"Las tasas de obesidad se están disparando en todo el mundo, aunque
entre los países más grandes tal vez el problema es más grave en EEUU.
Según los centros para el control y prevención de enfermedades de EEUU,
aproximadamente una tercera parte de los adultos de ese país son obesos
(indicado por el índice de masa corporal superior a 30).
Lo que es
todavía más sorprendente es que uno de cada seis niños y adolescentes es
obeso, un porcentaje que se ha triplicado desde 1980.(...)
Los alimentos altamente procesados a base de maíz, que llevan numerosos
aditivos químicos, son bien conocidos por ser un importante motor del
aumento de peso, pero desde una perspectiva convencional de contabilidad
del crecimiento son excelentes.
Las grandes empresas agrícolas reciben
dinero por producir maíz (a menudo subsidiado por el Gobierno), y los
procesadores de alimentos reciben dinero por añadir toneladas de
químicos para crear un producto adictivo —y por tanto, irresistible—.
Al
mismo tiempo, los científicos reciben dinero por encontrar la mezcla
exacta de sal, azúcar y químicos para hacer altamente adictiva la comida
instantánea más nueva; los anunciantes reciben dinero por promoverla; y
al final, la industria de la salud gana fortunas al tratar la
enfermedad que inevitablemente se produce. (...)
En efecto, en EEUU, los políticos que osaran hablar de las
implicaciones de los alimentos procesados para la salud, el medio
ambiente o la sostenibilidad se quedarían en numerosas ocasiones sin
financiamiento para sus campañas.
Cierto: las fuerzas del mercado han alentado la innovación, que
continuamente ha reducido los precios de los alimentos procesados,
mientras que los precios de las frutas y verduras que todos conocemos
han subido. Es un punto razonable, pero pasa por alto el enorme fracaso
del mercado.
Los consumidores reciben muy poca información en las escuelas,
bibliotecas o campañas de salud; en cambio, los mensajes publicitarios
los inundan con información errónea. Las circunstancias de los niños son
especialmente alarmantes.(...)
Por supuesto, el equilibrio entre la soberanía de los consumidores y el
paternalismo siempre es un asunto delicado.
No obstante, bien podríamos
empezar a crear un equilibrio más sano que el que tenemos ahora mediante
información pública más efectiva a través de una amplia gama de
plataformas para que las personas puedan empezar a tomar decisiones de
consumo y políticas mejor fundamentadas." ('Capitalismo coronario', Kenneth Rogoff , El País, Negocios, 12/04/2012)
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