8.7.11

Solo cabe esperar un nuevo Plan Marshall que salve a Europa de la trampa de la deuda

"Para salir de su crisis de deuda permanente, Europa necesita un programa tan ambicioso como el plan de posguerra patrocinado por EE UU. Pero esta vez, tiene que encontrar los recursos y fomentar una redistribución de los mismos por todo el continente.(...)

Con el voto de la semana pasada se ha ganado tiempo, pero no mucho más. ¿Un nuevo plan Marshall sería viable? ¿O es tan sólo una ilusión? Al pensar en la difícil situación de Europa en la década de los cuarenta, podemos poner en perspectiva este asunto y darnos cuenta de los obstáculos que se avecinan. (...)

Comparados con los problemas de Europa, los nuestros parecen insignificantes. En la Alemania ocupada, motor económico del continente, el consumo de alimentos rozaba el nivel del hambre y los ingresos nacionales y la producción industrial apenas eran un tercio de lo que habían sido una década antes.

Entonces se pagaron alrededor de 13.000 millones de dólares en el Programa de Recuperación Económica (el nombre oficial del plan Marshall), lo que resultó ser indispensable para sentar las bases del "milagro" del crecimiento económico sostenible de la década posterior.

Estos 13.000 millones equivalían a alrededor del 5% de los ingresos nacionales de Estados Unidos en 1948 (la suma equivalente de la UE en la actualidad sería superior a 800.000 millones de dólares.) Estados Unidos canceló las deudas francesas anteriores a la guerra; todo el mundo canceló las de Berlín unos años después, a pesar de que habían sufrido una guerra iniciada por los alemanes.

Marshall comprendió que el auténtico valor del tipo de acción decisiva que había emprendido no era cuantitativo, sino psicológico.

Ahora, comparemos el reto al que se enfrentan hoy los líderes de Europa. (...)

El problema fundamental de la deuda procede de tres pequeños países, Grecia, Portugal e Irlanda, cuya contribución total al PIB de la Unión Europea es menos del 5%. La economía alemana está en auge. Si bien lo que está en juego es mucho (el futuro mismo de la UE), las sumas necesarias no lo son tanto.

Además, el enfoque que se necesita para abordar la crisis no es ningún misterio. Para brindar a los griegos alguna posibilidad viable de reducir su carga de deudas, es necesario bajar los tipos de interés y como los mercados no lo van a hacer por sí solos, la única solución es aplicar el tipo de canje de deuda que introdujo el plan Brady en Sudamérica en la década de los ochenta. En Atenas y en Bruselas se está debatiendo este esquema.

Al mismo tiempo, la Comisión Europea debería adelantar los fondos de desarrollo asignados a Grecia. A cambio, las autoridades griegas tendrán que comprometerse a aplicar más reformas institucionales y fiscales y someterse a un grado más estricto de supervisión extranjera.

Con la combinación de estas medidas, la opinión pública de Grecia podrá ver un rayo de luz al final del túnel. Sin estas iniciativas, el programa de austeridad se vendrá abajo antes del invierno. (...)

Los miembros de la clase política actual en Europa son los herederos de Margaret Thatcher, no los de George Marshall. Les cuesta entender que los mercados deben salvarse por sí solos si Europa quiere seguir siendo algo parecido a su forma actual.

Se olvidan de que a la misma Alemania se le cancelaron sus deudas anteriores a la guerra en 1953, una de las condiciones previas para su posterior auge, y que cuando a otros países se les cancelaron sus deudas, como el caso de Polonia en 1991, también prosperaron." (PressEurop, 6 julio 2011, citando a The Guardian Londres)

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