Si el camino del partido posfascista lo hubieran marcado Iván Espinosa de los Monteros o Rocío Monasterio sería muy diferente al que resulta de un liderazgo de Jorge Buxadé, Ignacio Hoces, Ignacio Garriga, Jordi de la Fuente o Kiko Méndez Monasterio. Un partido con Espinosa habría puesto el foco en decisiones económicas de carácter muy similares a las que hubiera tomado Isabel Díaz Ayuso y poniendo menos énfasis en esas batallas culturales que ponen en duda a la ciencia. El desarrollo económico por encima de todo, no es que el cambio climático no exista, es que el cambio climático no puede ser un elemento que coarte el crecimiento de las empresas. El dinero por encima del planeta. Si es Buxadé el que marca el camino la crisis climática es un plan de las élites globalistas que busca reducir la población occidental y cristiana mediante la sustitución demográfica, un decrecimiento económico solo para las clases populares y la reeducación del disidente. La crisis climática sería un plan de judíos como Soros. Las guerras en VOX no se han librado por diferencias ideológicas, pero la victoria de uno de los sectores tendrá como resultado una configuración específica y diferente a la que existía cuando el poder lo tenía el sector de Madrid.

Los partidos posfascistas en Europa tienen que afrontar de manera irremisible un dilema cuando pasan de la oposición y la marginalidad a la institucionalidad. La mayoría, cuando toca poder, suele virar hacia las posiciones conservadores más tradicionales para erradicar todas esas posiciones extemporáneas que pueden servirles como elemento de propaganda contracultural pero que a la hora de gobernar y mantener ese poder pueden resultar contraproducentes. Iván Espinosa de los Monteros era el perfil idóneo para liderar esa impostura. Un perfil de los que abundan en el PP, otanista y sionista, proveniente de insignes familias franquistas, con alta educación pagada por el padre, con preparación y formas aristócratas. Uno de los nombres a los que la oligarquía económica abren los salones porque forma parte de los suyos. Un hijo díscolo de los conservadores que abandonó la casa común reaccionaria pero que puede volver con una buena oferta, que defiende los intereses de las altas empresas y que fue criado para servir al statu quo. Su salida marca un rumbo ideológico similar al de los partidos ultras históricos que siempre hubo en España.

VOX ha identificado que es momento de replegarse en las posiciones más radicales para sostener el empuje del PP de Feijóo. Bunkerizarse para sobrevivir. Los fascistas españoles han tomado el camino de aquellos que en vez de celebrar el día del Holocausto con la comunidad judía hace memes con una rana con un bigotito a lo Hitler diciendo que tenía razón. La extrema derecha sionista y la nazi son dos expresiones diferentes que convivían en VOX y que empiezan a desagregarse, la que cree que Israel tiene derecho a asesinar palestinos y la que cree que el Holocausto se quedó corto. No es lo mismo que esté en el partido quien defiende la vacunación del COVID que quien cree que es un instrumento de Soros para poner un chip a la población mundial, aunque tengan el mismo objetivo. En VOX están replegando posiciones los ultras de la burguesía mientras toman el poder los que cantaban canciones de RAC o protestaban en Barcelona por el cierre de la librería Europa. Es una buena noticia para su regreso a la marginalidad pero un peligro para la convivencia de los más vulnerables hasta que alcancen ese lugar en la sociedad. En VOX ahora mandan quienes patrullaban en las calles en los años noventa."                  (Antonio Maestre, blog, 11/08/23)