La reciente crisis financiera ha mostrado este multiplicador en sentido inverso. La dramática caída de la confianza ha llegado a paralizar los mercados de crédito (que eran demasiado abundantes y baratos), encareciendo y racionando el crédito y la financiación mayorista, acelerando la recesión, reduciendo los efectos del multiplicador keynesiano y obligando a los gobiernos a gastar en exceso. (...)
Estos mismos razonamientos se aplican a la economía española, cuyo crecimiento medio ininterrumpido del 3,5% durante 14 años, claramente por encima de su potencial, que era cercano al 3%, produjo una ola de optimismo y euforia que produjo que el crédito llegara a crecer al 27% -cuatro veces más que el PIB nominal-, alcanzando el 175% del PIB español y el 25% de todo el crédito concedido en la zona euro, cuando el PIB español era sólo el 12% de dicha zona. Y que en 2006 llegaran a iniciarse 760.000 viviendas y a cerrarse 955.000 transacciones inmobiliarias -más que en EE UU con siete veces más población- y que se generara un déficit por cuenta corriente del 10% del PIB, el segundo mayor del mundo en valor.
La crisis financiera llegó en el peor momento, estando los hogares y empresas del sector privado muy endeudados con ahorro extranjero justo cuando los mercados de crédito al por menor y la financiación mayorista se cerraban. Este dramático cambio de ciclo ha hecho que los ciudadanos españoles hayan entrado en una fase de pesimismo y de desconfianza creciente en sus instituciones políticas, sociales y económicas que está en buena parte justificada por el escaso nivel de liderazgo mostrado en todas ellas. Lo peor de esta actitud pesimista es que, de mantenerse, puede llegar a autocumplirse y alargar o incluso empeorar la recesión, más aún si los mercados financieros responden encareciendo el riesgo de España." (GUILLERMO DE LA DEHESA: Los efectos de la falta de confianza. El País, Negocios, 04/04/2010, p. 12)
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