"Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
¿Entramos al nuevo año con ansiedad o con esperanza? Yo tengo esperanza porque en mis viajes veo que la gente alrededor del mundo está decepcionada con el estado actual de las cosas y quiere vivir en una sociedad que no esté eclipsada por el hambre y el sufrimiento. Pero no soy tan optimista como para creer que la insatisfacción por sí sola transformará este mundo de catástrofes climáticas y guerras genocidas en un mundo de dignidad y paz. Si bien el sentimiento existe, aún no nos ha ayudado a trazar un camino hacia algo mejor.
Durante décadas, organizaciones como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), fundada en 1964, han proporcionado análisis empíricos del sufrimiento en nuestro mundo. En diciembre del año pasado, la UNCTAD publicó su Informe sobre comercio y desarrollo 2025, que contenía varios hallazgos novedosos e importantes. A continuación, presentamos seis puntos que merecen nuestra atención.
- El crecimiento mundial está estancado y es desigual. La UNCTAD proyectó que el crecimiento del PIB mundial se desaceleraría a 2,6% en 2025, desde un 2,9% en 2024, una señal de estancamiento secular. Se preveía que los países en desarrollo, liderados por las potencias asiáticas, crecerían un 4,3% e impulsarían el 70% del crecimiento global. Por su parte, se esperaba que América Latina y el Caribe experimentaran un crecimiento más lento en comparación con 2024 y que el crecimiento general de África aumentaría de manera desigual. Aunque algunas regiones del Sur Global son el motor del crecimiento, siguen estando estructuralmente subordinadas a los centros financieros del Norte Global: el valor se produce en la periferia, pero es mediado, valorado y, a menudo, apropiado a través del sistema financiero y comercial dominado por el núcleo.
- El Norte Global domina el comercio a través del sistema financiero. La UNCTAD estima que el 90% del comercio mundial depende de las finanzas comerciales y del sistema bancario. El comercio mundial es sensible a las variaciones de las tasas de interés, la liquidez de los mercados financieros y la confianza de lxs inversionistas, que pueden afectar al comercio tanto como los cambios en la producción real. Los datos de la UNCTAD muestran que las oscilaciones financieras mundiales, en crédito, flujos de capital y disposición al riesgo, están estrechamente relacionadas con las fluctuaciones del volumen del comercio mundial. Con la participación del dólar estadounidense en los pagos internacionales a través del sistema SWIFT una vez más en alrededor del 50% de todos los pagos, y con Estados Unidos representando la mitad del valor del mercado bursátil mundial y el 40% de la emisión de bonos, la hegemonía del dólar continúa prevaleciendo sobre el Sur Global. En otras palabras, el comercio mundial circula en contenedores del Norte y está garantizado por el crédito del Norte.
- La crisis del hiperimperialismo genera incertidumbre. El informe menciona repetidamente la “elevada incertidumbre política global”. Este es un eufemismo tecnocrático para una crisis de hegemonía en el núcleo imperial, con la guerra comercial del presidente estadounidense Donald Trump en su eje central. Las escaladas arancelarias y la confrontación geo-económica se han convertido en características arraigadas del sistema mundial, en lugar de simples perturbaciones temporales. Estos acontecimientos continuarán frenando la inversión y el comercio, conduciendo al estancamiento en los Estados del Atlántico Norte y en las secciones del Sur Global más vulnerables a los patrones de comercio Norte-Sur.
- La crisis de deuda del Sur Global se intensifica. La mitad de los países de bajos ingresos del mundo (35 de 68) enfrentan un alto riesgo de sobreendeudamiento. “Los incumplimientos de pago de la deuda”, señala la UNCTAD, “históricamente han conducido a reducciones desmedidas y prolongadas de la producción; a una falta de acceso a los mercados internacionales de capital; y a fuertes aumentos en los costos de endeudamiento que obstaculizan cualquier recuperación económica posterior”. En promedio, las economías subdesarrolladas se endeudan a tasas de interés del 7%–11%, mientras que las economías avanzadas lo hacen al 1%–4%. Esta disparidad es una característica estructural de la arquitectura financiera internacional, no simplemente un reflejo de los fundamentos de esta o aquella economía. La deuda continúa utilizándose para disciplinar a los países del Sur Global, particularmente en África.
- La crisis climática alimenta la crisis de la deuda. Los países más vulnerables a la crisis climática se ven obligados a pagar por su vulnerabilidad a través de tasas de interés más altas. Según el informe, estos países “transfieren US$ 20.000 millones por año a acreedores externos solo para cubrir los mayores costos de interés debido a los riesgos climáticos, a pesar de que apenas han contribuido a generar ese riesgo. Este costo ha aumentado desde US$ 5.000 millones en 2006, hasta alcanzar un total acumulado de US$ 212.000 millones para 2023”. Este proceso podría caracterizarse como una forma de servidumbre por deuda climática, donde lxs menos responsables de las emisiones de carbono son obligados a subvencionar a los tenedores de bonos del Norte mediante primas de riesgo más elevadas.
- Los alimentos se están convirtiendo en un activo especulativo. En el capítulo III, del informe “The Financial Architecture of Global Food Trading” [La arquitectura financiera del comercio mundial de alimentos], la UNCTAD explica cómo lxs principales comerciantes de alimentos obtienen más de tres cuartas partes de sus ingresos de la intermediación financiera, financiando acuerdos, comerciando derivados y obteniendo comisiones por gestionar riesgos y crédito, en lugar del comercio físico de materias primas alimentarias. El informe advierte que los mercados de productos básicos financiarizados amenazan la seguridad alimentaria en el Sur Global al amplificar la volatilidad de los precios, y como mostró la UNCTAD en su Informe de comercio y desarrollo 2023 , que los alimentos se han convertido cada vez más en un activo especulativo.
En 2019, la UNCTAD publicó uno de sus informes más radicales de los últimos años, argumentando que confiar en que el sistema se arregle a sí mismo era “pensamiento ilusorio”. Lo que se necesita, decía el informe, es una reforma de todo el sistema del neoliberalismo y un nuevo Pacto Verde Global liderado por el sector público. Desde entonces, la UNCTAD ha elaborado análisis empíricos muy útiles, pero las soluciones propuestas se han ido diluyendo cada vez más. En 2023, la UNCTAD afirmó que era necesario “realinear la arquitectura financiera global” y en 2024 destacó la necesidad de “repensar el desarrollo en la era del descontento”. El último informe contiene una de las críticas empíricas más poderosas al sistema, pero termina con frases vacías sobre “herramientas macroprudenciales”, “cerrar brechas de datos” y “reformas específicas”. ¿Pueden estos gestos retóricos y adornos tecnocráticos resolver los problemas sociales y políticos de nuestro mundo?
Lo que necesitamos es un programa que sea más que retórica. Requerimos un compromiso con una nueva teoría del desarrollo, que hemos estado construyendo en nuestro instituto. En el curso de nuestra investigación, nos ha quedado claro que hay diez políticas básicas que los países del Sur Global deben adoptar para superar el neoliberalismo y la dependencia:
- Planificación democrática. Establecer una comisión nacional de planificación democrática con autoridad real sobre las inversiones, el comercio y las prioridades industriales.
- Política industrial dirigida por el Estado. Poner en marcha una política industrial que identifique los sectores estratégicos (infraestructura digital, procesamiento de alimentos, maquinaria, productos farmacéuticos y energía renovable) y los apoye a través de compras públicas, los subsidios, el crédito, los requisitos de contenido local y la transferencia de tecnología, y la protección frente a la competencia extranjera.
- Controles de capital e impuestos. Implementar controles de capital estratégicos que eviten la fuga de capitales, entradas especulativas y ataques cambiarios; fortalecer la supervisión para frenar los flujos financieros ilícitos; exigir la reinversión de las ganancias en sectores productivos nacionales; y adoptar impuestos progresivos para penalizar la especulación.
- Financiamiento público para el desarrollo. Establecer y fortalecer bancos públicos de desarrollo para canalizar el crédito hacia proyectos industriales, agrícolas, de vivienda e infraestructura a largo plazo.
- Propiedad pública. Nacionalizar sectores estratégicos como la energía, la extracción de minerales, el transporte, las telecomunicaciones y las finanzas.
- Soberanía alimentaria. Reconstruir la soberanía alimentaria a través de la reforma agraria, lo que significaría enfrentarse al latifundismo y a las empresas agrícolas. En algunos contextos, esto implicaría redistribución de la tierra. En otros, lograr escala de manera democrática a través de cooperativas. Invertir en riego, almacenamiento y transporte agrícola. Poner fin a la dependencia de las importaciones de alimentos y de los volátiles mercados globales y estabilizar los precios mediante la intervención pública en los mercados alimentarios.
- Soberanía tecnológica. Romper la dependencia de la propiedad intelectual utilizando licencias obligatorias, institutos públicos de investigación, fondos tecnológicos Sur-Sur y plataformas de código abierto para desarrollar capacidades tecnológicas nacionales en salud, energía y comunicaciones.
- Integración regional. Desarrollar sistemas regionales de comercio y pago Sur-Sur, como mecanismos regionales de compensación, comercio en monedas locales y cadenas industriales coordinadas.
- Soberanía de la deuda. Realizar auditorías públicas para identificar deuda ilegítima u odiosa. Suspender los pagos de la deuda cuando sea necesario y buscar una renegociación colectiva con otros países del Sur Global para debilitar el poder de lxs acreedorxs.
- Bienes públicos universales. Garantizar la atención médica, la educación –incluida la formación profesional y técnica alineada con las prioridades industriales–, la vivienda, el transporte y la energía mediante provisión pública, articulando estos servicios con los sistemas productivos nacionales a través de empresas públicas de construcción, compañías farmacéuticas estatales y servicios públicos de energía.
Esta agenda de diez puntos es solo el comienzo de lo que estamos tratando de desarrollar a través de la Nueva Teoría del Desarrollo. Los departamentos de Economía y Sociología Histórica de nuestro instituto trabajan arduamente mapeando los mecanismos de la dependencia global e identificando estrategias para romperlos. Planeamos desarrollar nuevas herramientas analíticas, como un Índice de Dependencia y un Índice de Soberanía Digital, para proporcionar un análisis riguroso del estado actual de la dependencia y de las fuerzas productivas en todo el Sur Global. Nuestro trabajo ahora depende de convertir la insatisfacción en un programa para construir un mundo mejor.
En los años triunfantes de la descolonización, los países recién independizados del Tercer Mundo compusieron himnos de independencia y desarrollo. Abdel Halim Hafez, el legendario cantante de la independencia egipcia, interpretó una canción en 1960 llamada Hekayet Shaab [El cuento de un pueblo]. Contaba la historia de la revuelta de Egipto contra su monarquía corrupta en 1952, la construcción de la Presa de Asuán, el intento de Gran Bretaña, Francia e Israel de bloquear su construcción, y la nacionalización del Canal de Suez por parte de Gamal Abdel Nasser. La canción comienza con este estribillo vibrante:
Dijimos que la construiríamos.
Y construimos la Presa Alta.
Con nuestro propio dinero y las manos de nuestrxs trabajadorxs.
Dijimos que lo haríamos y lo hicimos.
Lo volveremos a hacer.
Cordialmente,
Vijay" (Tricontinental, 01/01/26)
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