A Josef Pröll se le da bien la comedia. El 16 de noviembre, el ministro de Finanzas austriaco expuso su monólogo de acreedor inflexible, sermoneando a su deudor. Grecia no respeta el programa de recortes de gastos impuesto por la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Atenas incurre en más deudas de las que debería.
Por ello Josef Pröll amenazó con no pagar el próximo tramo de la ayuda destinada a Grecia, que finalmente se realizará en enero. Es lo que suelen hacer por lo general los acreedores, tanto si se trata de Estados como de bancos. Amenazan y enseñan los dientes, pero al final acaban casi siempre por conceder un plazo extra a su deudor: más vale un deudor con fallos que uno muerto.
Lo que pasa es que hoy la crisis de la deuda en la eurozona ya no es un caso normal y Josef Pröll lo sabe perfectamente. Tras las últimas estimaciones corregidas sobre su déficit, Grecia registra una deuda que representa cerca del 130 % de su PIB.De aquí a 2015, Atenas debe pagar una deuda de 140.000 millones de euros, a lo que se añaden 90.000 millones de intereses. Y todo ello en un contexto económico desbandado. No hay que ser un gran experto para suponer que la situación corre el riesgo de acabar mal. Y no es el único caso de quiebra en la eurozona. Irlanda también se encuentra al borde del abismo. (...)
la eurozona debería prepararse ante la próxima oleada de quiebras. Se debería obligar a los acreedores a correr con parte de los costes de las quiebras en cuestión.
Parece algo fácil, pero significaría romper con las prácticas en vigor hasta el momento. Los bancos han sido los primeros amenazados con el hundimiento. Los contribuyentes les hicieron reflotar. Luego, han sido los Estados los que se han tambaleado. De nuevo, los contribuyentes, de otros países, han tenido que apresurarse para socorrerles.
Esto tiene que parar. (...)Es una pena que Berlín se haya retractado y aplace a un futuro lejano la posibilidad de la participación de los acreedores [privados] en los gastos incurridos por la insolvencia de un Estado.
No es suficiente. La pantomima no puede durar eternamente. Además, llegará un momento en el que los políticos tendrán que empezar a explicarnos a nosotros, como acreedores de Grecia, que no volveremos a ver ni rastro de nuestro dinero. No hay nada por lo que alegrarse, pero esto no es nada comparado con lo que les espera aún a los irlandeses y a los griegos." (Press Europ, 17 noviembre 2010 Der Standard Viena)
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