26.3.10

"La primera esposa del ex campeón de artes marciales Fernando Torres Baena confesó al juez los abusos y el funcionamiento de la secta sexual.

Edith V. P. ha reconocido que mantuvo relaciones con menores de edad durante cuatro años. Lo explica así: "Era una forma de vida a la que me había entrenado Fernando". Fernando es Fernando Torres Baena, principal imputado en el que podría ser uno de los mayores casos de pederastia en España. Edith, ex esposa de Fernando y también imputada, detalla en su declaración ante el Juzgado de Instrucción número 7 de Las Palmas de Gran Canaria el inicio de esta truculenta historia de secta sexual dirigida por el prestigioso karateca, profesor y ex campeón de España, Torres Baena. En el sumario, al que ha tenido acceso EL PAÍS, relata su propia corrupción. (...)

"Estaba superenamorada. Lo admiraba. Era como un Dios", explica la mujer, de 45 años, al juez. "Él me decía que no era suficiente, que necesitaba más, una persona del otro sexo, porque yo no era suficiente". Cuando nació su primera hija, Torres Baena preguntó a Edith si podía ir a su casa una persona de su mismo sexo, para que él "lograra su felicidad". Quiso que ella también mantuviera relaciones con otras personas. "La primera vez que accedí fue muy frustrante y le pedí a Fernando que no me obligara. (...) Durante un tiempo me dejó tranquila, pero al poco tiempo volvió a empezar". (...)

Edith y Fernando tuvieron un segundo hijo, pero, según la declaración de la mujer, él no quería esa clase de familia. "Quería una elegida por él, que todos colaboraran en todo y mantener de esa forma relaciones". En esa época empezaron a llegar a la casa dos chicos -uno de ellos también imputado ahora- y dos chicas. Después fueron llegando más, alumnos de la escuela. Menores de edad de unos 13 o 14 años. Edith mantuvo relaciones con algunos varones. Fernando, con chicos y con chicas.

Era "la familia de Playa de Vargas", lugar en el que el matrimonio tenía una casa de veraneo a la que se llevaban a los alumnos elegidos. "Todo el mundo colaboraba en la casa. (...) Entendía que los demás iban porque querían. Tenía la sensación de que la única jodida era yo y que ellos estaban locos por tener relaciones sexuales con Fernando". "Lo que pasaba cuando alguien iba a tener una relación era que se cerraba una habitación y se sabía que allí había alguien con alguien".

La ex esposa de Torres Baena asegura que sabía que tenía que compartir con esas personas (menores) "todo, tanto el trabajo como las relaciones". "Yo cumplía el trámite y seguía con lo mío". Asegura que no habló de este tema con nadie en ese entonces porque "todo el mundo pensaba que era bueno".

Cuando su hija mayor cumplió los once años, ella se alejó del grupo y vio cómo, sin embargo, sus hijos se acercaban. "Hablé con Fernando y le dije que dejara de intentar ese tipo de familia", señala. Su hija mayor empezó a tener relaciones sexuales con un alumno de kárate cuando tenía 15 años, según su relato, pero niega haber sabido que sus hijos participaran en la secta sexual. Los testimonios de algunos menores, sin embargo, indican lo contrario. Los hijos también lo han negado.

En 1988 Edith comenzó a estudiar Derecho en la universidad. Ante las preguntas del fiscal sobre si no se daba cuenta de que estaba cometiendo un delito teniendo relaciones con menores, la imputada dice que "nunca pensó si eran mayores o menores" pero que se sentía mal "por participar en una forma de vida que no quería". Al ver crecer a mis hijos me fui percatando de lo que pasaba. A él lo define como un hombre "inteligente y manipulador" que quería tener influencia sobre todo el mundo, mayores y menores". (El País, ed. Galicia, sociedad, 18 /03/2010, p. 33)

"Para ser campeón de kárate hay que mantener relaciones sexuales a menudo, al menos 10 veces a la semana". "El sexo es bueno". "Lo importante es el grupo. La familia no es nada". Los alumnos de la prestigiosa escuela de kárate Torres Baena, en Las Palmas de Gran Canaria, recibían mensajes como éstos a lo largo de sus años de entrenamiento, según han asegurado a la justicia decenas de estudiantes. (...)

Las presuntas víctimas han relatado ante el juez -según ha tenido conocimiento EL PAÍS- que en la escuela se fomentaban las relaciones sexuales entre los menores y también entre menores y adultos. Hombres con hombres, mujeres con mujeres y hombres con mujeres. Todos niños y jóvenes guapos.

Las dos mujeres imputadas, de 29 años, podrían haber sido, a su vez, víctimas de esta cadena de corrupción de menores y pasar al cabo de los años a ser agresoras. Una de ellas, María José G. P., es la actual pareja de Torres Baena y entró en la escuela siendo preadolescente. También fue alumna desde pequeña otra de las monitoras imputadas, Ivonne G. H. Ambas karatekas participaron en un reportaje en la revista Interviú en octubre de 2007 en el que aparecían desnudas y esculturales junto a otras dos alumnas y profesoras de la escuela, una de ellas campeona del mundo. (...)

Los relatos de los chicos, algunos menores y otros mayores de edad que pasaron por la escuela hace 10 o 20 años, son parecidos. Una chica de 26 que entró a los 15 en la academia dice que tuvo relaciones consentidas con otros menores, pero que se vio obligada a mantenerlas con Fernando, María José e Ivonne. "Había que hacerlo", dice. Fernando, supuestamente, era el que decidía con quién tenía que estar cada uno. "Y el premio era acostarse con él". Un menor afirma, según fuentes conocedoras del caso, que el director desde el principio le dijo que el sexo era "algo natural" y que a los 10 años empezó a iniciarlo con besos y felaciones. A los 11 años ya tuvo sexo completo con las dos imputadas, según su versión. "Decían que las relaciones eran buenas para el kárate". Otro chico relata que Fernando le dijo que le iba a hacer "el mejor regalo", que fue poder acostarse con la hermosa María José, su pareja." (El País, 07 /03/2010)

"En la escuela de kárate de Fernando Torres Baena no se corrompía a todos los alumnos. Sólo a los elegidos. El director los seleccionaba en función de su belleza y aptitudes físicas . Los preferidos pasaban a formar parte de su "familia", que él controlaba de forma autoritaria dirigiendo cada uno de los actos de sus miembros. A lo largo de más de 30 años de trayectoria profesional creó varias. Eran familias perecederas. (...)

Los que no eran elegidos como miembros de la familia veían una escuela de kárate normal. Lo único visible para todos era que alumnos y monitores se mostraban muy cariñosos entre sí y que el saludo habitual era un beso en la boca. Pero sólo los preferidos llegaban a conocer el trasunto oscuro del gimnasio. "Sólo se interesaba por los que eran físicamente agraciados tanto de cara como de cuerpo, especialmente entre los nueve y los 13 años, que es cuando comienzan a competir", asegura uno de los denunciantes. Dejaba de lado a los menos agraciados, aunque si tenían cualidades podían participar en los campeonatos. (...)

El karateca invitaba a sus niños a su casa de la playa de Vargas, en Agüimes . Iban allí en vacaciones y los fines de semana con la excusa de hacer entrenamientos intensivos. Pero no sólo se entrenaba. Los chicos limpiaban la casa por dentro, arreglaban el jardín, iban a la playa juntos..., como si efectivamente fueran una gran familia que trabajaba unida en todas las labores del hogar. Era parte del entrenamiento, como el sexo, que pedía a los alumnos porque la familia "tenía que conocerse en todos sus aspectos" y porque de esta forma se potenciaba "todo lo que conlleva la vida deportiva y el kárate". Lo que había de fondo, según él les explicaba, era "amor". Y disciplina. Él lo controlaba todo: hacía cuadrantes ordenando quién debía acostarse con quién cada noche. La regla general, según un menor, era ésta: "Aquí todos con todos y yo con todos". El que se abstenía, era reprendido.

No se ejercía violencia física sobre los menores, según desvela un sumario judicial en el que aparecen declaraciones de 55 presuntas víctimas. Los niños iban asimilando poco a poco el estilo de vida que a Torres Baena le gustaba; les convencía de que el sexo era algo "normal". Las relaciones con los niños no eran "forzadas de forma explícita", según explicó al juez de Las Palmas que lleva el caso una mujer que ahora está en la treintena y que a los 13, recién llegada a la escuela, recibió la buena noticia de que "formaría parte de la pequeña familia de elegidos". Dice que no puede explicar muy bien cómo funcionaba el mecanismo de control, pero que "había una manipulación por parte de Fernando" en la que todos caían.

Otra mujer de esa época, de esa familia ya antigua, explicó al juez cómo Torres Baena iba introduciendo a los chicos en su filosofía vital. Les decía que la relación de pareja que tenían sus padres no era "lo que se llevaba", que era de "desfasados" y que "no podían estar cerrados porque les iba a apartar de muchas cosas". Alababa sus habilidades deportivas y les hacía promesas sobre su futuro en el kárate. "Le gustan sobre todo los niños más pequeños, entre los nueve y los 13 años", relata uno de los denunciantes. "Es cuando empiezan a competir y puede engatusarlos".

Ésa era la parte más suave de la manipulación. Había otra más agresiva. Torres Baena tenía poder. En los últimos tiempos era el presidente de la Federación Gran Canaria de Kárate y director de I+D de la federación española. Los alumnos sabían, y así lo dejaba claro él, que si se ponían en su contra no iban a ser admitidos en ningún gimnasio y no podrían hacer nada en ese mundo. Un alumno le atribuye esta frase: "Si quieres marcharte, márchate, pero ya puedes ir olvidándote del kárate".

Una de las chicas que ha declarado, de casi 30 años, acabó aterrorizada por Fernando. Empezó a tener una relación con alguien ajeno al grupo y tuvo verdaderos problemas porque "eso no se podía consentir". Una de las formas de lograr el control era precisamente aislar a los menores; alejarlos de sus familias reales y de sus amigos de forma que, en un momento dado, todo lo que eran se lo debían a Fernando y al grupo de la playa de Vargas.

"Cualquiera que quisiera salirse de lo establecido por él tenía bronca asegurada", declaró la mujer. A ella le amenazó con echarla del club; le dijo que le haría la vida imposible, que él se encargaría de que no volviese a competir jamás. La karateca rebelde se envalentonó y le dijo que le contaría todo a la policía. Él, según su relato, respondió que "llevaba haciendo el mismo tipo de vida desde hacía 35 años" y que siempre "había hecho lo que había querido".

Las broncas, al parecer, eran todo lo largas que fuera necesario para doblegar la voluntad de los menores. Podían durar hasta tres o cuatro horas. "Sabe cómo hacer daño cuando no le obedecen", asegura una joven. "Es manipulador y no tiene escrúpulos", afirma otra. "Se interesaba por la vida personal de los chicos como si tratara de averiguar el punto flaco de cada uno", corrobora un alumno." (El País, ed. Galicia, , /03/2010, p. )

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