27.5.11

En un mundo mucho más sano, nos veríamos ya arrastrados de lleno por el impulso de una ciclópea inversión pública... (como) la de la carrera espacial

"Las cargas de la deuda privada siguen siendo demasiado altas, el empleo sigue cayendo, y siguen en aumento la morosidad y los desahucios. Los activos están sobrevalorados, aun a los deprimidos precios actuales.

Muchas entidades financieras (entre las que probablemente se incluyen las más grandes) son insolventes sin esperanza, tenedoras de muchedumbres de deshechos tóxicos que jamás valdrán nada.

Así pues, ¿por qué afanarnos en poner por obra políticas que no hacen otra cosa que mantener una economía fundada en el crédito? Quienes en el mundo toman decisiones políticas siguen alimentando por doquiera la ficción de que se trata sólo de un problema de falta de liquidez temporal, y no, como es la verdad, de un problema de excesivo apalancamiento, de excesivo endeudamiento y de unos activos heredados increíblemente sobrevalorados, basados en unos escenarios económicos que nunca volverán.

Dadas las erradas premisas de que parten quienes toman decisiones políticas en los EEUU, en el Reino Unido y en la eurozona en punto a lidiar con el apalancamiento de las entidades financieras, resulta obvio que los problemas seguirán enquistándose, si los gobiernos no cambian su curso de acción.

Lo que redundará en una restricción de la capacidad de recuperación económica mundial, trayendo consigo una miríada de “décadas pérdidas” de estilo japonés por todo el planeta.

Todo el boom económico de los últimos 25 años se basó en la desregulación financiera, el fraude masivo y una inmensa acumulación de deuda privada, consecuencia de una política fiscal incapaz de generar pleno empleo e ingresos crecientes.

El crecimiento se basó en el préstamo a las familias y en la persistencia de tendencias de ahorro negativo (es decir, en el gasto déficit de las familias). Por consiguiente, un buen punto de partida para los esfuerzos de recuperación sería cambiar este método de crecimiento económico: promover el empleo, en vez de capitular ante los cantos de sirena de unos banqueros, cuya falta de escrúpulos nos ha metido de lleno en este lío.

En un mundo mucho más sano, nos veríamos ya arrastrados de lleno por el impulso de una ciclópea inversión pública, por el estilo de la que se dio con ocasión de la carrera espacial o del Proyecto Manhattan, para hacer progresar nuevas tecnologías energéticas por la vía de ampliar la producción y la innovación y rebajar así los costes por unidad.

Habría también un esfuerzo concertado para suministrar las nuevas infraestructuras que se necesitan. (Después de todo, las autopistas se construyeron, en parte, por razones de defensa nacional, y los ferrocarriles y los canales fueron parcialmente subsidiados con dinero público.)
(...)

Los fundamentalistas de la austeridad en el déficit no acaban de comprender que el déficit presupuestario es esencial para el crecimiento económico estable, si la contribución de las exportaciones netas –la diferencia entre exportaciones e importaciones— no basta a sostener la demanda interna cuando lo que busca el sector privado interno es ahorrar." (Sin Permiso, 15/05/2011, citando a 'El peligroso mito de que los bancos son solventes', de Marshall Auerback)

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