"¿Cuántos de los 46 millones de españoles saben algo sobre la mujer alemana de mediana edad que tiene en sus manos la soberanía democrática ganada a base de tanto esfuerzo y el futuro económico de su país...? (...)
Ese honor le corresponde a la figura sombría de Kathrin Muehlbronner, una políglota licenciada en economía por la Universidad de Tübingen, quien, es tentador decirlo, puede ejercer una influencia más reaccionaria sobre la vida española que cualquier otra mujer desde que la Reina Isabel [la Católica] desterrase a los moros, expulsase a los judíos y pusiese a la Inquisición en un lugar preponderante de la nación hace ahora más de medio milenio.
¿Y cómo es posible? Muehlbronner es la vicepresidenta y analista senior de riesgo soberano especializada en España de la agencia de calificación crediticia Moody’s. Eso la convierte en la mujer cuyo criterio puede hundir a España en lo desconocido por el mero acto de declarar que la quinta mayor economía de Europa ya no merece su calificación Aa1. (...)
“Moody’s cree que los riesgos a la baja justifican la revisión de la calificación de España para rebajar su nota”, dijo Muehlbronner con una mano en la palanca, tras lo cual se precipitaron tanto la bolsa como el euro.
Poco tiempo después, relajó la mano. “Moody’s no cree que la solvencia de España esté amenazada”, reconoció, y entonces tanto el euro como los mercados se recuperaron ligeramente.
¿Moody’s cree? ¿Y quién ha elegido a Moody’s, si se puede saber? ¿Qué tratado ha firmado Moody’s? ¿En base a qué tenemos que arrodillarnos ante la señora Muehlbronner? (...)
Tratamos a las agencias de calificación como si fuesen jueces. Incluso tienen un puesto en algunos de los marcos normativos improvisados. Pero son actores, y no solo actores, sino también especuladores. Así, cuando el crédito estaba hinchándose y era barato en la década de los noventa y del 2000, todos los vendedores de bonos que aparecían recibían una triple A por norma.
Moody’s, del que se dijo que encabezó la comisión de investigación de la crisis federal de Barack Obama, era una “fábrica de triples A”.
El resultado, desde las hipotecas subprime al propio mercado de bonos, fue que el sistema estaba inundado de productos financieros excesivamente sobrevalorados, todos ellos garantizados por lo que, al fin y al cabo, no eran más que calificaciones sin valor alguno." (Martin Kettle, The Guardian: La maldición de las agencias de calificación. En Attac Madrid, 05/01/2011)
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