La crisis bélica, energética e inflacionaria resulta un nudo con gravedad propia que no puede ser tomado a la ligera. Pero tampoco sobrevalorado, ya que muchos de los elementos que la hacen más grave son netamente arbitrarios. Primero, nuestro problema energético inmediato es que ante una reducción de la oferta gasística debido a la guerra, el sistema de fijación de precios, pensado para privilegiar a las empresas, no ha variado, pasando de lo injusto a lo insostenible. Segundo porque lo que la inflación lo que plantea es un conflicto entre beneficios privados contra recursos comunes y salarios. El Gobierno está acertando en las medidas de carácter social paliativo, pero le falta un modelo propio que enfrente el conflicto entre beneficios privados contra salarios, además de una política tributaria que no sacrifique por defecto los recursos comunes. Sin coherencia entre ambos aspectos sólo gestionas el modelo neoliberal.