Ni siquiera el aumento del empleo es pensable sin pasar por ahí. Todo lo que distraiga el foco de ese cumplimiento quizá beneficie a algún partido o sector. Perjudicará al país.
Si esto es así, habrá que ahuyentar las tendencias suicidas. ¿Pueden cohonestarse el interés general y los particulares? (...)
En las filas socialistas, la sensación de hecatombe reivindica una reacción a la altura, creíble. Háganla, primarias o congresos o lo que sea, pero con un límite, no distraerse más de unas horas, acaso unos días, del objetivo. Y sin atajos populistas que endosen a Bruselas la carga del coste social del ajuste.
A los populares, el éxtasis no debe inducirles a repetir el error de sus colegas portugueses. Renegaron del plan de estabilidad, provocaron el rescate y no parece que el electorado les premie.
Las claves para el anclaje interno y la credibilidad exterior de la economía española siguen siendo la reconversión de las cajas, la reforma laboral y el control del déficit. (...)La expectativa de control del déficit recibió también ayer un rayo de luz. Si el desvío probable máximo es de tres décimas (-6,3% del PIB, en vez del -6% proyectado), como augura la OCDE, puede manejarse, son solo 3.300 millones de euros.
Más peligro suicida alberga el debate sobre el componente autonómico de ese déficit. ¿Debe el PP cumplir su promesa electoral de efectuar auditorías externas a mansalva? Cúmplala.
A condición de que cuando aparezcan desviaciones -peque-ñas o grandes, las habrá- ofrezca simultáneamente un método razonable de solventarlas, y se apreste al pacto.
Y evite cabalgar sobre el descrédito exterior que provoquen las peores cifras. Es aceptable exagerar el interés propio legítimo... hasta que invade ilegítimamente el interés general." (XAVIER VIDAL-FOLCH: La España suicida. El País, 26/05/2011, p. 22)
No hay comentarios:
Publicar un comentario