"Ha sido una alegría enorme, la mejor noticia que me podían dar", asegura. Y no es para menos. Su caso podría suponer además un antes y un después en la normativa sobre embargos en España. (...)
Todavía no había estallado la burbuja inmobiliaria y "hasta 2009 las cosas fueron más o menos bien", relata. Los problemas surgieron después de tres averías en su coche, con un importe total de 5.000 euros, que tuvo que pagar a la fuerza porque necesitaba el vehículo para acudir a su puesto de trabajo, en una empresa de limpieza.
A partir de entonces, no pudo hacer frente a la hipoteca, de 450 euros al mes (entonces tenía un sueldo de 1.100 euros), le embargaron la vivienda y decidió entregarla al banco en febrero de 2010. Pero la pesadilla no terminó ahí.
La casa salió a pública subasta, el banco se la adjudicó al 50% y le reclamó además 28.000 euros de la diferencia entre la tasación primera (71.000) y una segunda realizada por la subasta (42.900). "Entonces, sin que nadie me avisara, el juez actuó de forma automática, y ahora me ha dado la razón".
Según explica, no ha tenido abogados, no ha acudido a ningún juicio y nadie le ha citado para ninguna vista, pero entiende que "se ha hecho justicia". "Nunca comprendí por qué si ya había perdido mi casa, y no tenía casi ni para comer, tenía que seguir pagando al banco".
Sin embargo, y a pesar de que, por ahora, ha saldado su deuda con la entidad, su situación económica sigue siendo complicada. Su familia vive de su sueldo y aún mantiene su nómina embargada porque debe pagar las costas y la liquidación de intereses." (El País, 28/01/2011)
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