“El caso es que hay ya muchas maneras de ser de izquierdas. La izquierda es una ideología que, felizmente, se ha desmigajado. Así, por ejemplo, para remediar los males sociales, la nueva izquierda ya no cree en totalitarias utopías sino en una praxis hecha de actitudes individuales libres. (Y dicho sea de paso, para los que tendemos a la moderación política nos es mucho más fácil ser de izquierdas hoy que hace unos años).
Nada tiene de extraño, pues, que en la era de la complejidad encontremos inesperadas convergencias. Al fin y al cabo -pongo por caso- la "mano invisible" de Adam Smith y la interacción entre tesis y antítesis en la dialéctica de Hegel y de Marx son ejemplos de una misma autorregulación cibernética. Así, ya digo, no nos sorprenden algunas nuevas e inesperadas afinidades. Por ejemplo, existe un cierto denominador común entre el "enfoque sistémico" de Edgar Morin, el "orden social espontáneo" de Von Hayek, los "sistemas autopoiéticos" de Varela y Maturana, las "estructuras disipativas" del ya citado Prigogine, el "orden a partir del ruido" del también mencionado Von Foerster, el "constructivismo" de Paul Watzlawick. ¿Qué tendrían en común, políticamente hablando, todos estos autores? Poca cosa. Digamos que su lugar de encuentro no es político sino epistemológico: todos ellos -de "derechas" o de "izquierdas"- han participado en un esfuerzo compartido por pensar la complejidad. Y ésa es la cuestión prioritaria.” (SALVADOR PANIKER: Pensar la complejidad; El País, ed. Galicia, Opinión, 18/11/2007, pp. 37)
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