26.9.23

Cómo Rusia revienta la inflación en Occidente (con ayuda saudí)... Las sanciones europeas han demostrado a menudo ser un tigre de papel incapaz de perjudicar a Rusia y que han resultado contraproducentes, como en las sanciones energéticas... un enorme flujo de petróleo fluyó desde Rusia, en lugar de hacia Europa, hacia China, India, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos... los países citados han incrementado las exportaciones de productos refinados a la coalición occidental... los costes de esta intermediación provocaron un aumento neto de la inflación en Occidente... hasta ahora Occidente se ha estado dando de hostias a sí mismo... a partir de ahora el juego podría cambiar. Será Rusia quien venza con la ayuda de su nuevo aliado de hierro, el Reino Saudí, que han decidido prolongar el recorte de la producción de petróleo... Pero el verdadero golpe de gracia que amenaza con dañar irremediablemente la economía occidental, y en particular la europea, llegó el jueves desde Moscú: el Kremlin anunció, en efecto, la prohibición de exportar gasóleo y gasolina... podemos olvidarnos del precio del gasóleo por debajo de los dos euros por litro... la inflación en Europa es un arma política utilizada por Putin

 "Las sanciones europeas han demostrado a menudo ser un tigre de papel incapaz de perjudicar a Rusia y, en ciertos casos, han resultado contraproducentes. Pensemos por ejemplo en las sanciones energéticas, que a este respecto pueden considerarse emblemáticas: la Unión Europea las ha impuesto a partir del 5 de diciembre de 2022 con respecto al crudo transportado por mar (excluyendo así a países como Hungría y la República Checa que importan petróleo ruso por oleoducto) y a partir del 15 de febrero de 2023 con respecto a los derivados del petróleo como la gasolina y el gasóleo también procedentes de Rusia. El paradójico resultado de estas medidas -con el paso de los meses- resultó que no perjudicaban en absoluto al gran imperio euroasiático, sino a la propia Unión Europea. Esto se debió a que un enorme flujo de petróleo fluyó desde Rusia, en lugar de hacia Europa, hacia países en desarrollo (o antiguos países en desarrollo) como China, India, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. Como resultado, estos cinco países han absorbido la mayor parte de los flujos marítimos que antes se destinaban al Viejo Continente y ahora representan el 70% de las exportaciones rusas de crudo. Una auténtica revolución copernicana en las rutas energéticas mundiales.

 Sin embargo, lo más interesante del asunto ni siquiera es esto: los países citados, que han aumentado las importaciones energéticas de Rusia de forma tan anormal, también han incrementado las exportaciones de productos refinados a la coalición occidental del price-cap (la UE, el resto del G7 y Australia) y la prohibición de importar petróleo por vía marítima.  Más concretamente, las exportaciones de productos refinados de China a los países occidentales aumentaron un 94%, y las de Turquía, un 43%. Incluso el minúsculo Singapur vio aumentar sus exportaciones de productos refinados a Occidente un 33%, y lo mismo ocurrió con los ya ricos Emiratos Árabes Unidos, que las incrementaron un 23%. Según los cálculos de los economistas, el contravalor de este excedente aumentó en casi 20.000 millones de euros. Aún más revelador es el caso de India, que se ha convertido en el primer exportador de petróleo a la coalición occidental desde que se decidió la limitación de los precios. Huelga señalar que el subcontinente indio nunca ha sido exportador ni de energía ni de destilados del petróleo. Es igualmente inútil subrayar que estos países cobran generosamente por la intermediación, con el consiguiente aumento de costes para los países occidentales y, en última instancia, para nosotros, los consumidores. 

Aumento de los costes, lo que, por supuesto, significó a su vez un aumento neto de la inflación en Occidente, con todas las graves consecuencias que los periódicos y las televisiones nos cuentan todos los días.

Pero si hasta ahora Occidente se ha estado dando de hostias a sí mismo, en pleno estilo Tafazzi, (para ser precisos, era Europa la que lo hacía por orden de Estados Unidos, dado que éstos son autónomos en materia energética), a partir de ahora el juego podría cambiar. Será Rusia quien venza a nuestro cabasis con la ayuda de su nuevo aliado de hierro, el Reino Saudí.

De hecho, Rusia y Arabia Saudí han decidido prolongar el recorte de la producción de petróleo: Riad seguirá produciendo al menos un millón de barriles menos de petróleo al día hasta diciembre, mientras que Moscú recortará la producción en otros 300.000 barriles diarios, también hasta diciembre de este año. La misma agencia estadounidense Bloomberg no pudo evitar señalar que el autput diario de petróleo del Reino Saudí es de "sólo" nueve millones de barriles, el más bajo en muchos años. Una clara señal -sostienen muchos analistas- de que Riad necesita precios del petróleo muy altos. Y como era de esperar tras esta noticia, el precio del petróleo Brent (es decir, el que se negocia en Europa) subió hasta los 95 dólares por barril, estableciéndose por ahora por encima de los 92 dólares. Peor aún fue el caso del crudo Arab Light exportado desde Arabia Saudí a Europa, que subió el viernes por encima de los 100 dólares por barril, siempre según datos de Bloomberg. El crudo Arab Light destinado a Asia, por su parte, cotiza a 99,7 dólares por barril; mientras que para el destino estadounidense se mantiene más bajo (por así decirlo), a 96,9 dólares por barril. 

Precios que, como es fácil adivinar, hacen temer a todos los analistas un rebrote de la inflación; un fenómeno que hasta ahora sólo se ha logrado domar parcialmente en Occidente, a costa de aumentar el coste del dinero hasta niveles anormales que estrangulan el crecimiento tanto en Estados Unidos como en Europa.
Pero el verdadero golpe de gracia que amenaza con dañar irremediablemente la economía occidental, y en particular la europea, llegó el jueves desde Moscú: el Kremlin anunció, en efecto, la prohibición de exportar gasóleo y gasolina, salvo para Armenia, Kazajstán, Bielorrusia y Kirguizistán. Para comprender la importancia de estas producciones para Europa, basta recordar que, según datos de la propia Comisión Europea de 2020 -es decir, justo antes del estallido de la guerra-, Rusia suministraba alrededor del 29% de las importaciones de petróleo y derivados, mientras que en lo que respecta al gasóleo (según datos citados por politico.eu) representaba más de la mitad de las importaciones europeas y cerca del 10% de su demanda total. Inmediatamente después de conocerse el anuncio del Kremlin, de hecho, los precios del gasóleo europeo subieron casi un 5%, por encima de los 1.010 dólares por tonelada. En otras palabras, citando a Sergio Giraldo en La Verità del domingo, podemos olvidarnos del precio del gasóleo por debajo de los dos euros por litro. Y como humildemente ve el escritor, Giraldo también se fue muy a la ligera.

Lo más sorprendente de la decisión rusa es que la elección parece más geopolítica que económica. No parece descabellado hablar de utilizar las exportaciones de combustible como arma contra Europa. Seamos claros, los países europeos ciertamente no pueden quejarse, ya que ahora apoyan al gobierno títere de Kiev en su loca lucha contra Rusia con casi todo tipo de ayuda (tanto militar como financiera). Tarde o temprano, el uso de armas híbridas contra la economía europea era de esperar; era sólo una cuestión de cuáles. El Kremlin eligió la energía, sin duda la herramienta más eficaz capaz de afectar gravemente a la economía europea, a los bolsillos de sus ciudadanos y, sobre todo, a la inflación, que corre el riesgo de un nuevo gran y peligroso estallido.

Incluso el Financial Times (1) ha respaldado esta idea, con el analista Henning Gloystein hablando, desde las columnas del periódico, de un arma política utilizada por Putin.

Lo que nos espera será probablemente un largo y frío invierno.

(1) Financial Times, Russia puts squeeze on oil market with diesel export ban, 23 Settembre 2023. Link: https://www.ft.com/content/5f07bec3-c219-4223-a4ab-7597c1a87e26"                  

(Giuseppe Masala , L'Antidiplomatico, 25/09/23; traducción DEEPL)

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