2.9.22

La única cooperativa relevante en el sector residencial fue la que mejor resistió la pandemia en Euskadi y Navarra

 "El sector de las residencias de mayores está cada vez más controlado en España por un grupo de empresas privadas en manos de fondos de inversión y de multimillonarios españoles y franceses. También la Iglesia católica gestiona cientos de residencias, sobre todo a través de congregaciones de monjas. Las fundaciones y asociaciones no religiosas y las cooperativas tienen un papel muy limitado, con una única excepción: Gestión de Servicios Residenciales (GSR), una cooperativa del grupo vasco Mondragón que cuando comenzó la pandemia se encargaba de 19 geriátricos. De ellos, 14 estaban en Euskadi y tres en Navarra.

Los datos de fallecidos en las residencias de ambas comunidades durante la primera ola de la pandemia, obtenidos por infoLibre a través de los portales de transparencia de los cuatro territorios forales, muestran que GSR fue precisamente el grupo que mejor resistió tanto en Euskadi como en Navarra. 

 En marzo y abril de 2020 fallecieron unas 20.000 personas mayores que vivían en residencias. Muchas de ellas, especialmente en Madrid y Cataluña, después de que se les negase la derivación a un hospital y perdiesen la vida en los propios centros sin recibir una atención médica adecuada. En mayo de aquel año, infoLibre solicitó a las 16 comunidades autónomas y las tres diputaciones forales vascas con competencias sobre la materia los datos de fallecidos desglosados por residencias. Como informó ayer este periódico, los datos oficiales de 14 comunidades autónomas confirman que la hecatombe en los geriátricos se concentró en los grandes grupos privados.

GSR representa la otra cara de la moneda. En Euskadi gestionaba en aquel momento 14 residencias, que en total disponían de 818 plazas. En diez centros no falleció ninguna persona con covid o síntomas compatibles, en un geriátrico murieron cuatro (Debagoiena en la localidad guipuzcoana de Aretxabaleta) y en otros tres se registró un deceso en cada uno. En Navarra GSR se encargaba de tres centros con 179 plazas, de los que dos no tuvieron ninguna víctima mortal, mientras que en el tercero falleció una persona. En ambas comunidades, si se comparan los porcentajes de residentes fallecidos con el número de plazas gestionadas, GSR tuvo los mejores datos.

En Euskadi y Navarra también se cumplió la misma pauta que en el resto de España: la catástrofe se concentró en los principales grupos privados. En el primer caso el protagonismo negativo fue de DomusVi, en cuyos centros murieron 90 personas, el 13,7% de todas las que perdieron la vida en Euskadi (653 en total) a pesar de que sólo gestionaba el 6,4% de las plazas residenciales (1.197 en números absolutos). En el segundo fue de Amavir, que sumó 83 víctimas mortales en Navarra (20,6% del total), comunidad donde contaba con 639 plazas (10,9% del total).

 También fueron muy negativos los datos de Caser en Euskadi, con 70 fallecidos (10,7% del total) en los tres territorios, donde explotaba 812 camas (4,3% del total).

En el conjunto de Euskadi fallecieron 653 personas mayores en los dos primeros meses de pandemia. La comunidad disponía de 18.715 plazas residenciales, de forma que la tasa de mortalidad se situó en el 3,5%. Mucho más alta fue en Navarra, con 403 muertes en una comunidad que contaba con 5.835 camas, de forma que esa tasa alcanzó el 6,9% (en realidad en ambos territorios fue algo menor puesto que, aunque la ocupación era altísima, no todos los centros estaban llenos al cien por cien).(...)"                     (Manuel Rico, InfoLibre, 29/08/22)

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