4.5.10

Las agencias de calificación... el proceso de su corrupción...

"No, los correos electrónicos en los que deberíamos centrarnos son los de los empleados de los organismos de calificación crediticia, que otorgaron calificaciones Triple A a cientos de miles de millones de dólares en activos sospechosos, casi todos los cuales se han convertido después en basura tóxica. Y no, no es una hipérbole: de los valores respaldados por hipotecas subprime con calificación Triple A emitidos en 2006, el 93% -¡el 93%!- se ha rebajado a la categoría de basura.

Lo que esos correos electrónicos revelan es un sistema profundamente corrupto. Y es un sistema que la reforma financiera, según la propuesta actual, no arreglaría. (...)

Los organismos de calificación crediticia empezaron como analistas de mercado que vendían tasaciones de deuda corporativa a gente que se estaba planteando comprar esa deuda. Sin embargo, con el tiempo se transformaron en algo bastante diferente: empresas contratadas por gente que vendía deuda para que le dieran a esa deuda el visto bueno.

Ese visto bueno llegó a desempeñar un papel primordial en todo nuestro sistema financiero, en especial para los inversores institucionales como los fondos de pensiones, que compraban los bonos sólo en el caso concreto de que recibieran la ansiada calificación Triple A.

Era un sistema que parecía digno y respetable a primera vista. Sin embargo, provocaba enormes conflictos de intereses. Los emisores de deuda -que cada vez más eran empresas de Wall Street que vendían valores que creaban troceando cosas como hipotecas subprime- podían elegir entre varios organismos de calificación.

Así que podían dirigir su empresa a la entidad que tuviera más probabilidades de emitir un veredicto favorable y amenazar con quitarle negocio a una agencia que se esmerara demasiado en hacer su trabajo. Analizándolo retrospectivamente, está clarísimo cómo podía esto corromper el proceso.

Y lo hizo. (...)

En un mensaje de correo electrónico, un empleado de S&P explica que es necesaria una reunión para "hablar de ajustar los criterios" para tasar los valores respaldados por hipotecas "ante la continua amenaza de perder contratos". Otro mensaje se queja de tener que usar recursos "para maquillar las cifras de los préstamos subprime y los alt-A

[productos para prestatarios que no cumplen los requisitos para préstamos convencionales] para conservar la cuota de mercado". Está claro que las entidades distorsionaron sus tasaciones para agradar a sus clientes.

A su vez, estas tasaciones sesgadas ayudaron al sistema financiero a asumir mucho más riesgo del que podía asumir de forma segura. El inversor de bonos Paul McCulley, que trabaja en Pimco y acuñó el término "bancos en la sombra" para las instituciones liberalizadas que originaron la crisis, lo describía hace poco de esta manera:

"El crecimiento explosivo de la banca en la sombra era como si la mano invisible organizara una fiesta, una fiesta con alcohol y sin regulación, en la que los organismos de calificación repartían carnés de identidad falsos". (Paul Krugman: Reprimendas a las agencias de calificación. El País, Negocios, 02/05/2010, p. 12/3)

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