8.1.08

La crisis que no se acaba porque falta la confianza... en la honradez de los bancos

“¿Cómo comenzó todo? La subida de los precios de la vivienda en Estados Unidos a mediados de los años noventa, al mismo tiempo que en España, acabó convirtiéndose en una burbuja inmobiliaria. Las autoridades estadounidenses llevaban años animando a las instituciones crediticias a conceder préstamos subprime para ayudar a los ciudadanos de escasos recursos a cumplir el sueño de comprar una casa. Pero el sueño se convirtió rápidamente en pesadilla: los tipos de interés comenzaron a subir, los precios de las viviendas bajaron en picado y muchos compradores fueron incapaces de hacer frente a las cuotas mensuales de sus hipotecas.

Las pérdidas se extendieron rápidamente por los mercados, donde esas hipotecas se negociaban desde hacía tiempo como instrumentos financieros con altísimas rentabilidades y excelentes calificaciones de las agencias de riesgo. Hasta que la desconfianza hizo su aparición y desató un problema de falta de liquidez en los mercados de crédito que, cinco meses después, aún persiste. Los bancos han dejado de prestarse dinero entre sí porque desconfían de la solvencia de sus competidores, y también se lo piensan dos veces a la hora de dar créditos a empresas y particulares.

Para Ángel Berges, consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales (AFI), la crisis se prolonga tanto porque las instituciones financieras están tardando mucho en confesar cuánto dinero han perdido como consecuencia de su exposición a la crisis. "La sensación es que estamos sentados en un polvorín de subprime", afirma Berges. "Eso aumenta la desconfianza y hace que nadie preste a nadie". (El País. Ed. Galcia, Negocios, 32-12-07)

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