"- ¿Qué le pasa a Feijóo?
- "¿Que qué le pasa?" Nada, ¿por qué?
- Ya no está ‘como antes’... No es buen parlamentario.- ¿Lo ha sido alguna vez?
- Sí ... ¿no?
Esta conversación banal (o no) se producía mientras el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, interpelaba a Pedro Sánchez en el Senado con no demasiado éxito. Y era difícil fracasar, admitámoslo, porque la semana horribilis del Gobierno, con los tropiezos de la ley del sí es sí y el debate sobre la reforma sí/no del delito de malversación, daba al principal partido de la oposición una ventaja holgada de Feijóo sobre el jefe del Ejecutivo. No pudo ser.
Una vez más, se demostró que hay alguien en el PP dispuesto a dejar quedar al expresidente de la Xunta de Galicia como un pelagatos político. Alguien que no solo le indica lo que tiene que hacer y cómo hacerlo a través de la prensa, sino que además, quiere que se note. Quiere que contemplemos que Feijóo actúa al dictado de un sanedrín formado, sin duda, por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y otros dirigentes y/o mentes pensantes del Partido Popular que no se pronuncian en público en los mismos términos: o Feijóo se comporta como ellos y ellas quieren que se comporte o su liderazgo se tambalea.
Es normal. Contrariamente a lo que el expresidente gallego cree, gracias a una autoestima bien esculpida en Galicia a golpe de control mediático, Feijóo no llegó al liderazgo del PP nacional porque él quisiera llegar, sino porque lo trajeron para sustituir a un Pablo Casado quemado hasta el tuétano del hueso estribo por revolverse contra la omertá del partido en asuntos de corrupción. Y Casado lo hizo no por interés ciudadano, sino por puro beneficio particular: cargarse a la presidenta madrileña (¡la madrileña!) para que dejara de hacerle sombra. Todavía se recupera del golpe, dicen.
Feijóo nunca ha sido un buen orador, al revés, y les invito a que vean sus comparecencias en el Parlamento gallego. El problema es que ahora se enfrenta a esa realidad sin edulcorar y a un manual instrucciones que, como cuando PSOE y PP estuvieron a punto de llegar a un acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se le aparece en el momento preciso y en firma de portada de periódico para que no se desvíe. Allí, negro sobre blanco, le habla el sanedrín del PP, anónimo pero archiconocido, sutil pero implacable: "Mátalo, mátalo, mátalo ...". Y no hay manera, Sánchez sobrevive y, en ocasiones, parece crecer, pero no se confíen: Feijóo es tenaz y seguirá entrenando, eso también lo sabemos muy bien en Galicia." (Ana Pardo de Vera, Público, 23/11/22)
"Pulcinella, Don Cristóbal, Don Roberto, Barriga Verde o Feijóo son diferentes formas de llamar a un fantoche o títere.
Feijóo estuvo ayer en el fantocheiro, el teatro donde se desarrolla la obra que nosotros llamamos Senado. Se le veían los hilos al mover los brazos, hilos que al seguirlos llevaban a la sede de El Mundo, que dirige al presidente del PP a través de portadas. Para saber qué hará Feijóo no hay más que mirar cuáles son las instrucciones que le otorga, con amenazas y advertencias, la prensa conservadora y ultra de Madrid. El diario El Mundo ha logrado teledirigir a Feijóo usando la tercera persona para ocultar como información lo que no es más que una posición política editorial. Ya ocurrió cuando amenazó al líder conservador con llegar a un acuerdo con Pedro Sánchez por el Consejo General del Poder Judicial y volvió a funcionar al dictar cuál tendría que ser el tono de la intervención en el Senado.
Feijóo tiene un problema enorme porque para saber cuál es su posición, no hay más que mirar las portadas de los periódicos. No tiene autoridad. No se atreve a llevar la contraria al diktat de su prensa porque no la paga como hacía en Galicia, aquí la que la controla - y la paga- se llama Isabel Díaz Ayuso y se ocupa de filtrar a esos mismos medios que también tiene capacidad para doblar el brazo a su supuesto jefe mandándole whatsapps. Feijóo se calla, no pone orden entre los que le tutelan porque sabe que no tiene poder, y un líder con tal carencia de autoridad y esa percepción de debilidad interna es un líder a merced de las intrigas.
Está mientras se le permita estar. Su manera de defenderse de estos controles externos es en sí misma una muestra de debilidad demoledora. Los próximos a Feijóo se defienden ante los periodistas diciendo que vinieron a buscarles a Galicia por lo que sabían hacer, así que les tienen que dejar hacerlo. Su defensa es pedir permiso a los poderes de Madrid para que no le den el golpe de gracia. (...)
Pedro Sánchez hizo pedazos esa entente de la dramaturgia enseñando quién está detrás del escenario controlando los títeres y mostrando al guiñol quién maneja los hilos enarbolando las dos portadas de El Mundo. Fue demoledor, se acabó la magia que hacía creer al público de Madrid que el actor que llegaba de Galicia con el aura de estadista y hombre con auctoritas no era más que una marioneta al servicio del poder madrileño.
Feijóo tiene la barriga verde al estilo de la mítica marioneta gallega del maestro José Silvent que recorría los pueblos gallegos a principios del siglo XX hasta el final del franquismo. Barriga Verde representaba escenas de cachiporra donde el personaje luchaba contra los abusos de la autoridad, pero nuestro Feijóo no se atreve demasiado a luchar contra los que le dirigen como a un títere de guante. Barriga Verde acababa todas sus obras con una frase después de terminar de un cachiporrazo con satán: "Morreu o demo, acabouse a peseta" (Muerto el demonio, se acabó la peseta), que era lo que costaba la entrada al espectáculo. No parece que el guiñol de Feijóo se atreva a acabar de un golpe certero con aquellos que le dirigen, no tiene ni fuerza ni autoridad, para terminar con el espectáculo. Que siga el teatro de títeres." (Antonio Maestre, blog, 23/11/22)
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