Desde lo alto el terrorismo vasco no es más que eso: un chiflado que va por las calles con una pistola en la mano persiguiendo a Maite Pagaza y Fernando Savater.
Si no hemos logrado reducirlo efectivamente a esto, si los periódicos, cada día, insisten en su ennoblecimiento (y entre esa retórica, como un faro para la ilustración de generaciones, destaca la legalización mediática de Batasuna) es por su aprovechamiento político.
El terrorismo vasco es incapaz de levantar por sí sólo otra solemnidad intelectual que no sea la del chiflado en busca de sus víctimas. El orden y el sentido, es decir lo más repulsivo de la enfermedad, lo procuran los demócratas, destacadamente los presuntos. Ellos, los que proveen de fines al terrorismo, los únicos que pueden decretar su fin. (Diarios. Blog de Arcadi Espada, 04-04-07)
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