"Las dos grandes crisis de los últimos 100 años, la Gran Depresión de
1929 y la Gran Recesión que empezó en 2007, vinieron precedidas de
fuertes incrementos en la desigualdad de ingresos y un aumento similar
en los ratios de endeudamiento entre los hogares de medios y bajos
ingresos.
"La crisis es el resultado último, después de un periodo de
décadas, del shock del poder de negociación sobre los ingresos
de dos tipos de hogares, los de los inversores, que representan el 5% de
la población y cuyo poder de negociación crece, y los trabajadores que
suponían el 95% restante", explican los autores, Michael Kumhof y Romain
Rancière.
El mecanismo es el siguiente. La concentración de la riqueza en una
parte cada vez más concreta de la población redujo la capacidad
adquisitiva del resto y, para poder mantener su nivel de consumo, se
abarataron los créditos, alumbrando ese fenómeno de las hipotecas
basura, de alto riesgo, porque se otorgaban a familias que difícilmente
iban a poder pagar.
La burbuja de crédito engordó el sector financiero y
recortó inversiones productivas. Todo iba bien hasta que alguien un día
no pudo pagar la hipoteca, el precio de las casas se derrumbó, grandes
bancos quebraron y se empezó a hablar de refundar el capitalismo y unas
cuantas cosas más.
"Creo que los créditos fáciles fueron una forma de redistribución
para la gente cuyos ingresos no seguían el ritmo. Nadie tenía incentivos
para impedirlo, después de todo, existía la ilusión de que el crédito
se pagaría", responde desde Chicago el economista Raghuram Rajan,
execonomista jefe del FMI que advirtió en 2005 contra el desastre
financiero que se avecinaba.
"Por supuesto", añade el ahora profesor de
la Universidad de Chicago, "la mejor política hubiese sido mejorar la
capacidad de la gente para ganar dinero, a través de la formación, pero
eso lleva mucho tiempo".
La brecha social y las clases medias se han convertido también en un
tema caliente en Estados Unidos. "Este tipo de desigualdad, un nivel que
no se veía desde la Gran Depresión, nos hiere a todo", dijo Obama en un
discurso electoral en el que emuló a Theodor Roosevelt para defender
una mayor justicia redistributiva.
Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del planeta, sorprendió
al mundo este verano al quejarse de que pagaba pocos impuestos, que se
le había gravado el 17% por su fortuna, cuando los 20 trabajadores de su
oficina pagan tipos del 33% al 41%.
"Dejen de mimar a los súper ricos",
se titulaba el artículo del The New York Times en el que hacía
semejante denuncia, un lema que bien podría leerse en cualquier
pancarta del movimiento Ocupa Wall Street, o ese somos el 99%, en
referencia a que el 1% más rico ha prosperado a expensas del resto. (...)
Los impuestos que pagan los más ricos han menguado en los países de
la OCDE en los últimos 40 años. España, sin ir más lejos, aprobó en su
última época de bonanza jugosas rebajas fiscales. Bajo el mandato de
Pedro Solbes en Economía, el Gobierno rebajó el impuesto sobre
sociedades, eliminó el de patrimonio y redujo el IRPF.
Y el tipo marginal en EE UU o Reino Unido, por ejemplo, se situaba
por encima del 70% en los años setenta, antes de que los nuevos credos
de Ronald Reagan o Margaret Thatcher diesen lugar a tijeretazos de 40
puntos en el transcurso de una década, según un análisis publicado en el
foro de debate Vox, del Centre for Economic Policy Research (CEPR).
Este análisis, firmado por Thomas Piketty junto a otros dos autores,
señala que los países ricos han crecido aproximadamente al mismo ritmo
durante los pasados 30 años, a pesar de los cambios introducidos en las
políticas fiscales y defiende que el tipo máximo podría situarse en el
80% para ese 1% más rico de la población sin que ello desincentivara la
creación de riqueza ni la productividad." (El País, Negocios, 11/12/2011)
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