"Madrid despierta, Madrid se encuentra tras un prolongado letargo que comenzó en marzo de 2020, cuando las calles se vaciaron en la lucha contra el virus.
(...) uno de los mayores riesgos que contempla la política: el ensimismamiento en la arrogancia. A Ayuso, después de una victoria electoral indiscutible, después de convertirse en la lideresa de la restauración reaccionaria, después de haber encabezado el golpe contra Casado, si algo le sobra es arrogancia, la creencia de que sus decisiones son indiscutibles.
El plan sanitario de la Comunidad de Madrid no es un error, ni siquiera una negligencia,
sino que lleva el apellido de la premeditación. Atacar al sistema
sanitario público en el epígrafe de las urgencias y de la atención
primaria solo puede tener la intención de precarizar la puerta de
entrada a las especialidades, complicar la respuesta inmediata a la
contingencia y romper la capilaridad por el territorio. Es decir, crear
un desasosiego que mande al ciudadano, que pueda permitírselo, a la
privada, de la misma forma que en los parques temáticos se venden
entradas premium que permiten saltarse la cola de las atracciones. (...)
La realidad material más extrema no admite de guerras culturales y, cuando se trata de jugarnos no solo ese concepto difuso llamado bienestar, sino nuestra propia vida, la ciudadanía aparca las cañas y se pone del lado de las batas blancas, esas que fueron aplaudidas desde los balcones para pasar a ser sospechosos, conspiradores, tal y como dijo Margaret Thatcher de los mineros; el enemigo interior. Hay líneas que no conviene saltarse, sobre todo en tiempos de incertidumbre. Ayuso no solo ha equivocado los tiempos, sino que ha equivocado la cabeza de turco: aquellos que se jugaron la vida por salvar la de todos cuando el mundo parecía deshacerse.
Madrid ha despertado, encontrándose en ese espíritu comunitario que hace ya 20 años le hizo lanzarse a decir no a una guerra injusta e ilegal. Hoy
el conflicto es más cercano, se juega en aspectos como la sanidad, la
educación o los servicios sociales. Se juega, sobre todo, en la propia
conciencia cívica, aquella que marca que hay algo más, más poderoso que
la ley de la selva, la certeza de que la supervivencia es un instinto
colectivo." (Daniel Bernabé, El País, 13/11/22)
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