27.8.22

Nos están acojonando... es la la estrategia de la tensión. Un gobierno empeñado en meternos miedo... Desde los blindados despachos anuncian el churchilliano “sangre, sudor y lágrimas”, sin ser ucranianos. Debe haber un motivo... Si se trata de una profunda e irreversible crisis económica no casa muy bien con reducir el aire acondicionado y apagar las luces. Eso no es sufrimiento, eso se limita a incomodidad... pasa que la amenaza del sufrimiento ha venido para quedarse, al menos el tiempo justo para acojonarnos y que nada sea susceptible de cambiar

 "Nuestra tarea cuando escribimos no consiste en otra cosa que intentar echar algo de luz, aunque sea con un candil, al bosque de palabras que nos cubre. La estrategia de la tensión. Un gobierno empeñado en meternos miedo. No era suficiente con el terror aún no explicado de la pandemia -¿cuándo nos enteraremos del exterminio de ancianos en las residencias?- y ahora nuestros gobernantes pujan en la escalada del siniestro futuro que nos amenaza. Desde los blindados despachos anuncian el churchilliano “sangre, sudor y lágrimas”, sin ser ucranianos. Debe haber un motivo.

No salgo aún de mi perplejidad tras escuchar a la ministra de Defensa pronosticar que “va a haber mucho sufrimiento”. Esto, enunciado por la responsable del Ejército, me acerca a la guerra, aún no sé contra quien. ¿Putin? ¿Declararemos la guerra a Rusia, ahora que se han cumplido seis meses de la invasión de Ucrania? Ya lo escribimos en su momento: se ha iniciado otra conflagración mundial y no se parece en casi nada a las precedentes, fuera de las matanzas de civiles. Pero intuyo que las cosas no van por ahí y que las guerras entre potencias poderosas tienden a cronificarse.

Enmanuel Macron acaba de anunciar “el fin de la abundancia”. Un sarcasmo para una población cada vez más empobrecida. Quizá piensa que la abundancia es un bien compartido, en el que unos disfrutan y otros sufren. ¿Vivíamos en la abundancia sin saberlo? Hago repaso del deteriorado estado de bienestar y no encuentro razones que aboguen por la sensación de vivir por encima de nuestras posibilidades. Otra cosa es que vivamos por encima de nuestras responsabilidades: el turismo vacacional se ha multiplicado, las hipotecas aún no han saltado por los aires y el vivir al día es una fórmula más parecida al romano “carpe diem” que a la sensación de tomarse un respiro ante el futuro inquietante.

Pero la consigna gubernamental que apela al sufrimiento que nos amenaza a la vuelta de la esquina, como quien dice en el invierno, me temo que responda a otros parámetros. Si se trata de una profunda e irreversible crisis económica no casa muy bien con reducir el aire acondicionado y apagar las luces. Eso no es sufrimiento, eso se limita a incomodidad, a menos que la veterana juez y ahora ministra no haya sufrido en su vida, fuera de las incomodidades del rango y la siempre engorrosa redacción de autos y sentencias. (...)

Cuando todos los ministros con el presidente a la cabeza aseguran que debemos acojonarnos, no cabe tomarlo a chufla. Lo que importan son los efectos de la presión sobre los afectados. Escuché en una ocasión un chiste cubano que lamentablemente no soy capaz de trasmitir en su brillantez caribeña. Eran tiempos del “Período Especial”, cuando acababa de quebrar la Unión Soviética y la engañifa de la economía cubana se vino abajo para mayor quebranto de una población necesitada de todo, desde la libertad a los productos básicos. Se celebró entonces una asamblea de los animales del zoológico de La Habana. Hablaron los elefantes y propusieron el sacrificio de las especies más grandes y comedoras. Pero una hormiga de la manigua se puso a llorar ante la perplejidad de los reunidos. ¿Por qué lloras hormiguita, si sólo eliminaremos a los más gordos? Y entre sollozo y sollozo la hormiga exclamó: “¡Es que se cometen tantos errores!”

Los estrategas políticos no hacen chistes y cuando les salen no es por su voluntad sino porque convierten lo patético en una comedia. La amenaza del sufrimiento ha venido para quedarse, al menos el tiempo justo para acojonarnos y que nada sea susceptible de cambiar."                 (Gregorio Morán, Vox Populi, 27/08/22)

No hay comentarios: