30.4.23

Hay mucha gente en la pasada década, tanto en España como en otros países, que sale a la calle exigiendo un reparto mas justo de la riqueza en la sociedad. De ese momento nacen dos respuestas, una de carácter ultraderechista, agazapada, silente pero que sigue existiendo, y otra que acude al recurso de una defensa del status quo que decide saltarse todos los procedimientos que la propia democracia se otorga a si misma... Y en el caso español, los métodos se les van de las manos... cuando el PP se apropia de los métodos de guerra sucia... una vez que el gobierno del PP abandona la Moncloa tras la moción de censura, por evitar su propia purga interna, por evitar enfrentarse a una década de corrupción desmedida y por intentar desmontar este gobierno lo antes posible, recurre a la narrativa de la ilegitimidad... En el momento en que llega la pandemia, se utilizan todos los medios desde sectores del estado muy relacionados con la judicatura, los medios de comunicación y el poder político, para hacer caer al gobierno... incluso con la actuación del Tribunal Constitucional cuando impide una reforma en el Congreso (Daniel Bernabé)

 "(...) Cuando encontramos a periodistas interpelando a la movilización en las calles, construyendo narraciones que tratan de imputar la ilegitimidad a gobiernos democráticos que sí son legítimos y cuando las cloacas pasan de ser zonas de penumbra a espacios de poder visibles que cobran más relieve que nunca con Ministros del interior, villarejos y más periodistas, se observa que hoy no existe una narrativa que la represente desde la ficción. Por eso defiendo que esta novela preserva el espíritu de las novelas de Carvalho cuando abordaba las contradicciones del poder y de la sociedad de su tiempo.

Sí y, en el fondo, lo que subyace es un problema de índole económico. A partir de la crisis financiera, el orden neoliberal entra en una profunda crisis sin solución. Todas las recetas que se llevan aplicando en Europa y EEUU dejan de funcionar de tal manera que la ideología consustancial al orden carece de dirección, creando una serie de contradicciones de legitimidad y de representación. Hay mucha gente en la pasada década, tanto en España como en otros países, que sale a la calle exigiendo un reparto mas justo de la riqueza en la sociedad. De ese momento nacen dos respuestas, una de carácter ultraderechista, agazapada, silente pero que sigue existiendo, y otra que acude al recurso de una defensa del status quo que decide saltarse todos los procedimientos que la propia democracia se otorga a si misma.

Y en el caso español, los métodos se les van de las manos.

En el caso español, lo encontramos durante la segunda parte de la década pasada, cuando se alinea el descontento vinculado a la precariedad, los despidos, los recortes y la corrupción, y cuando el PP se apropia de los métodos de guerra sucia contra los desajustes que, consideran, amenazan el orden existente. Se crea la policía patriótica para pergeñar noticias falsas que atentan contra la credibilidad de sus adversarios políticos y esto tiene que contarse con un correlato de medios, de periodistas afines que, aunque conozcan la falsedad de estos materiales, los publiquen y los extiendan. 

Sucede que, una vez que el gobierno del PP abandona la Moncloa tras la moción de censura, existe la posibilidad, aunque se había tratado de evitar con las sucesivas repeticiones electorales del 2015, de que la izquierda llegue al gobierno. Esto tiene como consecuencia que la derecha, por evitar su propia purga interna, por evitar enfrentarse a una década de corrupción desmedida y por intentar desmontar este gobierno lo antes posible, recurra a la narrativa de la ilegitimidad. Un gobierno legitimo que surge de unas elecciones es transformado en una excepción y en algo que hay que tirar a toda costa.

 En el momento en que llega la pandemia, acontecimiento inesperado que provoca un caos notable y grave, es aprovechado para acelerar la caída del gobierno y se utilizan todos los medios desde sectores del estado muy relacionados con la judicatura, los medios de comunicación y el poder político. Hay un intento continuado de desarmar un gobierno durante toda la legislatura que se extiende, incluso, a la actuación del Tribunal Constitucional cuando impide una reforma en el Congreso y en el Senado. Como vemos, los procedimientos se les van de las manos. (...)

Todo empieza en septiembre es también un intento de mostrar la debilidad de las estructuras institucionales y también de la soledad de los periodistas a la hora de abordar la información. Jaime Peña encarna esta circunstancia bastante bien y es un hecho cierto que cuando uno intenta abordar una investigación donde la corrupción o los movimientos de orden fascista y golpista están presentes, el periodista se encuentra más desamparado de lo que el público lector se cree.

Para un free lance de los medios de comunicación desde luego, resulta bastante complicado. En el fondo, estás jodido. A la hora de repartir, el éxito de una investigación es compartido por el periodista y la cabecera, pero si hay problemas, entonces el problema es tuyo. Eso provoca que puedas estar expuesto a una pena de cárcel por una querella o a pagar una cantidad exorbitada por una demanda. 

Conozco a compañeros que han sido denunciados y después han tenido tratos judiciales con VOX y, afortunadamente, han salido indemnes soportando la incógnita de una pena de cárcel por revelación de secretos. Eso es jodido y no se ve. Los lectores no suelen conocer los peligros que entraña esto. A mayor precariedad de la profesión periodística, menor capacidad de maniobra. Al fin y al cabo, sólo puedes meterte en jardines si tienes un espíritu especialmente kamikaze o cuentas con la protección de una cabecera que te respalde ante la contingencia de una demanda que suele ser bastante larga y costosa. (...)"                    (Entrevista a Daniel Bernabé, Víctor Guillot

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