"(...) Suelo decir que a través del BOE, de la subida del SMI, de la reforma laboral, la izquierda accede a la centralidad institucional lo que significa una gran conquista que le otorga la experiencia de gobernar desde la izquierda al conjunto de todos los españoles.
E, incluso, demostrando que existen alternativas, a pesar de que haya gente que minusvalore al ministerio que ha roto junto a los sindicatos, una inercia, según la cual la izquierda no sabe gobernar. De ahí que algunos dejáramos caer que en España se vivía un momento laborista que no había sucedido nunca hasta entonces. En el ámbito laboral se legislaba para joder a los trabajadores y esta vez ha sido diferente. Hay que tenerlo en cuenta. Por eso tengo netas esperanzas de que juegue un papel positivo.
En cambio, todo lo que la rodea no me apela directamente. A lo mejor no entiendo el momento político actual, pero antes la gente se subía a un estrado para defender unas ideas políticas y no por quien era y ahora parece que cada uno tiene su sector. No pasa nada. Es una manera de verlo. Quizá un señor de mediana edad heterosexual blanco que represente a la mayoría de este país es anatema. Cada uno apela a las mayorías que quiera. En la parte de Diaz hay una reticencia a reconocer por qué Diaz es importante.
Me limito a ver lo que veo. Y por el otro lado tenemos un partido que ha sido esencial en la reconfiguración de este país en los últimos siete años que ha recibido unas dosis brutal de odio y de maniobras oscuras para acabar con ellos. Podemos apostó mal en los últimos tiempos por la reconfiguración de España. Lo comento en el último articulo publicado en El País sobre las elecciones andaluzas. Quería expresar por qué Unidas-Podemos se va al traste. Si la coalición hubiera resistido, habría salido fortalecido en ese proceso y habría existido una columna vertebral, un esqueleto sobre el que apoyar el resto.
Que ahora Podemos se queje de que Mas país o Compromís tiene más fuerza de la que merece es la consecuencia de que la naturaleza acabó con el paciente. Donde no estén ellos estarán otros. En este proceso, Podemos se equivoca al apelar a la impugnación en un momento que requiere construcción. Pablo Iglesias se mueve muy bien en el terreno de las emociones mediáticas pero le llevan a no haber sabido explicar su labor de gobierno. Huye de ahí y vuelve a su papel punk de agitador.
Ahora bien, ¿Qué agitas cuando tu has sido vice presidente de ese gobierno? Eso genera una situación muy extraña. De repente tenemos a un Podemos que se dirige de forma muy efectiva a una gente más cohesionada en torno a un líder mediático, pero que ha roto con todos los actores de la propia izquierda. Es muy desagradable que cada vez que alguien hace un análisis que no encaja con las directrices o posiciones de Podemos o Pablo Iglesias, lanzada desde su canal de televisión, se le califique inmediatamente de banquero. Me parece ridículo.
Mas allá de los acuerdos que se alcancen, si se alcanzan, la salida será difícil. Tu no puedes decirle a la gente que comparte memes calificando a Yolanda Díaz de traidora que después vayan y la voten. Creo que se está pensando en el día después de las elecciones, en quién va a encabezar a una posible resistencia a un gobierno de ultraderecha después de diciembre. Y ahí Podemos se siente ganador, pero a mi no me salen esas cuentas.
Ganador en la derrota.
Eso es. A mi no me salen las cuentas. Lo que viene puede ser muy jodido. PP y Vox en un gobierno pueden ser muy peligrosos.
Un gobierno conectado a una ola de gobiernos donde la derecha gobierna con la ultraderecha en el resto de Europa.
Es curioso que sea un gobierno español el que, con todos sus debes, conserva la potencialidad para que avance en sus posturas y encabece cierto movimiento igualitarista en el resto de Europa. Pedro Sánchez es admirado fuera de nuestras fronteras por gente progresista. Es alguien con capacidad. Y esta reflexión sitúa a la izquierda ante dos posiciones.
Por un lado está la izquierda que desprecia lo que no encaja en sus categorías más concretas y por el otro está aquella que admite que existen posibilidades en papeles inesperados que juegan papeles más relevantes. Ojala hubiera sido uno de los nuestros, pero hay que admitir que Sánchez es ese señor que de repente defiende posturas que no se encontraban desde la hégira de Margaret Thatcher en Reino Unido o Lionel Jaspin en Francia. Zapatero, al que todos respetamos por mantener cierta ética internacional, no cuenta en esta ecuación. Al final, gobernó con Solbes y sus posturas económicas.
Pablo Iglesias y Podemos han llevado a la izquierda a este punto de inflexión. Sin embargo, es Podemos quien sufre una crisis territorial. A fin de cuentas, hoy Podemos son dos ministerios y un grupo parlamentario en el Congreso. Lejos de iniciar un proceso de apertura, inicia otro de repliegue y de tierra quemada, rompiendo puentes y dilapidando a través de redes sociales y medios de comunicación, el capital político que lo forjó. ¿Debería iniciarse un proceso en Podemos que le permita sumarse a Yolanda Díaz?
Fíjate que en Podemos existe, desde hace tiempo, enfado, incomodidad, incertidumbre, sobre todo en aquellos territorios en los que cuentan con una izquierda nacionalista con la que Podemos se referencia, incluso más, que en los propios. El apoyo a Bildu y ERC es constante. Por supuesto, hay que tener una relación fluida con ellos, pero la referencia constante a esas opciones políticas perjudica a Podemos y a la necesidad de que en esas comunidades exista una izquierda no nacionalista abanderada por ellos.
Hace unos días remitías en un artículo de El País al origen de la situación actual de Podemos.
El problema de base tuvo lugar a partir del año 2015 cuando el partido opta por no presentarse directamente a una parte de los ayuntamientos, por el miedo a que las coaliciones locales o regionales diluyeran su nombre. Podemos quería llegar a la generales incólumes y sin problemas. Tenían miedo a que en esos meses de configuración de los ayuntamientos, les hiciera daño. Territorialmente, las elecciones les deja tocados.
Por eso Podemos nunca tuvo una estructura territorial firme. Esto se pretendió solventar con Unidas Podemos. El Partido Comunista lo vio y ellos, que sí tienen en algunas zonas una red territorial tupida, intentaron unir militancias basadas en el trabajo concreto para que Unidas-Podemos fuera algo mas allá del Congreso. Esto se consiguió de una forma muy parcial e insuficiente para resistir lo que vino después.
Al final, creo que Podemos viene de un mundo y de un momento en el que la comunicación política fue esencial para su configuración. La comunicación política está muy bien porque te permite, como se comprobó la década pasada, tener unos crecimientos exponenciales muy rápidos a través de la utilización de los medios, pero crea gigantes con pies de barro. Un grupo con muchos diputados sin una estructura que los soporte, sin una implantación territorial que ha sido un problema y hoy es dramático.
En ese sentido, no se puede pretender ser una fuerza importante, y no lo digo sólo por Podemos, sino para toda izquierda a la izquierda del PSOE. No se puede pretender ser un actor relevante sin homogeneidad y fuerza en los diferentes territorios. Al menos una cierta organ¡cidad donde la gente vaya y discuta con unas reglas y opine con una reglas y vote con unas reglas y de ahí salga una política conjunta que se siga sí o sí en todas partes. Eso es un partido.
Y si no tienes eso, sólo tendrás política de notables, de gente muy lista que cuenta con grupos de trabajo, pero no es representativo y presenta carencias democráticas, porque la gente tiene que tener espacios donde deliberar comunitariamente la política. Todo lo demás, al final, son experimentos.
Al otro lado del Mississippi, esas interlocuciones y equilibrios son realmente frágiles. Después de Magariños, otear el panorama por Madrid desvela que las alianzas adolecen de una fragilidad considerable alimentada por el recelo entre las organizaciones convocadas el pasado 2 de abril.
El pegamento que une a una de las partes en Sumar es la animadversión hacia Podemos. Si alguien pretende tomarse la revancha de Vistalegre 2 se equivoca. El país no se puede permitir estas guerras internas. Hay gente ahí que se lleva muy mal y tiene muy poco recorrido en lo real. Más allá de movimientos internos, no tiene ningún interés. Hay esfuerzos grandes por parte de determinados actores para que tenga presencia más allá de lo meramente electoral, en fin, yo lo veo complicado.
Sumar no está caracterizándose por elaborar prolijos materiales de discusión, a pesar de la comisión de expertos. Materiales donde se afiancen compromisos internos y orgánicos. ¿Cuántos se han podido leer hasta este mes?
Efectivamente. Pero también hay que ser justos. Las grandes reivindicaciones de participación de la pasada década no las hay en esta, a la gente le da igual participar o no. La gente quiere que se solucionen sus problemas. Y es comprensible, tras una década de muchos vaivenes y situaciones inesperadas. El inicio de la pasada década había todavía una especie de ganas por cambiar y en esta yo no lo percibo. No lo veo y eso te lleva a que tienes que contar con lo que cuentas. Dentro de la gente activa, insisto, falta una organicidad.
Los partidos tenían muchos problemas, la lentitud, la burocracia, lo reconocemos, pero tenían una ventaja, sabías los cauces reglados de participación y en estas nuevas configuraciones no se conocen, no se saben. Uno de los grandes problemas de Unidas Podemos ha sido siempre que las decisiones se tomaban en el Congreso y la decisión de Pablo Iglesias tenía voto doble. Mucha gente que hacía su trabajo en su territorio se preguntaba de qué valían, quién les tenía en cuenta. En los comienzos había materiales, se aprobaban votando y desde hace más de 10 años se ha pasado al olvido o no tiene resultados reales. De ahí viene el enfado.
La descomposición se ha manifestado en Asturias y Fuenlabrada ¿Como has visto ese proceso?
Pues lo he seguido poco de cerca pero sí con curiosidad, porque en Fuenlabrada ha sucedido lo mismo pero por razones inversas. Veo que cuando un partido empieza a perder capacidad de influencia en la sociedad, sus dirigentes pierden capacidad de imposición hacia sus dirigidos, de tal manera que esto en Podemos ha sido una tónica habitual en los últimos años. Había una deliberación y un voto que conducían a una lista pero la dirección conducía hacia otra y se la saltaba imponiendo la suya.
Cuando esto sucedía hace 5 años no pasaba nada porque nadie se atrevía a protestar. Pero como la disciplina de Madrid es menor, la gente protesta y surge el conflicto. Lo que no se puede resolver es en base a expulsiones. Al final te crees inmune pero expulsas tanto que te quedas solo. Podemos ha seguido esta inercia en toda su trayectoria pero, siendo justos, no les corresponde sólo a ellos la paternidad del problema. La izquierda tiene un problema en este país a la hora de resolver sus diferencias.
Hemos asistido a décadas relativamente poco traumáticas donde el espacio de IU servía de paraguas para casi todo y las diferencias internas se resolvían mediante congresos, pero llega un momento en el que todo salta por los aires porque las nuevas organizaciones copian los vicios del pasado, cayendo en una espiral constante de rupturas, expulsiones y dimisiones que han producido una fragmentación brutal.
Nunca hubo tanta fragmentación como ahora. Tras las elecciones municipales hay que contar cuántos concejales saca cada partido de la izquierda en sus infinitas variables y compararlas porcentualmente con las que sacaba IU en los noventa. Y si la cifra es notablemente menor, entonces es que algo se ha hecho mal.
Creo que ya se puede verificar. En Asturias, Podemos no registrará tantas candidaturas municipales como hace cuatro años. Pero probablemente, la proyección más interesante venga después, si todo concluye, para terminar como empezamos, con Montalbán, con un declive tan literario como Asesinato en el Comité Central.
Sería interesante, sin duda alguna. En un momento determinado, todo eso se tendrá que contar, para que intente haber una comprensión del asunto. Yo tengo un problema generacional. Yo quiero que mi generación deje algo. Nosotros nos hemos ciscados en la transición, lo que me parece normal, por otra lado. Pero esta posición la he cambiado en los últimos tiempos.
Se llega hasta donde se puede. La transición fue un movimiento mas audaz de lo que pensamos. Mejor o peor hubo cosas buenas y se dejó algo. La pregunta es ahora otra: ¿Qué vamos a dejar nosotros dentro de treinta años? Deberíamos plantearnos esa pregunta con cierto peso. Esto no puede acabar en una anécdota, debería tener un peso mayor.
Quizá es su marca de Caín. No está demás recordar que Podemos comenzó siendo un movimiento eminentemente adanista
Y es algo que ya estaba en el 15 M. Las manifestaciones de Irak, el final de aznarismo me configuraron políticamente como persona, de manera que el 15 M no me apelaba, me resultaba hasta cierto punto pueril. Jaime Peña, en esta nueva década, aceptada la derrota de sus categorías, más allá del personaje, está en el siglo XXI, en uno de los grandes momentos de la novela, se promete a si mismo no tener sensación de apego por un pasado que no va a volver.
¿Significa que aceptará lo que venga
de forma acrítica? No. Si todo este mundo actual se pusiera encima de la
mesa con un asesinato, tendría especial interés literario. Pero yo no
sé si nuestra sociedad está preparada para recoger las metáforas y el
lenguaje figurado. Hemos perdido capacidad para la metáfora. La gente se
ha vuelto extremadamente textual." (Entrevista a Daniel Bernabé, Víctor Guillot
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