4.4.24

Investigadores de la Universidad de Oxford han constatado, en un estudio difundido en The Lancet Public Health, que la privatización de los servicios hospitalarios (en Alemania, Canadá, Corea del Sur, Croacia, EEUU, Inglaterra, Italia y Suecia), no solo no mejora la asistencia sanitaria, sino que va en detrimento de ella... los aumentos de la privatización se correspondieron en general con una peor calidad de la asistencia, mediante la reducción de personal y la disminución de la proporción de pacientes con cobertura de seguro médico limitada... con un menor número de personal de limpieza empleado por paciente y mayores tasas de infecciones entre los pacientes. Es más, los autores indican que en algunos estudios, los niveles más altos de privatización hospitalaria se correspondieron con tasas más elevadas de muertes evitables

 "Investigadores de la Universidad de Oxford han constatado, en un estudio difundido recientemente en The Lancet Public Health que la privatización de los servicios hospitalarios no solo no mejora la asistencia sanitaria sino que va en detrimento de ella.

 https://www.thelancet.com/journals/lanpub/article/PIIS2468-2667(24)00003-3/fulltext

En concreto, los autores han llevado a cabo un metaanálisis basado en los datos de trece estudios longitudinales que abarcaban una serie de países de renta alta: Alemania, Canadá, Corea del Sur, Croacia, EEUU, Inglaterra, Italia y Suecia. Cada estudio evaluó la calidad de la asistencia sanitaria prestada a los pacientes antes y después de la privatización de los servicios sanitarios, a nivel hospitalario o regional. Los trabajos incluían indicadores de la calidad asistencial, como la dotación de personal, el número de pacientes por tipo de seguro, el número de servicios prestados, la carga de trabajo de los médicos y los resultados sanitarios para los pacientes, como las hospitalizaciones evitables.

No hallan efectos positivos
 
Las conclusiones principales del análisis son, por un lado, que los aumentos de la privatización se correspondieron en general con una peor calidad de la asistencia, sin que ningún estudio incluido en la revisión encontrara efectos inequívocamente positivos sobre los resultados sanitarios.
 
También se constata que los hospitales que pasaron de ser de propiedad pública a privada tendieron a obtener mayores beneficios –en términos económicos–, algo que se logró principalmente mediante la reducción de personal y la disminución de la proporción de pacientes con cobertura de seguro médico limitada.
 
Por lo general, la privatización se correspondió con un menor número de personal de limpieza empleado por paciente y mayores tasas de infecciones entre los pacientes. Es más, los autores indican que en algunos estudios, los niveles más altos de privatización hospitalaria se correspondieron con tasas más elevadas de muertes evitables.
 
Como contrapunto, señalan que en algunos casos, y se cita en concreto el de Croacia, la privatización se tradujo en algunos beneficios para el acceso de los pacientes, a través de citas más precisas y nuevos medios de prestación de asistencia, como llamadas telefónicas fuera del horario laboral.
 
Con todo, este dato no pone en cuestión la conclusión de un trabajo cuyos resultados, destacan los investigadores, pone en entredicho la teoría, aventada desde el neoliberalismo, de que la privatización puede mejorar la calidad de la asistencia sanitaria al aumentar la competencia en el mercado. «Los datos recopilados no coinciden con las expectativas de los mercados mixtos; a saber, que mejorarían la calidad al aumentar la competencia», apostillan en el informe.

Aaron Reeves, profesor del Departamento de Política e Intervención Social de Oxford y uno de los autores del estudio, afirma en la web de la universidad que «los sistemas sanitarios están sometidos a la presión del envejecimiento de la población, los presupuestos limitados y las repercusiones de la pandemia de covid, y los gobiernos podrían considerar la privatización como una solución única y sencilla a las presiones». Pero, frente a esa tentación, avisa de que «existe el riesgo de que la búsqueda de reducciones a corto plazo pueda ir en detrimento de los resultados a largo plazo, ya que la externalización de servicios al sector privado no parece ofrecer al mismo tiempo una atención mejor y más barata».

Sin apoyo científico

En el trabajo se recuerda que los datos proceden de un pequeño número de países de renta alta y que sus resultados no son necesariamente aplicables a países de ingresos medios y bajos, donde pueden ser distintos. Agregan que el efecto de la privatización probablemente dependerá de los contextos sociales e institucionales en los que se produzca, y que "declarar que la privatización nunca funciona sería prematuro".
 
 No obstante, la conclusión central al respecto es clara:
 
Sólo hay un pequeño número de estudios que aborden el efecto de la privatización en la calidad de la atención ofrecida por los proveedores de asistencia sanitaria y, sin embargo, dentro de este pequeño grupo de estudios longitudinales, encontramos una imagen bastante coherente. Como mínimo, la privatización de la sanidad casi nunca ha tenido un efecto positivo en la calidad de la asistencia. Por otra parte, la externalización tampoco es benigna, ya que puede reducir los costes, pero parece hacerlo a expensas de la calidad de la atención. En general, nuestro informe pone en tela de juicio las justificaciones de la privatización de la sanidad y concluye que el apoyo científico a una mayor privatización de los servicios sanitarios es escaso".             ( , Viento Sur, 02/04)


"El efecto de la privatización de la atención sanitaria en la calidad de la atención.
 
 En los últimos 40 años, muchos sistemas sanitarios que antes eran de propiedad o financiación pública han pasado a privatizar sus servicios, principalmente mediante la externalización al sector privado. Pero, ¿cuál ha sido el impacto de la privatización en la calidad de la asistencia? Uno de los principales objetivos de esta transición es mejorar la calidad de la asistencia gracias a una mayor competencia en el mercado y a las ventajas de un sector privado más flexible y centrado en el paciente. Sin embargo, ha surgido la preocupación de que estas reformas puedan dar lugar a una peor asistencia, en parte porque es más fácil reducir los costes que aumentar la calidad de la atención sanitaria. Muchas de estas reformas tuvieron lugar hace décadas y se han realizado numerosos estudios que han examinado sus efectos sobre la calidad de la atención recibida por los pacientes. Revisamos esta bibliografía, centrándonos en los efectos de la externalización de los servicios sanitarios en los países de renta alta. Descubrimos que los hospitales que pasan de ser de titularidad pública a privada tienden a obtener mayores beneficios que los hospitales públicos que no se reconvierten, principalmente a través de la admisión selectiva de pacientes y la reducción de la plantilla. También descubrimos que los aumentos agregados de la privatización se correspondían frecuentemente con peores resultados sanitarios para los pacientes.

Muy pocos estudios han evaluado esta importante reforma y existen muchas lagunas en la bibliografía. Sin embargo, basándonos en los datos disponibles, nuestra Revisión aporta pruebas que cuestionan las justificaciones de la privatización de la asistencia sanitaria y concluye que el apoyo científico a una mayor privatización de los servicios sanitarios es escaso.

Introducción

La privatización de la sanidad es una política de transferencia de la prestación de servicios públicos a particulares o empresas privadas. Muchos servicios sanitarios nacionalizados han perseguido la privatización desde la década de 1980 con la esperanza de que los mercados mixtos y la inclusión de los intereses del sector privado puedan mejorar la calidad de la asistencia a un coste inferior al del sector público. Aunque existen muchas formas de privatización, incluido el traspaso de la financiación del Estado a los particulares, una forma popular de privatización es la contratación externa o externalización de servicios1.

En estos modelos, un servicio financiado con fondos públicos mantiene el poder de decisión, pero contrata a una organización privada para que preste un servicio acordado. Aunque este modelo de prestación de servicios es intuitivamente atractivo y notablemente popular, su conveniencia sigue siendo cuestionada por quienes sostienen que los mecanismos de mercado no pueden funcionar eficazmente en los sistemas sanitarios2.
 
 Los defensores de la externalización de servicios al sector privado argumentan que la responsabilidad financiera obliga a las empresas privadas a garantizar el bienestar de los pacientes, buscar la innovación y eliminar la burocracia innecesaria. Se supone que estos motivos de lucro dan a las empresas privadas una ventaja competitiva sobre el sector público, que a menudo se ve limitado por culturas y normativas rígidas y pocos incentivos para innovar3., 4

Los proveedores del sector privado también pueden tener efectos sobre la competencia y mejorar los resultados de todo el sistema sanitario, ya que todos los proveedores están incentivados para prestar servicios de mayor calidad si quieren ganarse la confianza de los organismos que los encargan (sobre todo cuando los precios están fijados en gran medida, lo que suele ocurrir cuando hay un único comprador, como el gobierno central)5 ., 6

Sin embargo, el afán de lucro no siempre se traduce en los resultados deseados. Animar a los proveedores privados a dar prioridad a la calidad asistencial es un reto para los organismos públicos, ya que la calidad puede ser difícil de observar y priorizar racionalmente. La asimetría de la información surge cuando los comisionados luchan por identificar los niveles de calidad y rendimiento entre los proveedores7.

Los mercados competitivos pueden incluso disuadir a los proveedores de revelar información sobre la calidad del servicio8.
 
 En tales casos, los resultados observables (por ejemplo, el coste del servicio) pueden convertirse en prioritarios, sobre todo cuando mejorar la calidad en relación con los competidores supone un reto. Así, en algunos sistemas sanitarios, la relación entre competencia y calidad asistencial es difícil de identificar si faltan datos fiables que midan la calidad9.

A falta de incentivos correctos para que los proveedores privados den prioridad a la calidad asistencial, podrían aplicar políticas que hagan sacrificios -que se perciben como marginales- en la calidad a cambio de grandes reducciones en los costes, como reducir el personal, bajar la remuneración del personal, elegir selectivamente pacientes rentables, prescribir servicios en exceso o dar de alta a pacientes prematuramente.
Las revisiones anteriores sobre este tema se han centrado en los efectos de la propiedad de los hospitales sobre la calidad de forma transversal, es decir, comparando los resultados de los proveedores públicos y privados.10, 11

Estos estudios pueden ayudarnos a comprender cómo los proveedores del sector privado se comportan de forma diferente a los del sector público. Sin embargo, estas pruebas no son concluyentes por dos motivos. En primer lugar, los análisis transversales de la propiedad no suelen identificar un grupo de comparación que preste servicios similares a tipos de pacientes similares. Más concretamente, el sector privado suele tratar a pacientes más sanos en sistemas sanitarios en los que algunos servicios son prestados por el Estado y otros por el mercado privado. Las pruebas sugieren que las personas que acceden a la asistencia sanitaria prestada por el sector privado suelen tener más recursos y mejor salud.12
 
 Por consiguiente, al comparar los resultados en hospitales públicos y privados, será difícil controlar el sesgo de que los pacientes más sanos sean seleccionados en hospitales privados y tengan mejores resultados, no por la calidad de la atención, sino por el estado de salud subyacente de estos pacientes. El efecto de la propiedad es sólo una parte de la justificación de la privatización.

En segundo lugar, centrarse en el régimen de propiedad pasa por alto una de las principales razones de la privatización: que la competencia entre proveedores debería producir efectos indirectos positivos en la calidad de la atención de los proveedores públicos. Si la externalización funciona como teorizan sus defensores, los proveedores públicos mejorarán su calidad asistencial aprendiendo de los proveedores innovadores del sector privado, o debido a la motivación intrínseca de evitar perder contratos en favor del sector privado. En teoría, la competencia también permitirá a los comisionados ser más exigentes en el proceso de contratación. En consecuencia, cualquier diferencia entre proveedores públicos y privados podría estar sesgada y no ser adecuada para comprender todos los efectos del aumento de la externalización.

Abordamos la necesidad de medir tanto los efectos de la propiedad como los de la competencia centrando esta Revisión en estudios longitudinales que tengan grupos de comparación significativos o que intenten tener en cuenta el sesgo y medir los efectos agregados del aumento de la externalización. (...)

Conclusión

Sólo hay un pequeño número de estudios que aborden el efecto de la privatización en la calidad de la atención ofrecida por los proveedores de asistencia sanitaria y, sin embargo, dentro de este pequeño grupo de estudios longitudinales, encontramos una imagen bastante coherente. Como mínimo, la privatización de la asistencia sanitaria casi nunca ha tenido un efecto positivo en la calidad de la atención. Pero la externalización tampoco es benigna, ya que puede reducir los costes, pero parece hacerlo a expensas de la calidad de la atención. En general, nuestro estudio aporta pruebas que cuestionan las justificaciones de la privatización de la sanidad y concluye que el apoyo científico a una mayor privatización de los servicios sanitarios es escaso. (...)"                
 

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