"La atención a la infancia está cada vez más reconocida como una poderosa política para abordar las desigualdades intergeneracionales y promover la productividad y el crecimiento. La investigación científica ha demostrado el impacto positivo de la atención infantil y la educación preescolar de alta calidad en los niños, los padres y la sociedad en su conjunto.
Estos programas desempeñan un papel crucial en el fomento de las aptitudes y capacidades esenciales para que las personas prosperen en las economías y sociedades del siglo XXI: esas aptitudes empiezan a tomar forma durante los primeros años después del nacimiento, antes de que los niños ingresen en la escuela primaria. La participación en guarderías y educación preescolar se ha asociado a una menor repetición de curso y abandono escolar prematuro, y a una mayor propensión a matricularse en la enseñanza superior. Con la transición a la edad adulta aumenta el acceso a empleos altamente cualificados y mejor remunerados.
Además, los niños de entornos socioeconómicamente desfavorecidos son los que más se benefician de la participación en guarderías y educación preescolar, por lo que la intervención temprana es clave para reducir las desigualdades heredadas. Las guarderías también desempeñan un papel fundamental a la hora de ampliar las oportunidades de empleo de los padres -especialmente las mujeres-, favoreciendo la conciliación de la vida laboral y familiar. Al hacerlo, reduce las disparidades socioeconómicas dentro de los hogares y las desigualdades de género, y contribuye a mejorar la productividad y el crecimiento.
Aún limitado
La Unión Europea ha reconocido que el cuidado de los niños y la educación preescolar son fundamentales para la cohesión social y el desarrollo económico, y un derecho incluido en el Pilar Europeo de Derechos Sociales. Sin embargo, aunque la educación preescolar está bien implantada en los países europeos, la participación en los servicios de guardería sigue siendo limitada, y los niños procedentes de entornos socioeconómicos bajos tienen menos acceso a ellos.
Tal como están las cosas, los sistemas de cuidado de niños en la mayoría de los países de la UE refuerzan, en lugar de reducir, las desigualdades. El factor principal es la prevalencia, en muchos países, de la oferta privada menos asequible. Pero incluso los servicios públicos o financiados con fondos públicos, en los que las contribuciones de los padres suelen basarse "progresivamente" en los ingresos, pueden estar fuera del alcance de los hogares con bajos ingresos.
La UE ha tomado iniciativas para subsanar este déficit, como la Estrategia Europea de Cuidados publicada por la Comisión Europea el pasado mes de septiembre. En ella se estimula a los Estados miembros a ampliar la participación de los niños menores de tres años en los servicios de guardería, reduciendo al mismo tiempo las desigualdades en el acceso a los mismos. Además, la Garantía Infantil Europea exige a los países que elaboren planes para garantizar a los niños más desfavorecidos la igualdad de acceso a los derechos sociales, incluida la atención infantil.
Un Portugal ambicioso
Entre los Estados miembros, hay uno que se ha erigido en adalid de las reformas ambiciosas para hacer más accesibles y asequibles las guarderías: Portugal. Este país ha utilizado sabiamente el Mecanismo de Recuperación y Reactivación tras la pandemia para aumentar la disponibilidad de guarderías financiadas con fondos públicos.
Podría parecer que la respuesta obvia a la desigualdad de acceso a las guarderías es eximir a los hogares más pobres del pago de las mismas. Sin embargo, en Portugal se ha comprobado que esta medida no mejora significativamente la accesibilidad. Los proveedores de servicios son principalmente organizaciones privadas sin ánimo de lucro. Reciben fondos públicos para hacer frente a los gastos generales, pero los recursos no son suficientes para cubrir todos los gastos. Así que estos proveedores tienden a atraer a los niños con mayores ingresos, cuyos hogares pueden pagar más, y por tanto a establecer instalaciones en zonas económicamente favorecidas.
Para hacer frente a estos retos, el gobierno de António Costa introdujo el año pasado la Ley nº 2/2022, con el objetivo de ampliar progresivamente la gratuidad de las guarderías. La legislación exige que todos los servicios de este tipo sean gratuitos para todos los niños, y que el gobierno financie íntegramente los costes.
Esta medida proporcionará incentivos suficientes para animar a los proveedores a operar en las zonas más marginadas, reduciendo así las desigualdades en el acceso. Además, al garantizar la universalidad del acceso, la política ha obtenido un amplio apoyo, incluso de la clase media y los partidos de la oposición, reforzando así la sostenibilidad a largo plazo de la inversión.
Persisten las preocupaciones
A pesar de esta evolución positiva, persisten las preocupaciones. La calidad de las guarderías en Portugal -medida por las cualificaciones del personal, la formación y la adopción de una pedagogía adaptada a los niños- sigue siendo baja y requiere atención y mejoras. Además, existe el riesgo de que se amplíe la oferta de servicios de cuidado de niños a través del uso extensivo de guarderías, que pueden tener estándares más bajos. Dar prioridad a la cantidad sobre la calidad podría reducir la eficacia del sistema a la hora de mejorar las oportunidades de aprendizaje de los niños.
Sin embargo, la decisión de Portugal de ofrecer guarderías gratuitas refleja un enfoque visionario para construir una sociedad en la que todos los niños tengan las mismas oportunidades de adquirir las habilidades esenciales para la vida durante sus años de formación. Además, esto capacita a las mujeres para trabajar y lograr un mejor equilibrio entre la vida laboral y familiar, contribuyendo a una sociedad más justa y a una economía inclusiva. Las inversiones en educación y atención a la primera infancia no sólo reportan beneficios inmediatos, sino que también generan importantes beneficios a largo plazo, al permitir que las personas alcancen su pleno potencial y contribuyan de forma significativa a la sociedad.
La audaz decisión de Portugal pone de relieve el poder transformador de unas guarderías accesibles y asequibles. Debería inspirar a otros gobiernos y partidos progresistas de la UE."
(Christian Morabito es un destacado experto en educación y atención a la primera infancia. Es consultor de la Comisión Europea y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos y asesor de la Fundación Europea de Estudios Progresistas. Social Europe, 06/07/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)
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