“El sacerdote del horror. La cadena perpetua al capellán Von Wernich por genocidio en la dictadura argentina reabre el debate sobre el papel de la Iglesia.
El presidente de la Conferencia Episcopal argentina, cardenal Jorge Bergoglio, emitió un comunicado en el que señaló que la Iglesia expresa su conmoción por los "delitos gravísimos" en los que ha participado Von Wernich, al tiempo que destaca que si "algún miembro de la Iglesia hubiera avalado con su recomendación o complicidad algunos de estos hechos de represión, habría actuado bajo su responsabilidad personal".
No es ésa la opinión compartida incluso por otros miembros del clero argentino, como el sacerdote Rubén Capitano, quien durante el testimonio prestado en el juicio que acaba de terminar destacó que "la Iglesia no mató, pero no salvó", y añadió a modo de mea culpa: "Debimos estar al lado de los crucificados y no tan cerca de los crucificadores". Ayer se evocaba en Buenos Aires el caso del pro vicario castrense en los años del golpe, Victorio Bonamin, que justificó la dictadura asegurando que era "voluntad de Cristo".
Pero también la represión alcanzó a la Iglesia y en ocasiones al alto clero, como al obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, quien fue asesinado por militares el 4 de agosto de 1976 sin que el obispado argentino emitiera ni una nota de protesta.” (El País, ed. Galicia, Internacional, 11-10-07, pp. 9)
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