En el lado de la oferta, existe un modelo de solución sostenible: el programa Amapola para usos medicinales, una herramienta de desarrollo económico que consiste en permitir el cultivo de amapolas en Afganistán para fabricar medicamentos a partir del opio, como la morfina. Hasta ahora, la comunidad internacional ha ignorado bastante esta solución y ha preferido librar una "guerra contra las drogas" que hace hincapié en el castigo, la represión y la erradicación agresiva de cosechas.
Ahora que EE UU ha enterrado el hacha de esta costosa guerra y ha anunciado una transformación de su programa antidroga en Afganistán, ha llegado el momento de revisitar la "amapola para usos medicinales" y llevar a la práctica proyectos piloto lo antes posible. Estos proyectos no sólo proporcionarán a los agricultores afganos unos ingresos decentes dentro de la economía legal, sino que impulsarán el desarrollo económico necesario para disminuir el cultivo ilegal de amapolas en el país, porque proporcionará a las comunidades rurales el dinero, la experiencia en desarrollo y las condiciones económicas que les permitirán eliminar gradualmente dicho cultivo.
La autorización del cultivo de amapolas se ha llevado a cabo con éxito en Turquía e India. La propia España es un importante productor de medicamentos a base de opio. Aunque la fabricación comercial de opio para usos medicinales en España es relativamente desconocida, es una de las mayores del mundo; el cultivo y la fabricación están en manos de la empresa Alcaliber, SA.
Durante 2007 y 2008 España aumentó el cultivo de amapolas, en parte porque acababa de incorporarse al grupo de países autorizados para suministrar a EE UU. El año pasado estaba previsto un nuevo aumento que situaría a España y Francia en la primera plaza de la producción de materias primas opiáceas.
Las nuevas estrategias sobre la demanda deben centrarse en la prevención, la educación, el tratamiento y la rehabilitación de los drogadictos en un entorno humanitario y de sanidad pública. Al mismo tiempo, es preciso abordar en el lado de la oferta los factores sociales negativos que arrastran al tráfico de drogas: subdesarrollo y pobreza, desempleo y exclusión social.En el caso de Afganistán, es más importante pasar al cultivo legal de amapolas para medicamentos que aumentar la producción en España, porque tenemos más que ganar si hay estabilidad y seguridad en Afganistán y la región en general." (RAYMOND KENDALL y JORRITT KAMMINGA: La nueva estrategia mundial contra la drogaEl País, ed. Galicia, opinión, 25/03/2010, p. 27)
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