 165.000 millones de euros a casi 300.000 millones de euros (135.000 M€). Es una práctica que recibe el nombre de carry trade.
En España, la contracción del crédito debido a la compra de deuda pública y a la desaparición de la red descentralizada de cajas, músculo de un país basado en la pequeña empresa (en 2008, teníamos 49 bancos y 45 cajas de ahorros en España; hoy, hay tres (Santander, BBVA y Caixabank) con un 70% de cuota de mercado), junto con las primeras decisiones del nuevo gobierno (subidas de impuestos, recortes y devaluación salarial a través de la reforma laboral), aseguraron el shock. El estancamiento de los salarios y el desmantelamiento de los servicios públicos golpeó a la gente que vive de su trabajo, llamada habitualmente clase media para ocultar este hecho.
La clase media fue el resultado del pacto social establecido en Europa tras la II Guerra Mundial y su desarrollo se debe a la estabilidad laboral, la extensión de la propiedad y, sobre todo, a la existencia de servicios públicos que son los que facilitan la promoción económica, social y cultural, y evitan el desclasamiento en situaciones de adversidad. El fin de la clase media, más que la deslocalización de la industria es la privatización de los servicios públicos y la introducción de la desigualdad y la inestabilidad como modelo. Es decir, competición y precariedad. Os están haciendo lo mismo que a nosotros, me dijo una alumna argentina esos días.
Países en venta
La salida fue la financiarización de la economía. Se abrió la puerta a los fondos de inversión a través de la privatización de servicios públicos o la venta de empresas, infraestructuras o vivienda. Mi alumna no se equivocaba. Grecia recibió un shock. En España, las carteras inmobiliarias de las cajas se liquidaron a precio de saldo, con pisos por el precio de un móvil, y se cambió la legislación para facilitar la formación de sociedades de gestión de activos inmobiliarios (socimis). Las ciudades comenzaron a venderse y el turismo fue señalado como un motor de la recuperación, el sector donde los que se habían quedado atrás podían encontrar empleo.
El 26 de julio de 2012, el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo que haría lo que fuera para sostener al euro. La crisis había provocado un estancamiento económico de la zona euro y una tormenta sobre la moneda, pero había logrado su objetivo: transformar la crisis de activos tóxicos de países centroeuropeos en otra de deuda de países mediterráneos. Durante dos años, los países del Sur se habían frito en la crisis de deuda y había recibido severos planes de ajuste que habían provocado diferentes tipos de reacciones sociales, pero no una alternativa. Es bastante hipócrita sorprenderse por la desafección política cuando se limita la capacidad del sufragio porque las opciones se limitan a gestionar el mismo modelo. Por eso, los estímulos no lograron funcionar. No fueron un plan Marshall, sino una acumulación originaria ante la llegada de la economía de plataforma que es más una modificación de las relaciones laborales que un cambio tecnológico.
Es interesante recordar todo lo anterior no para ser mezquinos ahora,
sino para entender que todo es política. No fue inevitable ni sentido
común. Personas concretas en días concretos tomaron decisiones concretas
por motivos concretos siguiendo un modelo concreto, como ya se había
hecho en otras partes del mundo. Por lo tanto, todo cambiará mediante la
política, aunque el modelo ofrezca el mensaje contrario. Los mensajes
sobre el buen pueblo contra las malas élites sólo refuerzan lo que
existe porque no ofrecen salida. La desigualdad es la realidad. El eje izquierda-derecha es qué vas a hacer con esa realidad.
Si dices que no existe, es que no vas a hacer nada y, si no haces nada,
el capital acumula porque ese es el modelo. Todo es política.
Organización e ideología." (Jorge Dioni , La Marea, 29/07/22)
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