26.4.12

Los científicos reciben dinero por encontrar la mezcla exacta de sal, azúcar y químicos para hacer altamente adictiva la comida instantánea más nueva

"Las tasas de obesidad se están disparando en todo el mundo, aunque entre los países más grandes tal vez el problema es más grave en EEUU. Según los centros para el control y prevención de enfermedades de EEUU, aproximadamente una tercera parte de los adultos de ese país son obesos (indicado por el índice de masa corporal superior a 30).

Lo que es todavía más sorprendente es que uno de cada seis niños y adolescentes es obeso, un porcentaje que se ha triplicado desde 1980.(...)

  Los alimentos altamente procesados a base de maíz, que llevan numerosos aditivos químicos, son bien conocidos por ser un importante motor del aumento de peso, pero desde una perspectiva convencional de contabilidad del crecimiento son excelentes.

Las grandes empresas agrícolas reciben dinero por producir maíz (a menudo subsidiado por el Gobierno), y los procesadores de alimentos reciben dinero por añadir toneladas de químicos para crear un producto adictivo —y por tanto, irresistible—.

Al mismo tiempo, los científicos reciben dinero por encontrar la mezcla exacta de sal, azúcar y químicos para hacer altamente adictiva la comida instantánea más nueva; los anunciantes reciben dinero por promoverla; y al final, la industria de la salud gana fortunas al tratar la enfermedad que inevitablemente se produce. (...)

En efecto, en EEUU, los políticos que osaran hablar de las implicaciones de los alimentos procesados para la salud, el medio ambiente o la sostenibilidad se quedarían en numerosas ocasiones sin financiamiento para sus campañas.

Cierto: las fuerzas del mercado han alentado la innovación, que continuamente ha reducido los precios de los alimentos procesados, mientras que los precios de las frutas y verduras que todos conocemos han subido. Es un punto razonable, pero pasa por alto el enorme fracaso del mercado.

Los consumidores reciben muy poca información en las escuelas, bibliotecas o campañas de salud; en cambio, los mensajes publicitarios los inundan con información errónea. Las circunstancias de los niños son especialmente alarmantes.(...)

 Por supuesto, el equilibrio entre la soberanía de los consumidores y el paternalismo siempre es un asunto delicado.

No obstante, bien podríamos empezar a crear un equilibrio más sano que el que tenemos ahora mediante información pública más efectiva a través de una amplia gama de plataformas para que las personas puedan empezar a tomar decisiones de consumo y políticas mejor fundamentadas."         ('Capitalismo coronario', , El País, Negocios, 12/04/2012)

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