27.12.11

La principal razón del del éxito de las exportaciones alemanas y su elevada competitividad es la congelación de salarios. La razón no ha sido pues el incremento de la productividad, de la eficiencia o una destacada capacidad de innovación

"- La canciller Merkel pone siempre de relieve la diferencia entre la crisis bancaria y la crisis de la deuda. Según Merkel, la primera se debe a movimientos especulativos fallidos de banqueros irresponsables. La crisis de la deuda, por el contrario, habría sido provocada por los gobiernos de los países mediterráneos al permitir que sus deudas quedaran fuera de control. ¿Tiene sentido esta distinción?

- No, de ninguna manera. Nos enfrentamos a una sola crisis. Comenzó en 2007 en EE.UU. en forma de crisis inmobiliaria. Los causantes fueron los bancos y otros agentes financieros. También inversores alemanes estuvieron implicados en gran medida. Cuando estalló la burbuja inmobiliaria, los bancos perdieron mucho dinero.

Eso provocó una crisis bancaria que condujo a su vez a una recesión global. Los países industrializados respondieron a la crisis con intervenciones del Estado de una magnitud hasta ahora desconocida. El objetivo consistía en salvar a los bancos para estabilizar la demanda.

La explosiva situación actual de la deuda pública es por tanto consecuencia directa de las intervenciones estatales que se produjeron entre 2008 y 2010, y no por una política de gasto desmesurado.

Y ahora los responsables son de nuevo los bancos, ya que son los principales acreedores de la deuda estatal. La crisis de 2007 y 2008 nunca se resolvió de manera razonable, ni en Europa ni en ninguna otra parte. Y ahora que los estados europeos afrontan graves problemas financieros, el mayor peligro es que más bancos vayan a la quiebra. La crisis vuelve a su punto de partida.

- Así es como tú interpretas la historia. Pero ¿qué me dices de esta otra versión?: Los alemanes han hecho cantidad de sacrificios mediante las privatizaciones, la consolidación del presupuesto y la contención salarial, manteniendo así dolorosamente su casa en orden. Mientras tanto los demás se han dormido en los laureles y ahora a los alemanes les toca pagar por ello. Está claro que usted rechaza esta versión.

Entiendo perfectamente que los trabajadores alemanes miren al euro con escepticismo. Es comprensible que no tengan ninguna gana de que se gaste dinero público para salvar la moneda comunitaria, máxime cuando de hecho se trata de un nuevo multimillonario rescate a los bancos.

Desde hace 15 años, los ingresos de los asalariados alemanes están descendiendo y se están produciendo recortes presupuestarios. En la práctica, los asalariados alemanes han cargado con los costes de la reunificación alemana y de la reestructuración del capitalismo alemán.

La principal razón del del éxito de las exportaciones alemanas y su elevada competitividad es la presión que se ejerce sobre los trabajadores alemanes. La economía alemana era ya antes mucho más competitiva que las demás, pero ha crecido de verdad con la congelación de los costes laborales durante años.

La razón no ha sido pues el incremento de la productividad, de la eficiencia o una destacada capacidad de innovación, como normalmente suele explicarse el éxito del capitalismo alemán. Muchos países de la periferia europea exhibían ahí un mejor balance.

Se ha debido únicamente a la presión sobre los trabajadores y la congelación de salarios. En ese sentido puedo entender perfectamente la reacción de los trabajadores alemanes cuando se plantea gastar más fondos públicos para salvar al euro y a los bancos.

Pero soy de la opinión de que, al menos en parte, es una reacción mal enfocada. No es de ninguna manera cierto que los trabajadores de otros países hayan nadado en la abundancia en los últimos quince años. En toda Europa se ha ejercido una fuerte presión sobre ellos, en todas partes se ha producido un trasvase de riqueza de los pobres a los ricos.

Las clases dirigentes de los demás países europeos no tuvieron tanto éxito ni tanta falta de escrúpulos en la aplicación de recortes presupuestarios y rebajas del nivel de los salarios como los gobernantes alemanes, pero han tratado de seguir el mismo camino.

Si los trabajadores alemanes se sienten atacados y están preocupados, deberían dirigir su ira contra sus propias empresas y gobernantes, y no contra los trabajadores y trabajadoras de Grecia, Italia y España.

- Volker Kauder, jefe del grupo parlamentario de la CDU, ha dicho que para salir de la crisis Europa debe “aprender alemán”, esto es, congelar los presupuestos y orientar la economía a la exportación. ¿Es esta estrategia prometedora?

No, es una receta infalible para provocar la destrucción de la eurozona. La presión ejercida sobre los asalariados ha proporcionado una ventaja competitiva a las empresas alemanas. Han utilizado hábilmente esta ventaja para lograr el superávit de sus balances comerciales.

Esos beneficios provenían en su mayor parte de la eurozona, que se ha convertido en una especie de mercado interior alemán. Esa es la mayor ventaja que la eurozona ofrece a la clase capitalista alemana. Con la congelación de los salarios en casa, tienen una enorme ventaja en este mercado.

Pero si una de las partes consigue un gran superávit, otros tienen que cargar con un gran déficit. Esto es, el déficit de los países de la periferia de Europa se corresponde con el superávit de Alemania. Este desequilibrio es el germen de la inestabilidad de la eurozona.

Si la clase dirigente alemana tuviera un poco de visión de futuro, se preocuparía de estos desequilibrios y reduciría su superávit. En vez de eso, aconsejan a todos los demás que también generen superávits. Son las cuentas de la lechera.

No todos en la UE pueden tener superávit, especialmente si la cotización del euro es elevada respecto del dólar, lo que dificulta las exportaciones fuera de la eurozona. Si se obliga a todos a rebajar salarios, lo cual reducirá la demanda, se estarán poniendo las bases para destrucción de la eurozona."             (Jaque al neoliberalismo, 10/12/2011, Entrevista:Costas Lapavitsas:“No tenemos ningún interés en salvar la unión monetaria”)

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